16
Nora se sentía flotando en una nube. El día estaba
un poco nublado, el aire estaba más fresco que de costumbre, los patos
jugueteaban alegremente y había pájaros y mariposas revoloteando en muchos
lados, pero lo que realmente era maravilloso (y es que el adjetivo le parecía
cada vez más conveniente), era Luna esforzándose por contarle todo lo que se
podía saber sobre aves migratorias.
Aquello era mucho mejor de lo que esperaba. Si por
un momento tuvo dudas sobre si una musa materializada sería lo que tanto
ansiaba, todo atisbo de incertidumbre se había ido por el caño porque ver a
Luna así, enmarcada en la materialidad de un parque botánico, era simplemente
perfecto.
La noche anterior, cuando se dio cuenta de que Luna
le dirigía atenciones un tanto sáficas, se había asustado. Luego se había
sentido atraída. Luego se había asustado de nuevo y finalmente, acostada en su
habitación de hotel, se había vuelto a emocionar. Era inverosímil. Tenía la
oportunidad de sentir a Luna de todas las maneras posibles, incluso de aquellas
que ni siquiera había contemplado y de ninguna manera perdería la oportunidad.
Le daría a Luna lo que pidiera porque entonces ella misma quizá recibiría más
de lo que jamás deseó.
Nora se sentía como su Valentina, luchando con
fantasmas desconocidos y como ella, lo sabía, se arrojaría de frente al vacío,
porque solo así podría descubrir todo lo que se puede llegar a sentir. “Eres
como una tormenta…”, le había dicho Luna y sí, seguiría desatando el temporal
de sus emociones, sin ninguna consideración, ni siquiera a sí misma.
“Anoche, después de que me dejaron en el hotel, escribí
mucho”
“Me alegro”
“Debo confesarte que en parte ese era uno de mis
intereses… también por eso quería, necesitaba volver a estar junto a ti. Luna,
eres mi musa. Mientras te tuve escribí mucho, mis libros se publicaron mejor
que nunca y todo iba de maravilla. Soy una mujer interesada, Luna, egoísta,
volver a encontrarte no solo era una necesidad de mi alma, sino de mi oficio.
Me siento culpable por eso”
“Últimamente he aprendido que los seres humanos
actúan por intereses más que por la razón o la moral. No debes sentirte mal si
no eres diferente”
“Pero quiero que sepas que ya no es solo así. Antes
te aparecías como los demonios y duendes, ¿sabes cuáles? Como una voz interna
que me apretaba las entrañas para que salieran cosas de mí. Pero ahora, puedo olerte,
puedo sentirte cerca, puedo ver tus ojos. Luna, ya no eres solo un ente sin
cuerpo, sino eres… me pareces un poema que se ha vuelto realidad”
“¿Eso es lo que piensas de mí?”
“Sin duda alguna”
“¿Por qué?”
Nora se quedó sin palabras durante un par de
minutos, mientras caminaban hacia un árbol donde había patos con crías.
“Porque aunque estás aquí y ahora, sigues siendo
imposible. Tú, no lo olvido, tienes la misión de hacerme olvidar. Estás en este
mundo solo de paso y lo más probable es que cuando sienta que por fin te tengo,
que eres mías, vas a desaparecer y no quedará más remedio que acostumbrarnos a
un mundo en el que todas las emociones no se pueden agrupar y convertirse en
una mujer”
“Los humanos mueren. También ustedes están de paso
en este mundo. No es diferente en mi caso”
“Lo es para mí. ¿En verdad no puedes entender lo que
significas? Eres otra parte de mí”
“Estoy familiarizada con relatos mitológicos en los
que se considera la posibilidad de que dos seres humanos estén conectados desde
mucho antes de su nacimiento”
“Eso es lo que siento contigo”
“Yo no soy un ser humano”
“Aquí y ahora, lo eres”
“¿Crees que eso sea suficiente?”
“Para mí debe serlo. No tengo otra opción. Antes
estaba atrapada en tu presencia, en tu calma, en tu eternidad. Ahora también lo
estoy en tus ojos, tu aroma, tu boca… Desde que me pediste que te besara, no
puedo dejar de pensar en otra cosa”
“Tú y yo no compartimos una eternidad previa, Nora.
Eso debe quedar claro, pero es necesario para mí aceptar tus emociones de manera
agradecida y experimentar contigo la necesidad de estar cerca física y
psíquicamente de otro ser humano”
Nora comprendió.
“No me importa si no es una eternidad. Pídeme que te
vuelva a besar”
Luna encaró a Nora y volvió a pedírselo. Nora, sin
la menor duda se acercó a su musa y la besó con mucha suavidad, como temiendo
que fuera a desvanecerse. Los labios de la mujer de otro mundo estaban algo
fríos, pero se sentían como la seda, como el pétalo de una flor. Fue un beso
pequeño, inseguro.
Cuando Nora abrió los ojos dio un respingo pero no
se separó de Luna.
“¿Qué ocurre, Luna?”, preguntó la escritora.
“No lo sé, pero puedo sentir que cambié un poco”
“Tu cabello está mucho más claro y… tus ojos… están
muy negros”
“Dame un momento para recuperarme”
“Debo llevarte con Mar. Estando cerca de ella,
estarás mejor”
“Sí, pero no puedes llevarme por la ciudad así.
Necesito reponerme y después iremos con Mar. Por el momento siéntate conmigo y narra
las historias que escribiste anoche”
Nora no podía estar más feliz. Ella y Luna se
sentaron sobre la maleza y comenzó a narrar.
Mar bebía un sorbo de soda de limón. Luna probablemente
estarían dándole de comer a los patos mientras Nora los encontraba poéticamente
hermosos o maravillosamente poéticos… claro y Luna estaría, seguramente,
puntualizando en orden alfabético las diferentes tonalidades y medidas de las
plumas. Y entonces Nora diría algo como “ohh… me hace inmensamente feliz que me
hables de las cacas de patos” y Luna diría algo como “es correcto, las bases de
datos están llenas de explicaciones sobre heces de ovíparos estacionarios”. Mar
suspiró. Estaba aburrida y ya iba por la cuarta representación mental de la
cita de Nora y Luna. Aunque se sentía un poco culpable por considerar que Nora
exageraría con todo, aquello era mejor que pensar en que Sara ni siquiera había
llamado. No es que le fuera a contestar, cierto, pero por lo menos debería
darle la oportunidad de ignorarla.
No le habían dicho nada por llegar tarde, en verdad
tenía ventajas por ser hija de su madre jubilada de la no-tan-grande-empresa.
Se sentía tan patética como se había sentido justo
antes de que Luna apareciera, con el plus que ahora tenía varias razones por
las cuales sentirse patética y antes era un pasatiempo. De haber sabido que
todo eso iba a pasar, habría procurado poner más entusiasmo a las cosas. ¡Ay,
claro que no! ¿A quién quería engañar?
Necesitaba aire. Eso, alejarse un poco. Hugo
llegaría hasta el día siguiente y a lo mejor alivianaba el ambiente un poco. Ya
tendría algún momento de desestrés haciendo alguna locura con el buen tío. Solo
un día. Podría sobrevivir un día.
Llegó hasta su hora de salida aferrada a esa idea.
Bueno, ahora bastaba llegar a casa, escuchar a Luna,
tomar limonada y luego pensaría en Sara, lloraría un rato su desamor y dormiría
y entonces iría a trabajar al día siguiente y cuando llegara a casa, Hugo
estaría ahí y podrían ir a dar vueltas en su motocicleta o ir a patinar o a lo
mejor esta vez sí adoptaban un cachorro callejero para que su mamá entrara en
desesperación. Podría sobrevivir hasta entonces, pensó Mar, mientras recogía
sus cosas, ponía seguro a sus cajones, salía de su oficina, bajaba las
escaleras y salía del edificio.
Pero ya debía haber sabido que las cosas no le
funcionaban así.
Apenas dando dos pasos fuera, pudo ver que Sara se
acercaba a ella, casi corriendo, como imaginando que podría escaparse. Y lo
habría hecho, sin duda, hubiera corrido en sentido contrario a Sara si por el
otro lado no se acercara una Luna medio traslúcida, apoyada en el brazo de
Nora.
Ella solo quería respirar.
Instintivamente, Mar caminó hacia la acera de
enfrente, no quería dar un espectáculo en plena puerta de su trabajo. Sara por
su lado, Luna y Nora por el otro, la siguieron.
“Buenas tardes, señoritas”, dijo Mar, derrotada.
“Mar, tenemos que hablar, por favor, pero no aquí.
Ven conmigo, estoy muy mal, necesitamos aclarar las cosas, por favor”, suplicó
Sara.
“Mar, Luna necesita verte a solas un momento”, intervino
Nora, sin prestar atención mas que a las necesidades de la galáctica.
“Mar. Es conveniente que atiendas nuestra petición
en primer lugar y posteriormente aclares a Sara que éstas no son condiciones
propicias para hablar”, puntualizó Luna, siempre correcta.
“Luna, no te metas en este asunto. Ayer ya hiciste
tu show de superprima aprovechada. ¿Crees que no me di cuenta de que eso es lo
que estabas esperando? Vi cómo la abrazabas…”
“¿La abrazabas?”, cuestionó Nora. “Creí que ustedes
dos estaban juntas”, declaró la escritora viendo a Sara y luego a Mar.
“Eso es lo que necesito hablar con Mar, pero no es posible si tu novia está
entrometiéndose a cada rato”, dijo Sara, señalando a Luna.
“Ella no es mi novia, ¿o sí?”, preguntó Nora.
“Considero que estos son asuntos que deberíamos
dialogar en un ambiente más propicio para el intercambio de opiniones. Pero de
ninguna manera Mar se irá a solas contigo, Sara”
“No te metas, Luna. Tú ya la tienes a ella”
(Sí, sí, señalando a Nora)
“Este no es un asunto de pertenencia. No voy a dejar
que Mar se vaya contigo. No bajo estas condiciones. Necesitas calmarte”. Vaya
que la galáctica sí había aprendido a enfadarse.
“Tú necesitas calmarte. Aléjate de Mar. Todo estaba
bien antes de que aparecieras”
“Eso no es cierto, siempre te has aprovechado de
ella”
(Nora seguía preguntándose si podían considerarse
novias o no)
“En serio, Luna, cállate, tú no sabes nada”, Sara
comenzaba a sonar muy amenazante.
“Sé más sobre Mar de lo que tú nunca podrás saber”,
(las seres sin tiempo y espacio también podían sonar muy amenazantes).
“¿Ya terminaron?”. La voz de Mar sonó cansada. “¿Qué
es lo que necesitan de mí? En serio, lo que sea que necesiten”
“Yo solo quiero que hablemos, estoy muy mal”, volvió
a rogar Sara.
“Necesito conectarme contigo”, dijo Luna
“Sí, ya han pasado muchas horas y empieza a ponerse
pálida”, intervino Nora.
“¿Acaso Mar tiene que darte tus vitaminas o qué?”
“Sara… por favor, no sigas. Muy bien, a todas les
daré lo que sea que necesiten. Pero no ahora. Sara, claro que hablaremos pero
hoy no, ni mañana, pero el jueves llega a mi casa a las seis de la tarde y
tomaremos limonada y hablaremos de lo que quieras o haremos como si nada, como
siempre. Me da exactamente lo mismo, pero hasta el jueves. Luna, ven para acá…”,
pidió Mar, pero en realidad fue ella quien se acercó a Luna, la abrazó con
mucha fuerza y besó su mejilla durante unos segundos. “¿Eso es suficiente por
el momento? Sería raro si me besas frente a tu novia”, susurró en el oído de la
galáctica.
“Sí, durará unas horas”, respondió Luna, susurrando
también.
“Nora, ¿puedes acompañar a Luna hasta la casa?”
“Claro”
“Muy bien. Ahora váyanse todas, por favor. Déjenme
en paz”
“¿No vienes a casa?”, preguntó Luna.
“¿A dónde vas?”, preguntó Sara.
¿A dónde iba?
“Voy a… acostarme con ella”, dijo Mar, señalando a
una de sus compañeras de trabajo que en aquel momento salía del edificio.
“Luna, nos vemos más tarde, porque es como que
inevitable. Sara, el jueves. Nora, supongo que pronto. Hasta luego.”
Mar cruzó la calle.
“¿Es en serio?”, preguntó Nora, viendo hacia donde
Mar se dirigía.
“No”, aseguró Sara.
Mar llegó hasta su compañera, una morena de cabello
bastante corto que estaba acompañada por otros dos sujetos.
“No lo sé”, puntualizó Luna.
Mar y su compañera intercambiaron un par de
comentarios y luego pudieron verlas caminar juntas, en sentido contrario a los
otros.
“No lo sé”, estuvo de acuerdo Sara.
Entonces Mar se terminó el trozo de pastel de queso
y fresas que tenía frente a ella. Daniela, la morena de cabello corto, había
optado por alguna opción poquito más saludable. No, no estaban comiendo
carbohidratos post-sexo-casual, estaban hablando del trabajo, de las nuevas
ilustraciones y de que quizá sería buena idea empezar un proyecto creativo independiente.
Daniela era agradable. Tenía un novio muy lindo con el que llevaba un par de
años. Había estudiado en la misma escuela que Mar pero en diferente generación
y había aceptado ir a comer pastel porque tenía que hacer un poco de tiempo
antes de recoger a su hermana menor en casa de algún amigo.
Mar agradeció la compañía, se había sentido perdida
cuando se le ocurrió retirarse tan elegantemente de la presencia de las otras,
pero afortunadamente Daniela era una persona bastante confiada y no había puesto
resistencia a la idea de ir a comer algo dulce. Qué bueno, no hubiera sido muy
victorioso ser rechazada frente a quienes quería evitar.
Pero ya no tenían tema de conversación, pidieron la cuenta y Daniela se retiró de la
cafetería. Mar pidió otra taza de café y encendió un cigarro. No iría a casa
todavía.
Recibió un mensaje de texto. Era Sara, preguntando
si estaba bien. Lo ignoró. Entró una llamada. Era su mamá, así que contestó. Se
había preocupado porque Luna había llegado sin ella. Dijo que regresaría en una
hora.
Y mientras colgaba, los vio.
Eran dos hombres sentados en la barra, comiendo
semillas. La miraban fijamente. Mar pensó que había muchos pervertidos en la
ciudad, así que tomaría un taxi de sitio y listo. Volteó a verlos, desafiante y
entonces se quedó helada. Los hombres tenían ojos completamente negros.
Se levantó de la mesa de inmediato y salió casi
corriendo del lugar. Tomó el primer taxi que encontró. Llegó a su casa, gritó “¡ya
llegué!”, para que sus papás la notaran y subió corriendo a tocar a la puerta
de Luna.
La alienígena abrió.
“Luna, los vi, a otros como tú, pero hombres y no
eran guapos, eran totalmente tenebrosos. Y no pagué la cuenta y espero no
provocar un incendio porque no sé dónde quedó el cigarro…”
Dijo Mar muy acelerada, entrando a la habitación y
cerrando la puerta.
Luna se sentó en silencio sobre la cama.
“¿Me escuchaste, marciana?”
“Sí. Esto no tiene sentido”
“¡No querrán que ahora yo sea el vínculo de todos
los seres extraterrestres que nos invadan!”
“Eso no es posible, solo yo puedo estar contigo”
“¿Entonces?”
“No lo sé”
“¿No lo sabes?”
“No”
“¡Averígualo! ¡Casi me matan del susto!”
“Lo haré. Pero nuestro vínculo es completamente
vulnerable cuando abandono este cuerpo”
“¿Entonces?”
“Necesito…”
“¡Ay otra vez con eso! ¡La timidez no va contigo,
marciana!”
Mar atrajo a Luna y la besó en la barbilla. Se
separaron y Mar se dio cuenta de que desde esa posición podía notar motas
doradas en los ojos de Luna que no había notado antes. Sería la inversión de
posiciones.
“¿Eso está bien? ¿O debo ser yo la que ponga el
mentón?”
“Esto también sirve”
“Eso pensé”
“Buena conclusión”
“Siempre he sido deductiva”
“Mar”
“Dime”
Luna repitió el procedimiento de vinculación pero
ahora posando ella los labios sobre la barbilla de Mar.
“¿Necesitabas más potencia?”
“No realmente, estaba comprobando algo. ¿Tú sientes
calor cuando besas a Sara?”
“Luna… ¿por qué me la recuerdas?”
“Es una pregunta objetiva”
“Supongo que sí, a veces en todo el cuerpo.
Realmente no me he puesto a medir la temperatura”
“Gracias por tu respuesta”
“¿Nora y tú…?”
“Sí”
“¿Y sentiste calor cuando la besaste?”
“No”
“A lo mejor no lo hicieron correctamente, ya
aprenderán”
“Contigo siempre es cálido”
“Cierto, ¿verdad? Yo también lo noté. Siempre es
como si acercaras una cuchara tibia a mi barbilla, pero sin la cosa dura del
metal, sino como un látex con tratamiento para sensación de piel…Toda tú eres
como una cobija con calefacción”
“No entiendo tu analogía”
“Sí bueno, ya aprenderás a besarte con Nora. ¡Nora!
¡Ella es la que más corre peligro con los hombres tenebrosos! ¡Ve, anda, anda,
yo vigilaré que nadie encuentre tu galaxia! ¡Averigua por qué me estaban
viendo! ¿Me estaban siguiendo? Luna, averígualo todo.”
“De acuerdo”
Luna invocó la galaxia pequeña flotante con su mano
derecha y abandonó su cuerpo, mientras Mar se sentaba sobre el suelo,
recargando su espalda en la puerta, protegiendo cualquier ruta de entrada a la
habitación.
Entonces sí había más marcianos y esos dos no se
veían tan amables, ni tan bonitos, ojalá no fueran de mal augurio. Ella solo
quería pasear en moto y un cachorrito.
16
Eran ya casi las dos de la mañana. Mar había jugado,
publicado en redes, escuchado música, conectado el celular porque la pila se
había agotado y Luna no regresaba. Supuso que podría haberse ido a su
habitación porque nadie intentaría entrar al cuarto de Luna a las dos y cuarto
de la madrugada. Pero si ya había esperado tanto, pues podía esperar un poco
más y le pareció ver que el cuerpo
terrícola de Luna se empezaba a mover. No era así, era un juego de sombras
proyectadas por la galaxia que no brillaba siempre de la misma manera. Por lo
menos ya no estaba recargada contra la puerta, sobre el piso. Ahora estaba sentada sobre la
cama y como el cuerpo-recipiente-terrícola estaba más cercano, los juegos de
sombras ya no la engañarían.
Unos minutos después, Mar vio que Luna parpadeaba.
Esperó hasta que la galáctica se apropió del cuerpo totalmente antes de hablar.
“Hey. ¿Estás bien?”
“Sí”
Luna comenzó a girar su mano en el aire, haciendo
desaparecer la galaxia flotante. Seguía sin hablar y Mar se desesperó.
“¿Qué pasó? ¿Qué hacían ellos en el café?”
Luna se puso de pie y comenzó a caminar por la
habitación. ¿Estaba preocupada? ¡Qué bien, un nuevo sentimiento humano! Lástima
que fuera el de preocupación en un momento así porque entonces no se trataba de
nada bueno.
“Luna, ¿qué pasó?”
“Ellos estaban en ese lugar por ti”
Mar se puso tan seria como Luna.
“Bueno, ya lo suponía, pero lo que fuiste a
averiguar es por qué o para qué”
“No lo sé”
“¿Qué?”
“Discúlpame, Mar. Ellos no quisieron decirme nada
sobre ti, solo hablaron sobre Nora, quieren anularla. Yo traté de convencerlos
de que nos era útil para la
investigación, pero ellos insistieron en que se trata de un ser defectuoso que
puede resistirse a nuestro control y no podemos arriesgarnos a que los seres
humanos sepan que existimos, nuestras observaciones perderían significado. Solo
conseguí un poco más de tiempo…”
“Espera, Luna. Es mucho para procesar. En primera,
¿cómo que anular a Nora?”
“Borrar toda memoria sobre ella”
“¿Es eso posible?”
“Sí, existe una manera de borrar permanentemente el
recuerdo de toda la vida de una persona. Combina la capacidad que me has visto
utilizar para implantar recuerdos mentales, con técnicas de manipulación física
del órgano cerebral.”
“Eso suena muy, muy peligroso. Estas hablando de que
se meterán a nuestros cerebros para literalmente borrar todo recuerdo de Nora…”
“Es correcto. Solo así desaparecerá cualquier
memoria sobre ella. Sus padres verán una fotografía y no la reconocerán ahí,
será como ver un espacio en blanco”
Mar sintió miedo.
“¿Y qué pasará con Nora? ¿Se la llevarán con
ustedes?”
“No. Sería imposible. Ella no podría sobrevivir en
el lugar de donde vengo. Y aunque pudiera, ellos no lo permitirían; los seres
inferiores no tienen entrada al vertedero de tiempo y espacio”
“¿Entonces la matarán? ¿La pulverizarán? ¿La
desintegrarán?”
“No. A ella se le borraría toda voluntad, todo
recuerdo, todo sentido, pero no moriría en el sentido biológico convencional…”
“¿Van a enloquecerla?”
“Perderá toda identidad, toda razón. Será anulada”
“¡Imposible! ¡Luna, no puedes permitirlo!”
Luna se sentó sobre la cama, derrotada. Mar
intentaba contener las ganas de gritar, para no despertar a todo el vecindario.
“Luna, debe haber una manera… ella es importante
para tu trabajo de recolección de datos emocionales, es tu novia y es intensa,
es un perfecto sujeto de pruebas, tú lo dijiste”. Mar se había puesto en
cuclillas frente a Luna. “Luna, debe haber una manera de arreglar todo esto.
¿En verdad Nora es tan peligrosa?”
“Yo no lo sé. Al principio me parecía solo un error
que habría que corregir, pero mis superiores piensan que una humana capaz de
resistirse a nuestra influencia es amenazante”
“Pero solo se trata de Nora, ella nunca les haría
daño. Estoy segura que nunca hablaría de ti”
“Intenté decírselos, pero no consideran que el
vínculo que tengo con ella sea lo suficientemente fuerte”
“De ser necesario, regrésaselo a ella. Tú cambiaste
el vínculo de ella hacia mí, dáselo de vuelta. Estoy segura que yo sí te
olvidaré y entonces tus superiores o lo que sean no tendrán que cortar el
cerebro de nadie”
Luna no respondió de inmediato. Sin la galaxia
flotando en medio de la habitación, casi todo era penumbra; sin embargo, Mar
pudo sentir que Luna la observaba.
“El vínculo solo podía establecerse contigo, no lo
intercambié entre ustedes, ya te lo he dicho. No es algo que pueda decidir”
“Bueno, vale, pero es tu creadora, y vas a
enamorarte de ella y eso creará otro vínculo más fuerte que el de necesidad de
tener un cuerpo. Luna, debes convencerlos de eso”
“Ellos no son como yo. Ellos no sienten afecto por
humanos y no les importan mis datos. Ellos solo vigilan que los de rango
inferior no cometamos errores, y yo lo cometí. Debí asegurarme que Nora
olvidara”
“Luna…”, Mar pudo sentir la desesperación de su
amiga sin tiempo ni espacio. “¿En verdad no hay manera de impedirlo?”
Mar pudo ver en la mirada de Luna que le ocultaba
algo importante.
“¿Qué es lo que no me has dicho, marciana?”, Mar
habló dulcemente.
“Ellos dijeron que soy incapaz de amar a Nora, eso
la condenó”
“Pero, ¿por qué? Luna, tienes que esforzarte. Estoy
segura que ustedes dos pueden enamorarse muchísimo y entonces ganarás más
tiempo para encontrar una manera de borrarle la memoria y entonces nadie se va
a volver loca ni se aplicarán lobotomías en terrícolas… ¿cierto?”
Luna seguía viéndola fijamente.
“¿Qué pasa, Luna?”
“Ellos no me dijeron por qué te seguían…”, Luna
realmente parecía desolada. Mar solo quería hacerle entender que todo estaría
bien.
“No te preocupes. ¿De acuerdo? Seguramente fue una
técnica de intimidación alienígena, ya
sabes, del tipo: asustemos al vínculo para preocupar a la marciana. No te
preocupes por mí, estoy segura de que yo te olvidaría en tres segundos”
“No quiero que te lastimen”
“Nadie va a lastimarme. Si quisieran hacerlo, lo
habrían hecho en la cafetería, no habrían estado comiendo cacahuates quitados
de la pena. Solo estaban enviando un mensaje para ti. Lo importante es salvar a
tu novia y para eso tienes que enamorarte de ella perdidamente. ¿Cuánto tiempo
te dieron?”
“El suficiente, de acuerdo a ellos”
“¿Eso qué significa?”
“Cuando ellos consideren prudente, evaluarán mi
experiencia. Es un proceso semejante al que usamos para contactar con los
humanos. Ellos podrán ver mis pensamientos, sentimientos, todo”
“Bien. Bien. Pensaremos en algo. Crearemos un
vínculo entre Nora y tú que garantice su utilidad, hasta que sepamos cómo hacer
que olvide. ¿Eso será suficiente?”
“Deberá serlo”
“Muy bien. Lo lograremos, marciana. Por cierto, ya
puedes preocuparte ¿eh?”
“Hubiera preferido ignorar este sentimiento”
“Es parte del día a día terrenal. La próxima vez
tendrás que vincularte a una venusina o plutoniano… a lo mejor ellos son más
convenientes”, intentó suavizar Mar.
“Yo no decidí el vínculo… yo… no debí apresurarme en
materializarme con Nora si eras tú la indicada, aun no entiendo cómo cometí ese
error…”
“Y ahora viene la culpa. Calma, marciana. Creo que
ya has desarrollado suficientes sentimientos negativos. Es mejor que
descansemos por hoy. Mañana podré pensar mejor y haremos un plan perfecto que
logre que babees por Nora”
Mar se incorporó y comenzó a caminar hacia la
salida. Luna se apresuró a detenerla capturando una de sus manos en el aire.
“Mar, quédate”
Mar estaba dándole la espalda a la mujer sin tiempo
ni espacio.
“No”. Respondió Mar, sin voltear.
“Mar. Ven”, volvió a llamar Luna sin soltarla.
Pero Mar no quería voltear, ni quedarse, ni poner la
barbilla para que Luna se fortaleciera. Pero tampoco podía dejarla débil,
porque era su trabajo, porque era su amiga, porque no podía permitir que en
lugar de su supuesta prima amaneciera un recipiente pálido humanoide. Además
probablemente sería el fin de Nora y un boleto de acceso libre al cerebro de
muchas personas. Mar optó por jalar firmemente la mano de Luna que sostenía la
suya, sin voltear, atrayendo a Luna hasta casi un abrazo, casi. Mar entonces
puso la mano de la alienígena hasta la altura de sus labios y besó sus
nudillos.
“¿Eso es suficiente?”
“Sí”, contestó Luna, mientras Mar soltaba su mano.
“Buenas noches, marciana”
Mar salió de la habitación, sin ganas de pensar.
Mar había entendido qué tan empática podía ser.
Claro que probablemente el hecho de que Luna fuera una especie de lienzo
emocional en blanco hacía que fuera más fácil darse cuenta de qué era lo que estaba sintiendo. Mar se alegró
de que Luna no hubiera insistido con el proceso de vinculación, porque entonces
no iba a ser capaz de irse de ese cuarto. Mar no tenía ganas de pensar en Luna.
El silencio de la madrugada le permitía escuchar los pasos de la galáctica ir y
venir en la otra habitación. Bienvenida al mundo, pensaba, incapaz de poder
socorrer la preocupación recién desarrollada por la alienígena. Todo de repente
se había tornado complicado y debió haberlo supuesto, pero aparentemente ni
siquiera Luna era consciente de que la aventura podría tomar ese giro. Valiente
investigadora de mundos.
¿Era demasiado tarde para hacer esa llamada? No.
Marcó el atajo y esperó hasta escuchar que tomaban la línea.
“¿Estás con él?”, preguntó Mar.
“No, no. Él no está aquí, te dije que todo había
terminado entre nosotros”
“No me mientas, Sara”
“No te miento. En verdad decidimos tomarnos un
tiempo separados”
“¿Antes o después del bar?”
“Después”
“¿Entonces sí me mentiste?”
“Lo hice porque sentí que te perdía”
“Esa no es excusa. ¿Puedes siquiera imaginar qué es
lo que sentí cuando vi que estaba en tu departamento?”
“Perdóname, Mar. Él no debía estar ahí, llegó antes
de tiempo. No tuve oportunidad para arreglar las cosas antes”
“Es que no debiste decirme que habías terminado con
Iván y mucho menos que lo habías hecho para estar conmigo. Hiciste que me
creara ilusiones. Hiciste que pensara que por una vez en la vida yo te importo
más de lo que te importas tú misma”
“Me importas más de lo que crees, Mar”
“Pero apenas lo suficiente para tomarte un tiempo
separada de Iván. No soy una niña, ¿sabes? Sé que eso no significa que hayas
terminada tu relación”
“Mar, yo te quiero”
“Y yo te quiero a ti. Pero aparentemente no de la
misma manera o por lo menos no en la misma sintonía. Y yo no puedo hacer que te
enamores de mí”
“Yo estoy enamorada de ti”
“Solo estás confundida”
“¿Cómo puedes decir eso?”
“Recién he descubierto que soy buena para leer los
sentimientos de las demás personas. Sara, el problema aquí es que yo podría
arriesgarme a estar contigo bajo los términos que tú quieras. Estoy dispuesta a
ser completamente tuya aunque tú te compartas con Iván, a quien sé que no vas a
dejar, por lo menos no pronto. Soy capaz de eso, lo tengo claro desde hace
mucho, pero aunque yo hiciera semejante cosa eso no va a significar que tú me
ames como quiero ser amada por ti”
“Yo sí te amo, Mar”
“Puede ser que sí, pero las dos sabemos que no te
puedes ver conmigo, como novias o lo que sea. Si tu miedo es perderme, bájale
al drama. Yo siempre voy a estar contigo. Pero ya no quiero vivir en la
incertidumbre, ni quiero hacerme ilusiones, ni dejar de conocer personas”
“Entonces, ¿decir las cosas en voz alta solo
significó que las termines?”
“Que las terminemos. Tú tampoco puedes vivir
eternamente celosa de otras mujeres en mi vida. Yo tengo que tener novias, tú
tienes que tener novios. La cosa es más simple de lo que parece. No más besos,
decididamente nunca más sexo y sobre todo, no más promesas de amor que no vamos
a cumplir”
“¿Segura que no más besos ni sexo? Realmente somos
buenas en eso…”
“Sara…”
“Estás herida. Lo entiendo. Es mi culpa, pero yo no
voy a dejar que termines todo de tajo. Pides mucho”
“¿Yo pido mucho? ¿Es en serio?”
Sara no contestó. Mar casi podía ver la cara de
autosatisfacción de Sara. ¿Qué no había llamado para ponerle fin a esa
historia? Ahora parecía que lo único que había logrado era gritar a los cuatro
vientos que Sara ejercía todo el poder del universo sobre ella.
“No volveré a mentirte”, dijo Sara, “me concentraré
en convencerte de que lo que siento es real”
“¿Podemos hablar de nuevo después?”
“Podemos. El jueves me diste cita”, Sara soltó una
risita.
“Eres una cínica”
“Y eso te encanta de mí”
“Vale, hasta el jueves”
“Mar”
“Dime”
“Voy a demostrártelo. Suave y lentamente, toda una
noche. Hasta el jueves”
Mar no pudo evitar sonreír. No quería hacerlo,
claro, porque las cosas no había resultado ser lo maduras y contundentes que
ella había supuesto cuando discaba el número de Sara. Pero por lo menos había
logrado desviar su atención de problemas interplanetarios. Quizá esa era la
respuesta, ¡Oh, Sara caliente! Sin querer, quizá había dado justo en el clavo.
Sexo: pimienta y sal.
Mar se cobijó en su cama menos aturdida, ya había
olvidado por qué hacía unos minutos el proceso de vinculación le pareció tan
pesado.
17
A la mañana siguiente, en el trabajo, Mar tomaba una
taza de café con una dona glaseada. Había decidido que esa mañana no le
importaban las calorías, aunque la verdad pocas veces le importaban (y sí, qué
envidia por su metabolismo). Luna, que la acompañaba con otra dona, la
observaba en silencio.
Mar había amanecido de buen humor, porque aunque una
amenaza alienígena se cernía sobre seres cercanos a ella, incluso sobre ella
misma, había encontrado una posible solución. Superficial, burda y aun así,
totalmente lógica. Luna, que no podía ocultar del todo su preocupación, debía
intensificar su proceso de enamoramiento con aquello que los seres humanos
consideraban, con diferente nivel de compromiso, el clímax del proceso de cortejo:
un buen acostón. En su experiencia, Luna probaría todo de Nora y se engancharía
totalmente. La primera razón, desde el punto de vista de Mar, era que la
galáctica nunca había experimentado semejante situación física y sin duda lo
encontraría fascinante. La segunda y más importante, es que estaba segura de
que Nora se le entregaría con todo su corazón y eso se sentiría dulce, auténtico
y ni siquiera una alienígena podría dejar de sentir ternura.
“¿Hoy no irás con Nora?”
“Sí. La veré en una hora”
“Perfecto”
“En realidad es algo complicado, Mar. Ayer toda mi
capacidad para sentirme preocupada fue descubierta y es difícil para mí
mantenerme racional. No estoy segura de poder mantener un comportamiento
objetivo; no puedo dejar de pensar en que corre peligro”
“¿También sientes miedo, marciana?”
“Es correcto.”
“Mira, Luna. Yo también estoy preocupada y tengo
miedo, pero no podemos quedarnos clavadas en esos sentimientos negativos.
Tenemos que encontrar una solución y pronto. ¿Puedes mantenerte enfocada en
eso?”
“Sí. Me programaré para enfocarme en soluciones”
“Además, te tengo una buena noticia: creo que tengo
una estrategia.”
“¿Cuál?”
“Confía en mí, marciana. Por lo pronto, hoy que veas
a Nora tendrás que hacer exactamente lo que te diga”
“Escucho con atención”
“Vas a besarla. Mucho. Fuerte. Lento. Rápido. Todas
las veces que te sea posible”
“Lo haré. Sin embargo, existe un contratiempo a tus
instrucciones. Cuando besé a Nora me debilité mucho”
Mar no había pensado en ese detalle. Eso significaba
un problema a su plan. Si Mar no era capaz de besuquear a Nora sin convertirse
en un bulto pulposo, sería poco probable que pudiera hacer el amor con ella.
“¿Qué podemos hacer al respecto? No querrás que me
esconda detrás de un árbol para que beses mi mentón entre sus sesiones de
besos…”
“Incluso yo, sé que no sería correcto”
“¿Y si nos vinculamos un par de veces muy fuerte?
¿Crees que con eso resistas?”
“Podemos intentarlo”
“Bien. Ven”
Sin pensarlo dos veces, Mar tomó a Luna de la mano y
haciendo gala de dotes sigilosas (que no poseía), la arrastró hasta una pequeña
bodega. Cerró la puerta. El lugar no estaba hundido en completa oscuridad
gracias a una pequeña ventana.
“Esto empieza a ser divertido”, dijo Mar.
“Te encuentro especialmente entusiasta el día de
hoy”
Mar sonrió y atrajo a Luna hacia ella. Luna posó sus
labios en el mentón de la terrícola. Los dejó ahí varios segundos. Mar pudo
sentir el incremento de calor en el área. Se separaron y luego fue el turno de
Mar de hacer lo propio. Cuando se separaron de ese segundo proceso, ambas
estaban agitadas. Se había sentido más que de costumbre, pensó Mar. Claro que
esa había sido la intención, para que durara el efecto lo más posible. Eso. El
efecto de la vinculación, para que entonces Luna fuera y pudiera besar a Nora
muchas veces. Era una prueba. Eso, un ensayo. Y por eso ya debían salir de la
bodega porque finalmente estaban dentro del edificio de su trabajo y en horario
laboral. Y el espacio sí que era reducido, notó Mar, de repente.
Mar y Luna salieron de la bodega. Mar le deseo a
Luna un buen día y mucha suerte y le recordó varias veces, como si fuera
necesario, que debía seguir sus instrucciones. Luna le aseguró que haría su
mejor esfuerzo y salió del edificio para ir al encuentro de Nora.
Una vez frente a su escritorio, Mar encontró menos
apetitosa la mitad de dona que todavía no había consumido. Luna no tuvo reparos
en aceptar sus indicaciones, claro, pues ella era la especialista en cuestiones
de amor humano. De otros enamorados, claro, no de ella misma, porque en eso era
un desastre. Pero ahora lo importante no eran sus sentimientos vueltos un mar
de confusiones, sino salvar a Nora y terminar lo antes posible con la aventura
intergaláctica. ¡Ja! Ella era un mar de emociones, qué exagerada y medio
ridícula con el juego de palabras. Lo mejor sería enfocarse en el trabajo, por
lo menos hasta la tarde, ya que entonces se enteraría si Luna había soportado y
podía proceder su plan.
Mientras Mar se sumergía en el pantone, Nora podía
ver que Luna estaba preocupada. La mujer sin tiempo ni espacio era
completamente transparente con lo que sentía. Nora dudó si preguntar o no,
supuso que ya se enteraría si algo pasaba. Por lo pronto lo mejor sería
disfrutar la compañía. Otra vez podía tenerla solo para ella. Esta vez, Luna la
acompañaría a su nueva vivienda: un cuarto de renta en un edificio modesto. Sin
duda Nora podía permitirse un lugar mejor ubicado y con más comodidades (y más
bonito en términos generales), pero era una persona sencilla que vivía en
lugares sencillos. El cuarto solo tenía lo esencial como un escritorio, una
cama, un refrigerador y una pequeña cocineta, un baño privado y un balcón sin
buena vista.
Nora estaba nerviosa, aún no se acostumbraba a estar
a solas con su musa encarnada. Le ofreció un vaso con agua que Luna aceptó y
ahora bebía a pequeños sorbos sentada en su cama. Por un momento la imagen de
Luna sentada en su cama le secó la garganta y la escritora tuvo que apurar la
mitad de su cartón de jugo individual.
“¿Todo bien con Mar?”, preguntó Nora, buscando
acomodarse en la silla del escritorio.
“Sí. Ella está bien”
“¿Y lo de la mujer de cabello corto?”
“Creo que solo buscaba encontrar un espacio para
estar sola.”
“Ya veo. ¿Problemas con Sara?”
“Sara siempre es una persona problemática”
“No te agrada…”
“Su existencia en la vida de Mar me es irritante. Es
correcto”
“Considero que el amor es una actitud ante las
situaciones. No todos amamos igual porque no todos enfrentamos la vida igual.
No conozco bien la historia, pero el hecho de que Sara no se comporte como
cabría esperar de alguien enamorada, no significa que no lo esté”
“No considero que el amor humano sea una actitud.
Asumirlo de esa manera es muy conveniente para ustedes, lo entiendo. A los
humanos les importan las acciones, las demostraciones, pero no todo puede ser
demostrado, no todo es racional. El amor, de acuerdo a mis observaciones, es
una especie de fuerza que no solo envuelve todo lo que hacen, sino todo lo que
piensan, lo que desean, es como una especie de…”
“Locura”, completó Nora con seguridad. “Creo que nos
has observado muy bien, Luna”
“Esa es mi misión”
“Yo estoy enamorada”
“Lo sé. Estás enamorada de mí”
“Espero no consideres eso una violación a tus
límites espacio-temporales”
“En realidad, es justo lo que necesito”
“¿Entonces, está bien que yo te ame?”
Luna se puso de pie, dejó a un lado el vaso que aún
sostenía y le ofreció a Nora una de sus manos. Nora aceptó el gesto, encarando
a Luna. Eran casi de la misma estatura, la misma complexión.
“Yo busco amarte, Nora”
Y entonces Luna puso en marcha el plan de Mar.
Varias veces, hasta que a Nora le faltó el aliento. Hasta que tuvieron que
acomodarse sobre la cama para evitar la debilidad que sentían en las piernas.
Nora por la emoción; Luna porque cada golpe de labios fríos la debilitaba.
Pero Luna resistió y en el juego de labios y lenguas
empezó a disfrutar el contacto de Nora, porque Nora poco a poco también
encontraba un ritmo parecido al de las estrellas con las que Luna se movía
entre dimensiones.
Esa tarde, Luna estaba aprendiendo que un beso es
cuestión de sincronización, así tenía tiempo de recuperarse y evitar
convertirse en un ente de cabello y ojos blancos. Tal vez, después de todo, el
amor sí era una actitud y sobre ésta se podía tomar decisiones, como en un
beso, abrir, cerrar, respirar. Y si era así, estaba cerca de enamorarse.
El día resultó provechoso, pensó Mar, mientras
dejaba su maletín de trabajo a un lado de la puerta de entrada de su casa.
Estaba agotada, había puesto mucho ímpetu en realizar todas sus actividades y
además estaba la desvelada de la noche anterior que la mantenían en un estado
físico como de resaca.
“¡Llegaste, fea!”
Mar sintió una ola de felicidad (otro juego de
palabras medio ridículo) al escuchar la voz de Hugo, quien bajaba a recibirla
en pantalones cortos y camiseta sin
mangas.
“¡Ya estás aquí!”, exclamó Mar mientras abrazaba a
su tío con fuerza.
“La moto está bien aceitada, calibrada, afinada y
lista para largarnos de aquí y ver
mujeres”
“Dios… cómo necesito eso”
“¿Ver mujeres?”
“No, de mujeres estoy harta. La moto y largarme, eso
necesito.”
“Pues vámonos, antes de que tus papás vengan y nos
amargen la tarde”
“Espera, primero necesito hablar con Luna”
“¿La prima, hija de tu pariente paterno loco?”
“La misma”
“Pues tendrá que ser en la noche. Nadie ha llegado a
esta casa y yo no voy a quedarme esperando y tienes cara de que tú tampoco
quieres quedarte. Anda, ya tendrás tiempo de presentarme a tu prima. ¿Es linda?”
“Mucho”
“Entonces entre más rápido partamos, más pronto
podré echarle un ojo a la prima”
Mar suspiró. Hugo tenía razón, necesitaba un poco
más de tiempo para afinar detalles de un plan que durante el transcurso del día
había perdido entusiasmo. Las testosteronas de Hugo quizá pudieran añadirle
nuevos puntos de vista.
“¿Qué tan bueno tiene que ser el sexo para que
alguien se enamore de otro alguien?”
“¿Alguien como tú, como yo o como un perro?”
“Alguien como un bebé emocional”
“Imagen rara. Pero creo que entiendo. Si es su
primera vez, bastaría un acostón moderadamente satisfactorio para lograrlo. No
creo siquiera que sea necesario un orgasmo. Yo me enamoré por primera vez con
tan solo verle las tetas a una mujer”
Vale. Quizá la opinión de Hugo serviría, quizá.
“Larguémonos”
Sentenció Mar, saliendo junto a su tío joven sin
rumbo definido.
Llegaron hasta un mirador, casi a las afueras de la
ciudad. No había nadie cerca, con todo y que el mirador estaba bien habilitado,
con luces y hasta bebederos.
Hugo le contó sobre su trabajo, lo charlatanes que
eran sus jefes, sobre su última novia y lo grande que se había puesto su hijo.
Le contó que quiso casarse, pero que finalmente había entendido que la vida
marital no era lo suyo. Luego llegó su turno. Hugo la cuestionó sobre su
trabajo, sobre sus diseños y trazos y finalmente preguntó por Sara, como cabría
esperar.
Mar le contó sin tapujos lo último que había pasado.
Sobre Sara confesándose enamorada y luego desmintiéndose libre para estar con
ella.
“Fea, tú estás obsesionada con Sara y ella contigo,
no es más que eso”
“Lo dices tan seguro”
“Estoy seguro. Mira, ella y tú se traen ganas”
“Ya nos hemos acostado, por ahí no van las cosas”
“Claro que sí. No lo hicieron bien. Yo opino que si vas y repites, esta vez bien
hechas las cosas, vas a poder salir finalmente de esa cosa que es todo menos
una amistad desinteresada”
“No es tan fácil”
“Lo es. Y tú lo sabes, solo que no quieres verlo.
¿Por qué se puso histérica Sara?”
“Por Luna”
“Luna, Luna, la famosa Luna. ¿Es tan especial como
para poner en jaque a la diosa de la frialdad?”
“Al parecer sí”
“Ya quiero conocerla”
Mar quería contarle todo a Hugo, pero no era algo
factible. Por mucho que se quisieran y tuvieran confianza, la cosa interestelar
la haría parecer una loca. Hasta a ella misma le parecería increíble. Suspiró.
“Dime ya qué es lo que estás ocultando”, presionó
Hugo.
“Verás, le estoy ayudando a Luna a enamorarse de una
mujer que por cierto es asombrosa”
“¿Ayudándola a enamorarse? ¿Tienes idea de lo tonto
que suena eso?”
“Ya sé que parece una estupidez, pero es así, Luna
tiene poca experiencia en eso de las relaciones y entonces yo le aconsejo cosas
y todo iba más o menos bien, pero entonces tiene… quiere enamorarse y esto se complicó”
“¿Por eso la pregunta sobre el sexo?”
“Sí”
“¿Y tú qué tanto interés puedes tener en que tu
prima se enamore? No sabía que fueras un alma tan caritativa. Bueno sí, lo
eres, pero por lo regular te mantienes al margen de situaciones como esa”
“Me siento en la obligación de cuidar de Luna”
“Esa obligación no existe. Tú te la impones”
“Como sea, así lo siento, quiero que logre todos sus
objetivos y que…” Y que esto termine de una buena vez sin daños colaterales,
pensó Mar, sin poder decirlo en voz alta.
“Tal vez si dejas pasar el tiempo, Luna termine por
enamorarse sola, lo normal”
“Es que no tenemos tiempo. Es urgente”
“Mujeres…”Hugo giró los ojos. “¿Siempre es el amor
tan urgente?”
“Claro que no. Pero en esta ocasión sí”
“Sigo sin entender nada sobre la situación de tu
prima. Estaré aquí un par de días y si necesitas hablar, sabes que cuentas
conmigo”
“Siempre tan cursi, tío”
“¿Volvemos?”
“Volvamos”
El viento sobre su casco de copiloto calmó un poco
los pensamientos de Mar. Estaba pensando cómo plantearle a Luna lo que debía
suceder entre ella y Nora y aquello le causaba malestar. Por Nora, claro,
porque después de todo la orillaría a entregarse enteramente a un ser de otro
mundo y tiempo solo para después olvidarlo todo. Eso era lo peor de la situación,
el olvido inevitable.
Todos estaban ya en casa. Sus papás, que los
interceptaron para darle la bienvenida a Hugo, y Luna que la observaba desde el
barandal en lo alto de la escalera. Mar le sonrió en silencio desde el
recibidor y Luna correspondió la sonrisa. Entonces Mar escuchó que la puerta
del baño del segundo piso se abría y Nora apareció junto a Luna; también estaba
sonriente.
Muy bien, pensó Mar. Que aún estén juntas es buena
señal.
Mar se excusó para ir al encuentro de las otras dos
mujeres. Hugo siguió sus movimientos y aventuró un saludo de manos desde abajo.
Mar le dijo que después las alcanzara y él estuvo de acuerdo.
“Hola, Nora. ¡Qué bueno verte por acá!” ¿Había
sonado demasiado entusiasta?
“Buenas tardes, Mar. Solo quise asegurarme que Luna estuviera
bien hasta que llegaras. Enseguida me retiro.”
“No te tienes que ir. Puedes quedarte un rato si quieres,
aprovechen el tiempo juntas”
“Creo que lo hemos aprovechado”
Mar encontró una mancha interesante en el barandal,
mientras Luna y Nora compartían una mirada cómplice.
“Ahora me retiro. Buenas noches mi Luna”
Luna asintió y se dejó besar en los labios muy
suavemente.
“Hasta luego, Mar”
Nora se despidió de la diseñadora con un beso en la
mejilla y bajó las escaleras, sola. Mar supuso que ya conocía más que bien el
camino de salida y no consideró necesario acompañarla. Escuchó que Nora se
despedía de sus papás y que saludaba a Hugo y luego se fue.
“Si mi mamá hubiera visto ese besito, ni tus poderes
de control mental hubieran impedido el escándalo”
“Hice lo que me solicitaste”
“Sí, pude notarlo. ¿Cómo estuvo todo?”
“Fue fascinante”
Mar examinó el rostro de su amiga interplanetaria
para encontrar algún rastro de cansancio o debilidad. Pero no, el rostro de
Luna estaba normal.
“¿Fue mejor esta vez?”
“Es correcto. Besar a Nora fue agradable”
Agradable era bueno. Agradable era poco más que
aceptable así que las cosas estaban yendo bien. Ahora quedaba explicarle a Luna
el resto de su plan. Pero podía hacerlo mañana, porque hoy estaba cansada, eso,
y todavía faltaba presentarle a Hugo y pues así, mañana sería.
“Me parece que estás cerca de enamorarte. Me alegra
que hayas resistido sin necesitarme”
“No creí que mi cuerpo fuera capaz, pero
concentrándome en mantener un buen ritmo pude controlar mi necesidad de estar
cerca de ti”
“Demasiada información, marciana”
Luna guardó silencio. Se recargó en el barandal y
Mar hizo lo mismo.
“¿Dónde estuviste? ¿Viste a Sara?”
A Mar le tomó por sorpresa la pregunta. Por lo
regular, Luna nunca estaba muy interesada en lo que ella hiciera o dejara de
hacer.
“No. Estuve con Hugo, a quien conocerás en un rato.
Fuimos a pasear en su motocicleta. Espero tengas oportunidad de andar con el
viento en la cara. Es algo que todo humano e investigador de los humanos
debería experimentar. Además… yo estoy enojada con Sara, no tendría por qué
verla”
“Eso no es correcto. Sé que has arreglado tu situación emocional con ella”
“¿Te metiste en mi cabeza?”, Mar estaba comenzando a
molestarse.
“No. No lo haría sin que tú lo pidieras. Pero lo supe
desde la mañana, estabas de muy buen humor”
“Pero no fue por Sara. Es decir, sí hablé con ella y
aclaramos algunas cosas y confundimos otras cosas, pero por lo que realmente
estaba contenta es porque tengo ya una idea de cómo lograr que el vínculo entre
Nora y tú se haga muy fuerte. No puedes verme feliz y de pronto suponer que se
debe a que estoy bien con Sara. Luna, te estás convirtiendo en un verdadero ser
humano, prejuiciosa”
“Me disculpo. ¿Cuál es esa idea?”
Mar guardó silencio. ¿Entonces no será posible
esperar hasta mañana? Bien, pues si la galáctica lo solicitaba entonces tendría
que responder.
“Vas a hacer el amor con Nora”
Luna parecía confundida, así que Mar continuó.
“¿Sí sabes a qué me refiero?”
“Es un eufemismo para denominar la cópula”
“Efectivamente. Te entregarás a Nora y ella se
entregará a ti”
“No”
Mar no esperaba una negación tan tajante, pero antes
de poder cuestionar a la mujer intergaláctica, Hugo comenzó a subir las
escaleras, llamándola.
“Tú debes ser la famosísima Luna. ¿Qué tal?”
“Es correcto. Mi nombre es Luna.”
“Soy Hugo, tío de Mar, pero eso ya lo sabías”
“Es correcto, ya lo sabía”
“Ey… si interrumpo algo solo díganlo y me esfumaré”
Mar y Luna guardaron silencio. Hugo iba a emprender
la retirada pero entonces Mar lo detuvo.
“No interrumpes. Luna solo me contaba que había
pasado una buena tarde con su novia”
“¿Tu mamá sabe que estaba aquí con su novia? No
sabía que ya se permitían las tardes románticas en casa”
“Mi comportamiento en casa de Mar se ajusta
completamente a las normas de sus padres. Nora y yo terminamos los besos apenas
cruzar la puerta de entrada”
“¿Estuvieron besándose todo el camino hasta aquí?”,
Hugo parecía divertido.
“Es correcto”
“¿Podemos bajar y contárselo a mi hermana?”
“No entiendo por qué haríamos eso”
“No entiendo por qué no lo haríamos”
“Basta, Hugo. No molestes a mamá, ni a Luna.”
“Vale. ¿Ves, Mar? No tenías nada de qué preocuparte,
creo que Luna ya te lleva ventaja en las lecciones. ¿Cuándo fue la última vez
que pasaste una tarde como la de Luna?”
“Supongo que sí…Yo me retiro. Tengo un poco de
trabajo urgente para mañana”
“Fea, son las nueve de la noche. Tienes otro poco de
tiempo”
“Es urgente. Buenas noches. Buenas noches, Luna”
Sin ver atrás, Mar se metió a su habitación.
“¿La quieres, verdad?”, preguntó Hugo al aire.
“¿Disculpa?”, Luna no logró entender completamente
que se dirigía a ella.
“A tu novia, claro. ¿La quieres?”
“Nora es un ser humano muy importante para mí y le
tengo afecto”
“No eres la mujer más cálida del mundo, ¿cierto?”
“No lo soy”
“Me lo figuraba. Mar no siempre dice todo lo que
piensa o siente”
“Es correcto”
“¿La conoces bien?”
“Nos conocemos desde hace mucho tiempo”
“Ya veo, por eso desataste la histeria”
“¿Cuál histeria?”
“La del planeta tierra”
Luna se quedó atónita y poco a poco comenzó a
dibujar una mirada amenazadora, dispuesta a luchar si era necesario.
“Tranquila, tranquila… de Sara, me refiero a Sara.
Sara se ha puesto histérica con Mar”
Luna se relajó visiblemente.
“Sara no es digna del interés de Mar”
“Estoy de acuerdo. Tú y yo vamos a llevarnos bien.
Voy a bajar a ver televisión. ¿Vienes?”, Hugo siguió la mirada de Luna, clavada
en la puerta del cuarto de Mar. “Es mejor que la dejemos sola un rato”
“Bajaré a ver televisión”
Y alienígena y tío joven bajaron a la sala.
No. La marciana había dicho que no. Certera.
Tajante. Y Mar se sentía frustrada. No. Tan segura la marciana. Era la mejor
oportunidad que tenían, hacía un momento había dicho que le habían gustado los
besos y ahora el No. Solo era llevar un poco más allá los besos, solo era
atreverse a ser vulnerable con Nora, la inofensiva Nora. Y con todo y la
molestia que la negativa le producía, estaba acostada en su cama mucho menos
preocupada que hacía un par de horas.
Bien, si Luna había rechazado su plan, seguramente
ya tenía otra solución. Luna, después de todo, era una superalienígena con
poderes que seguramente rebasaban su capacidad de encontrar soluciones. Seguro.
Eso. Y acostarse con Nora no era necesario.
Mar encontró muy divertido aventar su almohada de
manera vertical una y otra y otra vez.
Arriba. Luna no tenía que llegar con Nora más allá
de los besos. Arriba. A lo mejor ya ni las tandas de besos eran necesarias.
Arriba. Probablemente ya ni siquiera tuvieran que estar enamoradas. Arriba.
Para aclarar esa situación tenía que hablar con
Luna, cierto, pero eso podía ser más tarde. Mar escuchaba el televisor desde la
planta de abajo y alguna que otra risa de Hugo. Supuso que estaría con sus
papás y quizá con Luna, porque Hugo se oía muy animado (cosa que correspondía a
la presencia de una mujer bonita). Todos estaban juntos pasando un buen momento
y ella... No. No se quedaría ahí como una tonta aventando una almohada. Así que
de mejor ánimo se puso de pie y bajó hasta la estancia donde, efectivamente,
todos estaban reunidos viendo una película sobre robots.
“Siéntate aquí”, llamó su mamá, señalando un lugar
en el sillón entre ella y Luna. Mar obedeció y su mamá la recibió rodeándola
con un brazo y dejando que su hija acomodara la cabeza en su hombro. “¡Qué
bueno que bajaste!”
Mar sólo sonrió. Sí. Qué bueno que bajó. Entonces
sintió la mano cálida de Luna tomando la suya que había quedado sobre el
sillón, de manera que nadie más pudiera verlas. Supuso que ya era necesario
reestablecer el vínculo, así que la aceptó y la sostuvo con seguridad durante
el resto de la película.
18
Resultó que la película era la versión extendida del
director, así que había terminado muy tarde. Apenas acabando, todos fueron a
dormir. Luna no mostró intenciones de charlar, marciana respetuosa de los
horarios laborales. A la mañana siguiente, Luna sorprendió a Mar con la noticia
de que Hugo la llevaría a pasear en moto. Mar no tuvo reparo. Una mañana libre
para trabajar intensamente sin labor niñera intergaláctica. Además Hugo es de
confianza, no es como si tuviera que mantenerme preocupada, pensó Mar.
Todo transcurrió en perfecta calma, pudo avanzar
mucho con su trabajo. Hugo se mantenía reportando sin novedad y aparentemente
Luna había resultado ser una especie de conductora profesional de motocicletas,
esas bases de datos tan informadas. A las cuatro de la tarde, su hora de
salida, recibió un nuevo mensaje de su tío: llegarían más tarde. Así que por lo
menos tendría un par de horas libres también después de su trabajo. Era un
jueves templado y sin novedades. Parecía como si arreglar problemas cósmicos no
fuera urgente. Pero bueno, si Luna no estaba afligida seguro se debía a que la
solución que había encontrado era realmente buena. Eso o era una procrastinadora
sin espacio ni tiempo, aún en plena crisis interplanetaria.
Mar llegó a su casa justo para despedir a sus papás
que marchaban a hacer diligencias. Bien, realmente tendría tiempo para estar
sola, ¡dibujaría!, sí. Por fin tendría un momento para ser creativa. Se
descalzó, se puso pantalones cortos, sus calcetas gruesas porque dibujar con
pies fríos no resulta óptimo y también se puso una holgada playera gris. Obtuvo
una bolsa de papas fritas y dispuso su bloc, lápices y gises en el suelo de su
habitación. ¡Oh, la perfección!
¿Qué dibujaría? La pequeña galaxia, claro. No lo
había pensado hasta entonces, pero a lo mejor podía ser un regalo para su amiga
galáctica. Si quedaba lo suficientemente bien podría enmarcárselo para que lo
colgara en su nave espacial. ¿Luna tenía una nave espacial? y de ser así,
¿tendría espacio para colgar uno de sus dibujos? Ya lo averiguaría, de todas
maneras, lo importante era la atención.
Llevaría unos quince minutos de trabajo,
experimentando con diferentes tonos amarillos, blancos y otros varios, cuando
alguien llamó a la puerta. Mar dejó que sonara. Hugo, Luna y sus papás, tenían
manera de entrar, así que no se preocupó, si la visita era urgente ya
regresaría. Pero no se fue. Tocaron y volvieron a tocar y entonces Mar no tuvo
más remedio que bajar a atender la puerta.
“Es jueves”
Saludó Sara, entrando fresca sin esperar que la
invitaran.
“Cierto, es jueves” y se fue al cuerno toda
esperanza de una tarde tranquila.
“Seguramente quieres que me vaya y te deje tranquila
para que puedas dibujar. Pero hazte a la idea de que no será así. Veo que estás
sola, no voy a desperdiciarte en shorts”
Sara comenzó a subir las escaleras, de nuevo sin
invitación.
“¿Cómo sabes que estoy dibujando y que no hay nadie
en casa?”
“No subestimes todo el tiempo que llevo de
conocerte. Dices que no me importas lo suficiente, bueno, pues entérate de que
sé ese tipo de cosas sobre ti, porque te presto atención. Si quieres que me
ponga más cursi, ven”, llamó Sara entrando al cuarto de Mar, quien seguía
cimbrada en la parte baja de la escalera.
Mar estaba intrigada y asombrada y hasta un poco
emocionada, así que subió las escaleras de dos en dos. Al entrar a su cuarto
vio que Sara ya se había acomodado en el piso.
“¿Es el espacio?”
“Una galaxia, en realidad. Aún llevo muy poco”
“¿Ahora te gusta la astronomía?”
“Las galaxias me parecen bellas”
“Sigo prefiriendo lo terrestre.”
“¿Quieres salir? Podemos ir al cine o algo”. Mar se
encontró de pronto incómoda ante la presencia de Sara.
“Mejor ven, siéntate conmigo”
Mar obedeció en automático.
“Mar. Yo fui muy tonta el día del bar, pero ahora es
todo cierto. Iván y yo nos tomamos un tiempo y yo en verdad quiero estar
contigo”
“Eso suena a que quieres probar, saber si puedes
estar sin él o aclarar lo que sientes por mí o hasta dónde puedes llegar
conmigo”
“¿Es eso tan malo?”
¿Lo era?
“Bien. ¿Cómo esperas que sea esto?”
“No estoy lista para ser tu novia en reuniones
familiares, ni te llevaré a mi casa para decirle a mi mamá que estoy enamorada
de ti. Tampoco le diré a Iván que siempre tuvo razón. Pero Mar, te deseo.
Pienso en ti y entonces solo quiero
tener tus manos sobre mí”
Mar soltó el aire que no sabía estaba sosteniendo. Su
cuerpo pareció adquirir voluntad propia y en unos segundos su lengua encontró
la de Sara. El contacto casi la deja sin aliento y cuando quiso abrir la boca
para recuperarlo, Sara la invadió y fue como tener ganas de nunca volver a
respirar, porque ese beso no debía tener fin. Pronto sintió el peso del cuerpo
de la otra sobre ella y sus manos fueron invitadas a explorar debajo de la
blusa de Sara. Piel de gallina. Pechos suaves, tentadores. La prenda estorbaba,
así que pronto fue a parar a algún lugar sin importancia. La suavidad de la
piel que exploraba ahora con toda libertad, la estaba convirtiendo en una
pervertida, pensó Mar. Quería lamer, chupar y besar cada centímetro de aquella
piel. Ya antes lo había hecho, cierto, pero no con tanta consciencia; además,
esta vez no habría arrepentimientos al día siguiente, por lo menos no de su
parte.
Mar necesitaba más libertad y más de Sara, así que
con cuidado se colocó ahora por encima y así pudo alcanzar su cuello, donde el
ritmo de las palpitaciones de Sara parecía hacerse uno con el de ella. Sintió
que se encendía.
Y entonces escuchó un “basta”, tronar en su cabeza.
“¿Por qué te detienes? Mar… no pares”
“Alguien puede llegar y…”
“Qué lleguen… vamos, no pares”
“Luna y Hugo ya están por llegar”
“¿Cómo puedes saberlo?”
“¿Escuchas la moto?”
Sí. Efectivamente, Sara escuchó la motocicleta
estacionándose. Ella y Mar se separaron en silencio. Sara se vistió y alisaron
su ropa, aún en silencio, lo mejor que pudieron. Una vez presentables, Mar
abrió la puerta de su cuarto y aguardó desde la escalera.
Luna y Hugo entraron. Hugo estaba con el cabello
alborotado y parecía extasiado. Luna estaba también un poco despeinada, pero
estaba tranquila, sin exceso de felicidad.
“¡Mar, Mar! ¡No tienes idea de lo que Luna puede
hacer con la moto! ¡La levantó al máximo! ¡Impresionante! ¡Una diosa!”
Mar sonrió desde lo alto.
“No lo dudo. Luna sabe hacer muchas cosas. Te
asombraría saber cuántas”
“Buenas noches, Mar”, saludó Luna.
Sí, le sentaba bien el cabello un poco alborotado,
pensó Mar. ¿Y dónde había conseguido esos pantalones?
“¿Y el disfraz?”, preguntó la diseñadora.
“¡Eso también!”, continuó Hugo. “Luna no tenía ropa
apropiada para el motociclismo, eso fue literal lo que me dijo, así que la
llevé a la tienda chopper del centro. ¡No tienes idea de la cantidad de
babeantes! ¡Un tipo se la quería llevar en su moto! Yo me puse con: oye tú, es
mi amiga, largo. Y él, todo musculoso: Ahora es mi amiga. Y entonces Luna,
¡diosa!, lo encaró y le dijo tranquilamente: déjanos tranquilos. Y el grandulón
se fue como perro apaleado. ¡Mar, tenías que haberlo visto!”
Mar seguía sonriendo ante la emoción de su tío.
“Qué bueno que la pasaron bien”
“¡Más que bien! Luna, si no fueras lesbiana te
pediría que te casaras conmigo”
“Agradezco el cumplido, tío de Mar”
“Hugo, Hugo, llevas todo el día diciéndome ‘tío de
Mar’… bueno, tú dime como quieras”
“Así lo haré, tío de Mar”
“¿Y tú, fea, cómo pasaste el día? ¿Nos extrañaste?”
“Mucho”, contestó Mar, contagiándose con el buen
humor.
“¿A quiénes extrañaste mucho?”, Sara apareció detrás
de Mar. Observando también a los recién llegados. “Hola Hugo, no sabía que
andabas por aquí”
“Hey, Sara. ¿Qué tal?”, la emoción de Hugo bajó por
lo menos dos niveles de intensidad mientras saludaba a la visitante.
“Hola, Luna”, saludó Sara.
La alienígena se limitó a asentir y comenzó a subir
las escaleras. Al llegar al punto más alto pareció ignorar a Sara y Mar y
continuó hasta entrar en su habitación.
“De seguro está cansada. Las piernas pueden
acalambrarse por los pantalones muy ajustados. Yo… iré a pedir algo de comer.
¿Te quedas a cenar, Sara?”, preguntó Hugo mientras desaparecía rumbo a la
estancia.
“¿Me quedo?”, preguntó Sara en voz baja a Mar.
“Sí”, anunció Mar lo suficientemente fuerte para que
Hugo la escuchara, “Sara se queda a cenar”
“Luna no está feliz de verme”, dijo Sara, no
demasiado preocupada, la verdad.
“La hiciste enojar. Ella vio todo lo de Iván y
nosotras y ya sabes que cuando se tiene una infancia difícil con un padre
ausente, esas cosas de los rechazos no son fáciles de procesar, a lo mejor
proyectó a su mamá en mí, o no sé…”, dijo Mar, nerviosa.
“Interesante análisis. No me importa lo que piense
ella, pero sé que a ti sí te importa. Ve y aclara las cosas con ella, dile que
te quiero, que me quieres y te espero en tu cuarto para continuar lo que hacíamos”
¿Siempre había sido tan sexy? Es decir, ¿siempre
giraba sobre sus talones así de sexy? Sara olía tan bien. Por un momento, Mar
quiso saltarse la charla con la galáctica y volver a lo que estaba antes del
ruido en su cabeza. Pero estaba precisamente ese ruido y habían pasado mucho
tiempo separadas. Sara tendría que esperar. Mar llamó a la puerta de Luna,
quien le indicó que pasara. Luna estaba sentada sobre la cama, haciendo nada.
“Tienes a Hugo comiendo de tu mano”
“Es un hombre muy agradable, pero no pretendo
alimentarlo, mucho menos sin usar utensilios adecuados, a menos claro que él
comparta conductas tribales de comida comunitaria”
“No, no, quise decir que está muy feliz por haberte
conocido”
“Es interesante poder brindar felicidad a un ser
humano con mi sola existencia”
“Oye Luna, ¿te metiste en mi cabeza?”
“No. Tenemos un acuerdo: yo solo puedo entrar cuando
tú lo permites. No has establecido comunicación mental conmigo recientemente”
“Eso pensaba… es solo que me pareció escucharte”
“¿Qué era lo que decía?”
“¡Basta!, de manera muy enérgica, cabe señalar”
“No suelo ser enérgica”
“Sí… también pensé eso.” ¿Y entonces ella se había
imaginado la voz?
“Oye Luna, sé que te puede parecer extraño, pero
¿podrías abrazarme? Has pasado mucho tiempo lejos y…”
“El vínculo. Mar, cada día puedes sentirlo con mayor
intensidad”
“Así es. ¿Es normal?”
“Sí. Yo cada día me siento más humana.”
Luna rodeó a Mar con sus brazos. La diseñadora pudo
recargar su cabeza en el cuello de la galáctica. Aquello se sentía tan bien. Al
cabo de unos segundos se separaron. Mar se sentía tranquila. Luna parecía
totalmente energizada.
“¿Estás con Sara ahora?”
Claro, el vínculo hacía que Luna supiera cosas y
ahora ya sabía lo que sucedía con Sara.
“No de manera oficial. Ella quiere probar si puede
estar conmigo”
“¿Y tú quieres eso?”
“Estás siendo impertinente, marciana”
“Intento ayudarte a objetivar la situación”
“¿Te preocupas por mí?”
“Es correcto. Recuerda que he logrado desarrollar
esa capacidad, es normal que surja cuando se trata de seres humanos por los que
siento afecto”
“Y así es como una marciana dice que me quiere…
vale, no. Yo quiero algo bien con Sara, pero por ahora solo puedo tener lo que
ella me quiera dar”
“¿Eso es suficiente para ti?”
“Si es todo lo que puedo tener…”
“Hablas como Nora”
“¿Nora te dice esas cosas? Debe estar muy enamorada”
“O ambas pueden estar totalmente equivocadas”
“Punto para ti, marciana. Ven a mi cuarto,
seguiremos charlando ahí”
“Estabas por intimar con Sara…”
“Ya no tengo ganas. Ven, será una buena forma de no
continuar. Además aún debemos discutir la necesidad de acostarte con Nora”
“Eso es imposible, Mar”
“¿Por qué? ¿Es que no te gusta?”
“No soy capaz de sentir deseo”
“¿Deseo, deseo… de ese deseo?”
“Deseo de cópula, sí”
“Ya veo... ¿y los besos?”
“Son agradables. Logré encontrar un ritmo con Nora.
Pude controlarlos, fue interesante. Pero no sentí deseo”
“Entonces era eso, por un momento creí que… ¿no encontraste
otra solución al problema de Nora, cierto?”
Y ella haciéndose ilusiones.
“Es correcto. No hay solución.”
“Entonces lo mejor será empezar a trabajar con lo
del deseo. Vamos. Quizá Sara pueda ayudar”
“No quiero la ayuda de Sara”
“Marciana, créeme, necesitamos toda la ayuda posible
y en cosas de deseo, Sara es la profesional”
***
“Tío de Mar,
¿por qué está aquí?”
“Compré la cena”
“Yo no entiendo qué hacen los dos aquí. Mar, quería
estar a solas contigo”
“Mi hermana no permite que Mar esté a solas con otra
mujer en la casa”
“He estado muchas veces a solas con Mar”
“No me vean así, son las reglas de mi hermana”
“¿Estas protegiendo la virtud de tu sobrina?”
“Simplemente era aburrido estar allá abajo, comiendo
pizza solo”
“De todas formas estás comiendo pizza solo”, puntualizó
Sara.
“Eso no es cierto, Luna también come conmigo.
Ustedes no porque están llenas de amor”
“Ridículo”, dijo Mar, dándole un codazo ligero a su
tío.
“No alcanzamos a llenarnos, por eso queríamos estar
a solas”, afirmó Sara.
“Eso es dudoso. Mar fue quien me invitó”, explicó
Luna.
Hasta Hugo se detuvo a medio bocado ante el
comentario.
“¿Hiciste eso, Mar?”, preguntó Sara, seria.
“Sí, sí, es que verás, Luna tiene un asunto que
necesita tu atención, la atención de ambos porque… porque…” ¿Por qué? Mar no
tenía idea de cómo habían terminado los cuatro sentados en el piso de su
habitación alrededor de una caja de pizza. Bueno, sí tenía idea; ella misma lo
había procurado, en parte porque había regresado la preocupación por la
situación con Nora y las lobotomías, lo cual había congelado su ímpetu sexual,
y por otro lado, estaba el asunto de evitar tirarse al vacío sin colchón
inflable, con Sara. Pero cualquiera de sus motivaciones sería difícil de
explicar. “…porque es un asunto que requiere perspectivas”
“¿Y de qué se trata?”, concedió Sara.
“Soy virgen y necesito dejar de serlo”
Hugo, Sara y Mar se quedaron viendo a Luna en
silencio. No habían esperado la confesión tan agreste. Se trataba de algo
íntimo, algo que no vas y dices frente a casi desconocidos alrededor de una
pizza. Mar además le sumaba el hecho de que el comentario había entrado al
rescate de la situación. Luna se estaba volviendo cada día más humana, sí.
Aquello de la virginidad daba perfecto pie al tema y evitaba explicaciones.
“¿Por qué?”, Hugo fue el primero en articular.
Ok. No todas las explicaciones.
“Nunca antes había conocido a alguien con quien
fuera necesario copular”
“Ya veo. ¿Y ya la encontraste?”, continuo Hugo, con
la seriedad que el tema implicaba.
“Es correcto. Me es estrictamente necesario copular
con Nora”
“Me alegra que se trate de Nora”, intervino Sara.
“¿De quién más podrías tratarse?”, dijo Mar con
mirada significativa hacia Sara. Sara se limitó a encoger los hombros.
“Nora es tu novia, ¿cierto Luna?”, se dio a la tarea
de aclarar Hugo.
“Es correcto”
“Si ya es tu novia, es mucho más fácil acostarte con
ella”, dijo Sara.
“En eso estoy de acuerdo con Sara. Nora además es
guapa, según recuerdo, no deberías tener problemas… a menos que tu idea sea llegar virgen al matrimonio. No
estoy seguro de que aquí ya sea legal, pero podemos ir a Canadá o algo”
“Hugo, no divagues”, intervino, Mar. “El asunto aquí
es que Luna no tiene la menor experiencia en cuestiones de deseo carnal y Nora
no estaba interesada en mujeres antes de conocerla. Estamos lidiando con dos
ignorantes”
“¿Y cuál es tu interés en todo esto? Si las dos son
inexpertas ya irán aprendiendo juntas”. Sara a veces era realmente lógica.
“Yo… yo… soy la gurú del amor para Luna. Y como su
guía amorosa me siento obligada a iniciarla en prácticas completamente
satisfactorias. Enamorarse bien, besar bien, coger bien”
“Fea, eso suena un poco perverso. ¿Luna, en verdad
crees que Mar puede ser tu gurú para el amor? Creo que yo podría serte más útil”
“Mar es el único ser que puede ayudarme a descubrir
cada emoción y sentimiento que existe en este mundo. Mar es la única para mí.
Yo soy su Luna”
Y nuevamente Hugo detuvo a medio camino el bocado.
“Luna, eres una verdadera espina en el culo cuando
hablas así sobre Mar”. Quizá si Sara no hubiera dicho aquello con media
sonrisa, hubiera sido menos aterrorizante, pensó Mar. “No eres su Luna y me
importa un cuerno si no te has cogido a tu novia. Mar, me largo de aquí, si
quieres verme, llámame”
Sara se puso de pie, lista para irse, pero
obviamente Mar no iba a permitirlo. Así que la detuvo.
“No te vayas, mira, ya sabes cómo habla Luna y ya
sabes también que me preocupo por ella. Pero es solo eso, no hay nada más que
eso. En verdad quiero que te quedes.”
“¿A qué? ¿A esperar qué otros pretextos encuentras
para no estar a solas conmigo? Mar, entiendo que no confíes en mí, pero Luna a
veces me resulta insufrible y se te ocurre pedirle que venga a tu cuarto justo
cuando estábamos a punto de estar juntas”
“Lo sé, lo sé”
(Aparte. Me disculpo por la acotación emergente.)
“Lo mejor ante un enfrentamiento emocional entre dos
personas es mantenerse al margen. ¿Es correcto?”, preguntó Luna a Hugo, en voz
baja.
“Así es. Come y haz de cuenta que no escuchas nada”
“¿Aunque mencionen mi nombre?”
“Procura ensordecer aún más si escuchas tu nombre”
(Fin del aparte)
“Lo sé, lo sé. En verdad me preocupa el caso de Luna
y ya sabes que si estoy pensando en otra cosa, no me concentro y yo quiero
sentir todo contigo. Quizá no era el momento, Sara, pero ya lo tendremos y va a
ser…”
“Si dices ‘especial’, me voy”
“Iba a decir ‘muy bueno’”
“Eres una pésima mentirosa”
“Eso lo notas porque me conoces demasiado. Quédate y
ayúdame”
Sara suspiró y después en voz alta se dirigió a la
galáctica:
“Bien, Luna, vamos a curar tu frigidez”
“Calma, Sara, calma”, tranquilizó Hugo los ánimos.
“Yo creo que hay demasiadas feromonas en el ambiente y eso hace todo más
complicado”
“¿Momento misógino?”, preguntó Sara, volviendo a
tomar su lugar sobre el suelo.
“No. Me refiero a que quizá sea precisamente todo el
rollo de sentimientos y emociones que Mar puede enseñarle a Luna, lo que está
complicando todo. A mí me parece que eso está muy bien y en muchos trípticos
recomiendan que el sexo se acompañe de amor, pero estamos dejando a un lado lo
más importante: las ganas”
¡Bingo! Hugo había dado justo en el clavo. Pensó
Mar.
“El troglodita tiene razón, Luna”, completó Sara.
“Una cosa es que estés enamorada de Nora y otra diferente que quieras
arrancarle la ropa… aunque por lo regular una cosa lleva a la otra”
“Arrancarle la ropa es una manifestación violenta.
No comulgo con la violencia”
“Sara lo dice en sentido figurado, Luna. Puedes
sentir deseo por alguien a quien no amas o por quien no tengas algún afecto
especial. Las ganas de arrancarle la ropa quiere decir que no puedes pensar en
otra cosa que sentir su piel, que besarla, que…”
“Morder sus nalgas”, sajó Hugo.
“El deseo empieza a parecerme un impulso violento”
“Pues sí”, sentenció Mar. Hugo y Sara asintieron en
silencioso acuerdo. “Algo hay de eso, Luna. Se trata de poseer a la otra
persona y al mismo tiempo de entregarse. Se trata de por un momento estar
dispuesta a perderlo todo, pero todo, vergüenza, dignidad… te sientes en la
necesidad de rogar por unos labios y todo tu cuerpo se centra en…”
“En los genitales”, volvió a cortar, Hugo.
Sara asintió, de acuerdo con Hugo y luego completó:
“Así es, pensarás con los genitales”
“Los genitales no tienen la capacidad para controlar
el sistema nervioso central”, señaló la galáctica.
“Luna, están hablando en sentido figurado. Sara y
Hugo quieren decir que en lugar de pensar y racionar las cosas, uno se entrega
a las ganas y pulsiones genitales.” ¿Era en verdad necesario decir tantas veces
“genitales”?
Luna continuaba confundida.
“¿No has sentido una ola de calor atravesarte por
todo el cuerpo, que se siente tan bien que solo quieres que vuelva a ocurrir
una y otra y otra vez porque si no, te sientes ansiosa, insatisfecha?”, preguntó
Sara.
“Es correcto. He tenido esa sensación”
“Bueno, pues lo que ocurre es precisamente eso, pasa
eso del calor que dice Sara, pero localizado en tus genitales. Y entonces estás
lista para llegar al final”, dijo Hugo.
“Y si tienes suerte, una y otra y otra vez”, finalizó
Sara, sonriendo.
Un breve momento de silencio inundó la habitación.
Luna parecía estar analizando los datos. Mar se preguntaba por qué no habían
dejado siquiera un trozo de pizza, de pronto estaba hambrienta.
“Recapitulando. Sara y el tío de Mar, sugieren que
me someta al pulso sanguíneo de mis genitales y deje que una sensación de calor
se manifieste una y otra vez”, resumió, Luna.
“Así es, Luna. Si Nora hace bien su trabajo, con
unos pocos besos te vas a prender y luego solo deberás dejarte llevar. Eso es
todo. Si haces lo que quieres en el lugar en que necesitas calor y Nora hace lo
mismo, tu primera vez será muy buena”, señaló Hugo, poniéndose de pie. “Yo ya
mejor las dejo solas, mujeres. Esta conversación puede sobreestimular mi
imaginación precoz. Luna, no te preocupes, relájate y ya vas a encontrar el
momento y las ganas para hacer el amor con tu chica. Buenas noches”
“Buenas noches, tío de Mar”
Hugo salió de la habitación y bajó las escaleras
murmurando algo sobre conversaciones lesbianas tortuosas.
“Supongo que también debo irme”
“Puedes quedarte
un rato más, si quieres. Todavía es temprano”
“No. Mejor las dejo aterrizar la nueva información.
Entre más pronto termines con los asuntos de Luna, más rápido serás solo mía”
Sara se acercó para besar a Mar. Mar pensó que aquel
beso era muy desvergonzado, para hacerlo enfrente de alguien. Luna era ese
alguien que estaba sentada aún en el suelo. Con la lengua de Sara en su boca,
Mar se tomó unos segundos para abrir los ojos y comprobar que, efectivamente,
Luna las estaba observando, sobresaltándose un poco.
“Y esas son las ganas, lunática. Buenas noches Mar.
Hablamos después”
“Sí, sí. Hablamos”
Sara se retiró campantemente.
Mar no estaba segura de cómo continuar la
conversación. Luna se mantenía observándola desde el mismo sitio. Bien, aquello
había salido bastante bien. Su tío y su noviacuasiamanteloquesea habían dejado
bastante claro aquello del calor y los genitales.
“¿Entendiste algo?”, preguntó la terrícola, no muy
segura si debía volver y sentarse con Luna o caminar como león enjaulado.
“Creo que sí”, puntualizó la galáctica. “El deseo y
el amor no necesariamente están dirigidos al mismo sujeto, pero es más intenso
si ocurre de esa manera puesto que el lazo que creas con la otra persona es muy
íntimo”
Mar no estaba segura si Sara y Hugo habían sido tan
elocuentes y si todo eran reflexiones finales de Luna, suponía que lo segundo.
“Así es. Por eso, para enamorarte de Nora de una vez
por todas, sería conveniente que tuvieras sexo con ella”
“Solo queda un problema, Mar”
“¿Cuál?”
“Solo he sentido calor atravesando mi cuerpo cuando tú
y yo llevamos a cabo el proceso de vinculación”
Mierda. Pensó Mar. Claro, ella lo había supuesto
durante la conversación. Ya había platicado con Luna respecto a que Nora no se
sentía cálida o que la galáctica se sentía fría para Nora, o algo así. ¿Es que
los asuntos con Luna nunca podían llegar a un acuerdo poco complicado? No. Era
una alienígena, ¿cómo podía esperar que aquello fuera simple? Ingenua.
“Eso es diferente, marciana. El calor es porque
estamos unidas y es reconfortante sentirte cerca porque no perteneces a un
lugar ni tiempo y yo te doy una especie de fuerza vital. Lo que sentirás con
Nora es una especie de calor-necesidad que requiere sincronización. Me dijiste
que los besos se sintieron agradables, ¿cierto?”
“Es correcto”
“Bueno, pues solo debes dejar que esa sensación
crezca y poco a poco tu cuerpo terrícola comenzará a reaccionar”
“¿Y si no lo hace?”
“Lo hará. Tiene que hacerlo o pronto todos
sufriremos lobotomías y Nora se convertirá en la loca de los gatos o algo peor”
“De acuerdo, lo intentaré”
“Me parece que es lo mejor para todos. Ahora, si me
disculpas, marciana, necesito estar un rato a solas”
“¿Para pensar en Sara?”
“Sara es una de las tantas cosas en qué pensar, sí”
“De acuerdo, me retiro a mi habitación. Descansa,
Mar”
Luna se puso de pie y se dirigió a la puerta del
cuarto de Mar; entonces la terrícola tuvo una duda.
“¿Hoy no necesitas vincularte?”
Luna pareció sopesar el asunto.
“No. Mis niveles de energía están estabilizados.
Buenas noches, Mar”
Luna salió, cerrando la puerta tras de sí. Mar se
llevó las manos a su cabello y lo sacudió un poco, como para intentar despejar
su cabeza. Ojalá hubiera terminado lo que hacía con Sara, así por lo menos
estaría más relajada. Pero no, había optado por solucionar problemas
intergalácticos. Luna tendría que hacerlo y después, todo estaría bien.
Sin embargo, con todo y el optimismo con el que se
había ido a la cama, era las dos de la mañana y Mar no podía conciliar el
sueño. Cada vez que cerraba los ojos recordaba los besos y la piel de Sara,
pero justo cuando se disponía a ceder ante la fantasía, la voz “¡basta!” volvía
a tronar en su cabeza y entonces podía ver unos ojos blancos y
resplandecientes. Sabía que Luna no estaba dentro de su cabeza, pero eso
parecía.
Más aún, Mar sentía que aquello no era sólo
insomnio, que no duraría solo una noche; para cuando su despertador marcó las
tres de la mañana, estaba convencida que el grito y los ojos no la iban a dejar
en paz nunca. Entre la penumbra no necesitó cerrar los ojos para concentrarse y
llamarla con el pensamiento.
“Luna, mi Luna. Ven”
“Aquí estoy”
“No puedo dormir”
“Yo no necesito dormir”
“Lo sé. Por eso no tengo reparos en llamarte, es muy
conveniente una amiga intergaláctica disponible las veinticuatro horas del día”
“Pero los seres humanos sí necesitan descansar. Mis
bases de datos sugieren un promedio de ocho horas diarias”
“Lo sé. Es solo que no puedo dejar de pensar en tus
ojos. Cuando estaba a punto de hacer el amor con Sara, escuché claramente tu
voz gritando que parara y ahora, recordando, además aparecen tus ojos”
“Confirmo una vez más que sólo entro a tu mente
cuando lo solicitas, como en este momento. Antes no mantuve contacto contigo de
esta manera”
“Ya lo sé. Pero entonces eso quiere decir que yo fui
la que te imaginó y entonces Sara se va al pepino”
“No comprendo”
“Eso que dijiste antes, que solo sientes calor
conmigo, el vínculo, ¿crees que también funcione de esa manera para mí? ¿Qué de
pronto yo tenga necesidad solo de sentirme cerca de ti?”
“Es probable, pero no existen precedentes que lo
comprueben o desmientan, así que es imposible darte una respuesta cabal”
Y tenía que hacer la pregunta, porque tenía que
hacerla, porque si no la hacía mucho menos probable sería dormir.
“Luna, ¿me deseas?”
Mar aguardó. Normalmente Luna no se demoraba tanto
en contestar mentalmente. Bueno, no era tanto, apenas pasaron unos segundos,
más segundos y más segundos.
“Durante tu despedida con Sara, pude entender qué es
el deseo”
“Ah, debes disculparla, estaba marcando territorio.
Agradece que no dio vueltas alrededor mío para impregnarme su aroma”
“Ya hueles a ella”
“¿En serio?”. Sí, Mar pudo notar algunos residuos
del perfume de Sara en sus manos.
“Sí”
“¿Y mi olor sirvió para que entendieras el deseo?”
¿Luna había reído mentalmente? ¡Qué encanto!
“No. Pude entender mi deseo, Mar. Mientras Sara te
besaba, comprendí que deseaba detenerla y deseaba ser yo la que pudiera
sentirte tan cerca”
Ahora fue el turno de Mar de guardar silencio
mental.
“Vaya…”
“Ahora también comprendo qué es un sujeto de deseo.
La necesidad de estar cerca de ti, trasladada a las emociones humanas, es
parecida al deseo debido a que el vínculo es algo primitivo, está arraigado en
tu esencia. Nos necesitamos como se necesita comer, respirar, comunicar, porque
tú eres quien me permite hacer todo eso”
“Ah ya veo. Me haces sentir un poco cavernícola, con
lo de primitivo, pero creo que entiendo. ¿En serio nuestro vínculo es tan
esencial?”
“Ya te he dicho que precede nuestra existencia”
“¿Entonces me deseas porque me necesitas?”
“Probablemente. Aún no estoy totalmente segura,
necesito procesar la información”
Mar guardó silencio. Ella también procesaba la
información, pero al contrario de Luna, Mar podía establecer ventajas prácticas
que ayudaran a resolver el problemón en que estaban metidas.
“Luna, ¿entonces una vez que desarrolles el deseo
completamente puedes ir y usar esa capacidad con Nora?”
“Hipotéticamente, es probable”
“Entonces debemos procurar que todo tu deseo
despierte para que así puedas por fin enamorarte. ¡Ese será el plan!”
“Es el mismo plan…”
“Sí. No perderé esperanzas. Ahora a procesar todo
esto, marciana. Buenas noches”
“Buenas noches”, se despidió Luna.
Mar dijo “hola” un par de veces para estar segura de
que Luna había cortado la comunicación. Bueno, aquello no había ido del todo
mal. Ok, la marciana la deseaba porque su unión con ella era primitiva. Eso era
bastante lógico, sí. Eso también volvía racional el hecho que cuando abrió los
ojos mientras besaba a Sara y se encontró con la mirada de Luna, por una
fracción de segundo había deseado que fuera ella y no Sara, la que la besara de
aquella manera.
Mar pataleó en su cama. No. No. No. No.
Definitivamente un ser humano tenía más problemas para lidiar con los instintos
primitivos. Ella no podía estar tan calmada como Luna que parecía sobrellevar
la necesidad de estar junto a ella muy bien. Pero pues iba a intentar calmarse.
Pues no tenía de otra. Pues qué difícil la vida junto a un ser intergaláctico
sexy y deseoso.
Por lo menos ya se había librado de la piel de Sara
y de los ojos de Luna y parecía que podría dormir al fin. Pero no fue así.
Las necesidades más elementales de los seres humanos
son comer, beber, dormir, ir al baño… nada demasiado diferente a un perrito o a
un caballo. Los monos y los delfines, dicen, también son capaces de copular
solo por placer, claro, así que eso también efectivamente podría contemplarse
como parte primitiva de su condición de mamífero. Si el vínculo era como
aquello, entonces era completamente normal que en ese momento lo único que
quisiera fuera oler a Luna. La marciana olía a noche. Mar no podía explicar el
aroma… como aire fresco en una noche entre primavera e invierno. Un olor como
de polvo, pero limpio. Luna olía a veces también a una pequeña flor que
recordaba haber olfateado una vez en casa de su abuela. También olía a lluvia a
veces, pero no fuerte, era una brisa, eso, Luna olía a brisa.
Mar suspiró.
“Luna, mi Luna. Ven”, llamó.
“Aquí estoy”
“Mi vínculo es el tuyo, ¿cierto?”
“Es correcto”
Mar entendió que aquello era inevitable. No iría
contra sí misma porque Luna era tan necesaria como comer, beber y respirar.
“Luna, ven a
mi habitación”
Mar escuchó los pasos por el pasillo acercándose a
su puerta. ¿Qué estaba haciendo? ¿En verdad lo estaba haciendo? Luna se
acercaba. Mar, aún hundida en la oscuridad, comenzaba a perder seguridad. Pero
aquello se le escapaba de las manos, era como si no fuera ella. Ella nunca se
habría atrevido, ella no.
Luna entró a la habitación.
“Pon el seguro. No quiero que alguien entre de
repente”, ordenó Mar.
Luna obedeció. Con el sonido del clic, Mar sintió
que la piel se le erizaba.
Todo estaba oscuro.
“Puedes acercarte si quieres, marciana”
Luna se acercó hasta la cama de Mar.
“¿Tú puedes verme en la oscuridad, cierto?”
“Es correcto”
“Bueno, pero no es justo, yo también quiero verte,
encenderé la lámpara por lo menos”
“Espera”, la detuvo Luna, y entonces Mar vio crecer
la pequeña galaxia en medio de su habitación, alumbrando tenuemente todo. Luna
se veía preciosa. Era la mujer más bella de todo el universo, sí, seguramente.
“¿Así está bien?”, preguntó Luna, tímida. Ahora
también era tímida.
“Es perfecto. Buen toque. Ven”. Mar le indicó a la
galáctica que se sentara junto a ella. Luna así lo hizo, sin dejar de ver a Mar
ni por un sólo momento. “Mi vínculo es tu vínculo. Tu deseo es el mío. ¿Sabes
entonces qué es lo que deseo, Luna?”
Silencio. Luna tomó la mano de Mar y ahí estaba el
calor, la sensación de ser la una de la otra, el vínculo. Mar continuó.
“Cada día puedo sentirte más y entre más te siento,
más te necesito. Deseo tus labios en mí, Luna. ¿Entiendes?”
“Eres hermosa”, susurró Luna. Mar sonrió.
“Ya vas mejorando con las tácticas de conquista”
“No hay tácticas. Yo soy tu Luna”
“Yo soy tu Mar”
Y en ese momento, sin pensarlo más, aquello fue
cierto y Luna tomó el rostro de Mar entre sus manos, como si de algo precioso
se tratara, y besó sus labios por primera vez.
Mar entendió entonces qué era el sin tiempo ni
espacio, porque en el instante en que los labios de Luna tocaron los suyos, se
sintió deambular, suspendida, nada existía fuera de ese beso. No fue consciente
de nada más que de lo cálida y húmeda que era la boca que se aferraba a la suya.
Entonces, Mar entendió que no se trataba solo del despertar del deseo de Luna,
sino del de ella también; entre más besaba a Luna, más la necesitaba y la
necesidad dolía y la llenaba de placer al mismo tiempo. Luna era dulce,
delicada, entonces tuvo que ser ella quien presionara para sentir el interior
de la otra boca con su lengua. El calor se disparó con el primer roce, ¿aquello
sucedía solo por un beso? Las manos de Luna se enredaron en su cabello,
atrayéndola más y entonces Mar dirigió las suyas al otro cuerpo.
“Necesito más”
Suplicó Luna sobre sus labios.
Mar se tendió en la cama y dirigió a Luna para tenderse con ella, frente
a frente y comenzó a desvestirse. Luna la observaba en silencio.
“Necesito tocarte”
“Si no lo haces pronto, voy a enviarte a Plutón,
marciana”
Mar tomó las manos de Luna y la dirigió a su cuello,
a sus senos, a su vientre. Mar quería retorcerse a ciegas bajo las caricias de
Luna, que poco a poco adquirían seguridad, pero entonces sintió que perdía
contacto. Abrió los ojos para encontrarse con la desnudez de la mujer sin
tiempo ni espacio.
“Mi Luna”
Alcanzó a decir Mar, porque aquello era cierto. Luna
parecía resplandecer porque su piel había adquirido un tono muy blanco y la
galaxia flotando lanzaba rayos de luz sobre ella. Mar no podía creer que alguna
vez le hubiese parecido rara, no podía
pensar en razones para no tocarla. Fue el turno de Mar de recorrer el otro
cuerpo. Luna gemía y ella gemía, y cuando Mar encontró el camino hasta la parte
más secreta de Luna y la encontró muy húmeda y sedosa, sintió convertirse en
agua.
Con gentileza, Mar acarició a Luna, consiente de su
respiración, para mantener el ritmo. Cuando el cuerpo de Luna se puso rígido y
comenzó a temblar, Mar presionó un poco y luego un poco más y entonces pudo
sentir a Luna por completo.
“Estas dentro de mí”
Susurró Luna a su oído, abrazándose a su cuerpo.
Mar empujó. Una y otra vez, siguiendo el compás de
las caderas de Luna hasta que sintió que volvía a sacudirse con sus dedos
dentro, apretándolos.
“¿Estás bien?”, preguntó Mar, una vez que Luna abrió
los ojos.
“Este deseo nunca se irá”, aseguró la galáctica.
Mar suspiró.
“Lo hará, Luna. Se irá o cambiará de sujeto”
“Pero esta noche no”
Aseguró Luna y se volvieron a besar. Mar sintió que
se rompía en mil pedazos cuando sintió la mano de Luna acariciar sus rizos
mojados y quiso correrse. Pero entonces Luna la acarició con tanta dulzura,
susurrando su nombre tan suavemente una y otra vez, que deseó que la agonía deliciosa durara para siempre. El
orgasmo la llevó hasta el centro de la galaxia, donde todo resplandecía con el
color de Luna. Todo era Luna.
***
“¿Tienes una nave espacial?”, preguntó Mar. Eran
casi las seis de la mañana y seguían tumbadas en la cama. Su aroma se combinaba
con el de Luna, sería difícil quitarlo de las sábanas y eso la alegraba.
“Me muevo entre dimensiones. No tengo un vehículo”
“Entonces si te regalo un cuadro, no tendrías dónde
colocarlo”
“Vería la manera de llevármelo conmigo al vertedero
de tiempos y espacios. Se movería conmigo, para siempre”
“Vale, así no me olvidarás nunca”
“Mar, yo nunca te olvidaré”
“Pero yo sí”
“Es correcto”
“No importa, marciana. Todo lo que ha pasado, vale
la pena. Volvería a olvidar mil veces para volverte a conocer”
“Eso no tiene sentido, pero creo que comprendo.
Gracias por enseñármelo todo, Mar”
“De nada, marciana”
“Mar”
“Dime”
“Esta noche no sólo conectamos los cuerpos. Pude
sentirlo todo al mismo tiempo. ¿Sientes lo mismo? ¿Siempre es así?”
Mar suspiró. Durante las últimas horas había suspirado
mucho. Claro que lo había sentido, ¡por las galaxias infinitas!, desde el
primer beso todo se sintió diferente a cualquier cosa. Observó a Luna, ¿cómo
podía ser tan bella?, era como una estatua renacentista esculpida en mármol.
Apenas las separaban unos centímetros, bastaría con estirar un poco la mano y
podría volver a tocarla. Pero entonces Mar supo que si lo hacía no iba a parar.
Y No. No era posible, porque aquello solo había sucedido como parte de sus
funciones de vínculo, como una especie de misión, se convenció. Luna ya podía
desear completamente y entonces ahora tendría que ir y poner en práctica con
Nora lo aprendido para salvar el mundo o algo así. Mar sintió una punzada que
se apresuró a reprimir. Cruzó los brazos para protegerse del pensamiento de
Nora tocando lo que ella se había encargado de preparar. Sintió náuseas y para
reprimirlas, tiritó.
“¿Tienes frío?”, preguntó Luna.
“Un poco”, mintió la terrícola. “Estamos desnudas
aún… supongo que es momento de vestirnos. Tú tienes que ver a Nora lo antes
posible”
“¿Nora?”
“Ya estás lista
para encontrarte con ella y ya sabes, repetir la experiencia”
“Yo no quiero hacer esto con nadie más. Vivirlo
contigo fue suficiente”
Mar vio a Luna. Vio en sus ojos que hablaba en
serio.
“No vas a permitir que Nora se vuelva loca y que tu
gente se meta en nuestros cerebros, Luna”
“Yo encontraría la manera de protegerte. Los demás
seres humanos son prescindibles”
“¿Hablas en serio?”
“No quiero vincularme a nadie más. No puedo”
“¡Copular!”, habló fuerte, Mar. “¡Tú llamas a las
cosas por su nombre, tú no tienes sensiblería, Luna! ¡Anoche sólo despertaste
las sensaciones y yo sólo te ayudé! Pero ahora que ya las conoces vas a ir y acostarte
con Nora y vas a enamorarte, porque no tenemos otra opción. ¿Entendiste?”
Luna se enderezó. Mar pudo ver que volvía a ser la
alienígena de siempre.
“Es correcto. Seguiré con tu plan”
“Entonces, vístete y vete, marciana. Un baño no te
caería mal”
Luna asintió, se vistió rápidamente y se fue en
silencio de la habitación de Mar.
Su aroma se combinaba con el de Luna y era tan malditamente
perfecto, pensó Mar, dejando caer la cabeza pesadamente sobre su almohada.
Jodidamente perfecto.
19
Si terminaba con lo que tenía enfrente, podría tener
tiempo suficiente para comenzar a vectorizar el segundo personaje. Eso sería
muy bueno porque entonces tendría más tiempo para la animación. Había hecho rendir las dos
horas que llevaba en la oficina, ¿solo dos horas? Le parecían muchas más, unas
cinco o seis, pero es que el tiempo ese día transcurría lento. Había llegado
antes que todos a su escritorio, como a eso de las siete y cuarto de la mañana,
porque su cama parecía catapultarla fuera. Pues sí, si la idea era dejar de
pensar en todo lo que pasó esa anoche, entonces era necesario tomar distancia
del sitio exacto en el que permanecía el aroma de Luna y el recuerdo de su
cuerpo. Probablemente nunca volvería a conciliar el sueño en esa cama. Ok, ya
estaba de nuevo ahí su tendencia a la exageración. Pero es que sí.
Independientemente de todo lo improbable que sería volver a tener una
experiencia íntima con un ser alienígeno, para tener punto de comparación,
hacer el amor con Luna había sido incomparable con cualquier cosa. Pero no era
momento de pensar en eso, había que pensar en vectorizaciones.
Una hora más pasó. No tenía idea de dónde estaba
Luna. La verdad se había escabullido de la casa sin avisar. Tenía entre temor y
esperanza de que Luna apareciera en su oficina. Claro que ella la había mandado
con Nora a arreglar el flujo de la realidad; entonces tenía entre temor y
esperanza de que estuviera con la escritora.
No estaba celosa, sería muy estúpido estar celosa,
porque los celos son cosa que ella había aprendido a controlar al haber estado
media vida enamorada de su mejor amiga heterosexual con novio. Estaba entrenada
en eso de dejar ir a las personas de su lado. Pero es que Luna no era una
persona, era una marciana, su marciana y ¡basta! No estaba celosa porque
aquello tenía que pasar con Nora y
finalmente, Nora era su creadora y pues así era aquello. Un bien
superior. Un estúpido bien superior.
¡Claro!, ahora le importaba… hacía unas horas el
bien superior había valido mucho menos que una garrapata y se había ido a la
cama con Luna. Fue hasta que recuperó la razón que se dio cuenta del enorme error
que habían cometido. A lo mejor hubiera
bastado con enseñarle fotografías porno a Luna para despertar su deseo, pero
no, se había dejado embriagar por una Luna confundida por sus sensaciones
primitivas y las insinuaciones de Sara. ¡Todo era culpa de Sara! Si no la
hubiera besuqueado de aquella manera frente a Luna, la galáctica no se habría
hecho malas ideas y si no la hubiera dejado a ella con ganas, no hubiera
procurado saciarse con Luna. Ok, no, aquello era lo más tonto que había
pensado. No era culpa de Sara, no era culpa de Luna, no era culpa de nadie.
¿Estaría con Nora?
¿Lo averiguaría?
Quizás podría marcar y preguntar y simplemente salir
de dudas.
Marcó a su casa. Hugo contestó de inmediato.
“¡Fea! Te teletransportaste el día de hoy. No te vi
por la mañana y eso que salí a correr apenas amaneció”
“Hey… hoy tenía que estar en la oficina más
temprano”, mintió.
“¿Y qué tal? ¿Todo bien?”
“Sí, claro, todo bien. ¿Qué no tendría que estar
bien? Yo estoy perfectamente”
“Válgame. ¿Algo va tan mal?”
“Ya te dije que no”
“Sí, quedó claro. Bueno, ¿para qué llamaste? ¿Te
paso a tu mamá, papá, prima extraña?”
“¿Todos están en casa?”
“De hecho no. Nadie. Solo intentaba sacarte con
quién van mal las cosas”
“Buena táctica. Pero no va nada mal con nadie… ¿Luna
salió muy temprano?”
“De hecho no. Hace apenas unos quince minutos. Y ya
que la mencionas… Mar, yo la vi un poco rara. Osea, ella es rara en sí misma,
rara sexy, pero hoy parecía como perdida. La descubrí poniéndole mayonesa al
pan, en lugar de mantequilla. Se lo comió como si nada. ¿No es terrible que
haya alguien que no tenga problemas con las calorías? ¿Mi comentario fue
demasiado gay?”
“Bastante gay, sí.”
“¿Pasó algo entre ustedes?”
“¿Por qué lo preguntas?”
“¿Lo dices en serio? ‘Mar es la única que puede
enseñármelo todo… yo soy su Luna’”
“Buena imitación. Pero la voz de Luna no es tan
chillona”
“¿Qué pasa entre ustedes?”
“Nada”
“Ese nada sonó a todo”
“¿Podemos hacer de cuenta que no fue así?”
“Claro. Podemos hacer de cuenta lo que quieras, pero
tarde o temprano las cosas encuentran su cauce, sobrinita.”
“No siempre es así. Una toma decisiones y es todo lo
que hay”
“Vale. Lo que tú digas, hasta la tarde”
“Hasta la tarde”
Y lo que había era apoyar, guiar y olvidar a Luna.
Durante el resto del día estuvo tentada varias veces
a comenzar comunicación telepática. Pero se resistió bastante bien. Apenas
había recurrido a tres cigarrillos para la ansiedad. Y también había terminado
todo el trabajo pendiente. Y ahora le esperaba una tarde torturante en casa
porque Luna no había llegado. Afortunadamente, despedir a Hugo la mantendría
ocupada. Desafortunadamente, detestaba despedirse de su tío. Hugo, también
pésimo para las despedidas, sugirió a Mar fueran a dar una vuelta a la ciudad en
la moto. Como la mamá de Mar sentía nostalgia por la partida de su hermano, no
fue tan difícil convencerla de que los dejara partir.
Mar agradecía el aire contra el casco y también agradecía
el ruido del motor que servía de cortina a sus propios pensamientos. Aquel
simulacro de libertad le ahorraba perderse en su mente.
Habrán conducido por la ciudad unos cuarenta y cinco
minutos, hasta llegar al mirador habitual. Hugo habló un par de veces sobre
volver a la ciudad pronto y Mar prometió visitarlo en cuanto le fuera posible.
Ambos entendieron, en el consecuente silencio, que sería difícil mantener esas
promesas, no era casual que se vieran pocas veces durante el año.
Mar deseó no tener más razones para estar triste esa
tarde. Bueno, tampoco podía ponerse en actitud trágica, todo tiene un fin;
todas las visitas tienen un fin, las familiares y las intergalácticas, se
convenció. Hugo le preguntó si quería helado. ¿Qué clase de pregunta era esa?
Siempre era buen momento para helados, sobre todo en mitad de una despedida.
Entonces montaron de nuevo y se dirigieron a su gelatería favorita.
Mar examinaba los trozos de chocolate de su helado
de chocolate y menta, sentada en una banqueta. Se había dejado convencer por
Hugo de probar algo nuevo, para variar. No estaba mal, de hecho no estaba nada
mal. Por su parte, Hugo no estaba tan contento con el sabor café almendrado, al
parecer estaba amargo. Mar se burló de su mala elección, presumiendo la delicia
del suyo. Hugo guardó silencio. Vamos, no era para tanto, solo puntualizaba que
eso le ocurría por presionar a las
personas a probar cosas diferentes. Hugo continuaba callado. Mar sintió un
escalofrío de anticipación y volteó a verlo de frente. Su tío tenía la mirada
fija, perdida.
“Hey, ¿qué te pasa?”
Preguntó Mar y luego sintió pavor al reconocer un
velo blanco dentro de los ojos de su tío.
Hugo dejó caer su cono de helado.
Mar lo tomó
por los hombros dispuesta a sacudirlo.
“En tu lugar, no lo moveríamos”
Angustiada, levantó la vista hacia la voz. Ahí
estaban los tipos de la cafetería, los que comían cacahuates, amenazantes. Mar
se quedó paralizada de miedo. Sintió un vacío en el estómago cuando uno de los
sujetos retiró una enorme aguja de la parte trasera de la cabeza de Hugo. Mar
vio cómo los ojos de su tío se cerraban y su cabeza caía hacia adelante,
inconsciente.
“Considera esto una advertencia. Los humanos son tan
frágiles…”
Mar no supo si los hombres desaparecieron o si se
alejaron caminando, de lo único que fue consciente es que gritó por ayuda, la
gente los empezó a rodear y un rato después, las sirenas de una ambulancia se
abrían paso por la calle.
Todos estaban en la sala de espera. Todos menos Luna.
Su mamá sorbía su quinta lata de soda sabor limón en menos de dos horas y su
papá detenía a cada médico que pasaba cerca. Nadie tenía información. Al
parecer Hugo había sufrido una especie de accidente vascular en el cerebro y su
estado era delicado. Mar abrazaba sus dos piernas sobre la silla de la que no
se había movido desde el momento en que llegó al hospital. En su cabeza repetía
una y otra vez la imagen de aquel ser extrayendo el utensilio de la cabeza de
Hugo. ¿El monstruo ese había sonreído mientras hablaba de la fragilidad humana?
Mar no estaba segura. ¿Dónde estaba Luna? La había llamado mentalmente varias
veces y nada. ¿Estará bien? Quizá esos loquesea también tenían a la marciana o
se la habían llevado para siempre y quizá nunca volvería a verla. ¿Por lo menos
podría recordarla? ¿No podría ni despedirse? ¿Qué le estaban advirtiendo? ¿Por
qué a ella? ¿Por qué a Hugo? Hugo no tenía nada que ver con el asunto
intergaláctico, ni siquiera conocía más que de vista a Nora. Nora era el problema, ¿cierto?
Entonces que fueran a advertirle a Nora, no a ella, no haciéndole daño a su
familia.
“Necesitas un cigarro y café”
La voz de Sara la arrancó del abismo de dudas en el
que estaba perdida.
“No quiero moverme de aquí”
“Me lo imaginé, por eso ya traje el café. Sin
pensarlo rompería la ley antitabaco por ti, pero es un hospital y es
desconsiderado”
Sara le extendió un vaso desechable.
“Ten cuidado, está caliente”, advirtió la recién
llegada.
“Gracias por venir”
“Oye, eso no se agradece. Sabes que siempre estaré
para ti. No debiste pensarlo tanto antes de llamarme”
“Ahora lo sé”, y lo sabía, porque la cercanía de
Sara era reconfortante. Sara la rodeó con sus brazos y recargó su cabeza en la
de Mar.
“Puedes hacer de cuenta que soy una cobija humana”
Aquel comentario, bien intencionado, Mar lo sintió
como una patada en el estómago.
“Mar, todo va a estar bien”
“No puedes saberlo”
“Creí que era lo que necesitabas escuchar”
“Solo abrázame. Solo eso…”
“Lo que necesites”
***
Estaban de nuevo solas en su habitación. Luna lucía
bellísima, más que de costumbre. Algo había cambiado en ella y la hacía
resplandecer. Nora deseó que aquel momento se congelara para poder describirlo
detalle a detalle durante toda la eternidad. Sin duda, contemplaría a Luna hasta el infinito. Aunque la galáctica
estaba callada, la escritora estaba conforme observándola, así que permitió que
Luna se sentara en silencio frente a ella, sorbiendo lentamente un vaso con
agua. Aquello se parecía mucho a la felicidad, pensó Nora. Tenerla cerca era
suficiente, poder verla era suficiente; su búsqueda había terminado, Luna era
real. Sí, aquello se parecía a la felicidad.
“¿Por qué sonríes?”, preguntó Luna, cortando el
silencio.
“Porque soy feliz”
“¿Por qué eres feliz?”
“Porque estás conmigo. Estar cerca de ti me hace
feliz”
Nora pudo notar la sorpresa y luego comprensión
dibujadas en el rostro de Luna.
“Siéntate junto a mí, Nora”
Nora obedeció enseguida, aun sonriendo, y entonces
Luna besó esa sonrisa.
Cuando se separaron, Nora no estaba sonriendo más.
Mantenía los ojos cerrados y su respiración era ligeramente más pesada.
“¿Estás bien?”, preguntó curiosa la galáctica.
“Sí. Es solo que no me habías besado así”
“¿Estuvo mal?”
“No, no, no. Estuvo muy bien”
“¿Puedo besarte más?”
“Si es lo que quieres, sí”
Y Luna la besó más. Más segura, más fuerte, más
profundo, más húmedo. Nora sentía que su corazón en cualquier momento saldría
disparado de su cuerpo. Luna era apasionada y si seguía besándola de aquella
manera, pronto los besos no serían suficientes.
“Luna…espera. ¿Sabes lo que me provocas?”
“Deseo”
Nora fue silenciada con una nueva ola de besos,
tanta o más intensa que la anterior. Pronto el cuerpo de Luna sobre ella la
tenía presa en su cama. Las manos de Luna comenzaron a moverse libremente por
su cuerpo y Nora podía sentir cómo la razón se le escapaba, cómo cada poro de
su piel se volvía totalmente sensible al mínimo roce de su musa.
“Luna…”
“¿Qué ocurre?”
“Es la primera vez que estoy con una mujer… es
decir, sé que solo es una forma que tomaste, pero te ves como una mujer”
“¿Tienes problemas con mi corporalidad?”
“No… es sólo que no sabré qué hacer…”
“Yo sí. Déjame guiarte como hicieron conmigo”
Luna comenzó a desvestirla. Aquello se sentía
delicioso. Luna era delicada, considerada y también parecía saber exactamente
lo que hacía, segura, seductora.
“Luna, Luna, espera… ¿te han guiado? ¿Has estado con
una mujer? ¿Has estado con un ser humano?”
Nora estaba confundida. Luna no tenía tanto tiempo
en el mundo, así que si se había acostado con alguien más, tendría que ser
reciente. Sabía que su vínculo terrestre era una experta en búsqueda y
conquista de mujeres y que Luna estaba interesada en esa característica
específica, pero de ahí a que se hubiera ya ido a la cama con alguien le
pareció poco congruente con la Luna que conocía.
Luna guardó silencio sin bajar la mirada, aún sobre
Nora.
Nora comprendió. Comprendió más de lo que le hubiera
gustado entender. Sintió una punzada al saber que alguien antes que ella había
tocado a su musa de aquella manera, pero se recompuso. El cuerpo de Luna pegado
al suyo, sirvió para olvidarse de que ella no era la primera. Nora sonrió y
Luna aceptó la invitación.
***
Hugo no despertaba, pero por lo menos sus signos
vitales se habían estabilizado. Al parecer ese tipo de lesiones ocurrían en un
porcentaje muy bajo de gente joven, pero precisamente la juventud le daba
mejores oportunidades de no tener secuelas graves. Seguramente era un mal
congénito que no se había detectado. Según los médicos, tenía suerte de haber
llegado con vida al hospital. La familia sintió un ligero alivio con la
estabilidad de Hugo, pero Mar continuaba totalmente preocupada. Solo ella sabía
qué era lo que había ocurrido. La idea de un viajero galáctico superior
rebanando el lóbulo temporal de su tío, con una gran aguja, le daba ganas de
llorar de angustia y espanto.
Además, continuaba preocupada por Luna, quien seguía
sin entrar en contacto. Su papá había dejado una nota para la galáctica
comunicándole lo ocurrido y la dirección del hospital para que los alcanzara,
pero nada, lo cual significaba que tampoco había llegado a casa. ¿La tendrían
ellos? Mar no tenía idea de dónde comenzar a buscarla si era así, pero
encontraría la manera, porque no permitiría que algo le pasara a Luna, así
tuviera que moverse por tiempos y espacios.
Sara se mantenía a su lado. No había soltado su mano
mas que para lo esencial. Mar aceptaba el gesto, pero conforme su
cuasinoviaamanteloquesea se portaba más considerada, como nunca, valga decir,
sentía un gusano de culpa dentro de ella. Si bien no eran tantas, sí se había
acostado con algunas mujeres durante su vida, pero sus sentimientos por Sara
nunca habían flaqueado, siempre le había sido fiel en su corazón sin tener la
mínima esperanza de estar con ella. De hecho, aun cuando se había tratado de
una novia más o menos formal, con la que había estado muchas más veces que una
noche, hubo momentos en los que a propósito cerraba los ojos para ver a Sara. Sin embargo, con Luna solo habían sido ellas
dos. En serio, como si un pedazo de realizad se hubiera sesgado del resto para
que una pudiera existir en el cuerpo de la otra. Mar suspiró porque el
pensamiento le parecía cursi y a la vez verdadero, lo cual, nuevamente,
significaba que estaba realmente jodida con el asunto. ¿Por qué justo ahora que
podría tener a Sara para ella sola?
“Hugo va a estar bien; es demasiado molesto… no se
irá de este mundo sin dar guerra”
Sara logró dibujar en Mar una pequeña sonrisa. “Oye,
en serio. Vamos a pensar en otra cosa un momento, los doctores dicen que está
estable y tiene buenas posibilidades. Tratándose de la cabeza, esas son buenas
noticias”
Mar se esforzó para repetir la débil sonrisa.
“Es en serio, mejor pensemos en otra cosa. ¿Dónde
está tu perro faldero?”
“¿Ah?”
“Luna, es raro no verla por aquí”
“Sí…”
“¿No sabes dónde está?”
“No”
“Mar, ¿quieres que vaya a buscarla o algo?”
“No. No. No. Quédate conmigo”, pidió Mar, porque no
podría con otra desaparición o no-accidente vascular. No es que pudiera hacer
mucho si alienígenas superiores decidían atacar a Sara, pero por lo menos
mantener contacto físico y visual con ella, le daba tranquilidad.
Su papá, con la cara enrojecida por la emoción, se
acercó hasta donde se encontraba con Sara. Los médicos habían informado que
Hugo estaba despierto y aunque tenían que volver a dormirlo para vigilar la
evolución del episodio, primero harían unas pruebas y un familiar podía verlo.
Obviamente no sería Mar, sino su mamá, pero con todo y que no podría verlo, que
estuviera despierto y evaluado óptimo para realizarle análisis, le provocó a
Mar un vuelco en el corazón de alivio.
“¿Ya ves? Es un tipo demasiado molesto para morirse”
Mar se lanzó a los brazos de Sara.
“No llores”, susurró su cuasinoviamanteloquesea,
pero Mar no podía controlarse. Tampoco es que estuviera llorando fuerte, de
hecho tendía a llorar con decoro. Lloraba de alivio, sí, pero también de miedo,
de frustración, de preocupación y sobretodo de impotencia.
“Mar, Sara. ¿Están bien?”, preguntó Nora,
deteniéndose frente a ellas, después llamó en voz más alta, “Luna, ¡están por
aquí!”
Aparentemente la galáctica y Nora se habían separado
con el fin de buscar con mayor
eficiencia por el hospital.
Apenas verlas, Luna se puso en cuclillas frente a
Mar, para buscar su rostro, hundido en el pecho de Sara.
“¿Estás bien?”
Mar deshizo el abrazo de Sara, atraída por la
urgencia y preocupación en la llamada de Luna. Inmediatamente, Luna atrajo a
Mar hacia sí y como por instinto comenzó a acariciar su cabeza y depositar
suaves besos en su cabello.
Mar se dejó hacer, doblemente aliviada por la
presencia de Luna; la galáctica estaba a salvo y el vínculo le proporcionaba
tranquilidad.
“Estaba preocupada, no supe nada de ti”, dijo Mar,
aspirando el aroma a brisa que la invadía.
“¿Por qué no me llamaste?”, Luna parecía decidida a
no dejar hebra de cabello sin acariciar o besar.
“Lo intenté mil veces, pero no tuve respuesta. Quizá
estabas muy lejos”
“Eso no es posible. No importa la distancia, nuestro
vínculo es más fuerte que cualquier tiempo y espacio, recuerda”
“¿Podrían haber sido ellos? Ellos estuvieron ahí,
Luna, ellos le hicieron eso a Hugo”
“No entiendo qué es lo que sucede, pero averiguaré
todo lo posible, Mar. Confía en mí”
“Confío en ti”
“Sé que es una situación extraordinaria, pero,
¿podrían explicarnos qué ocurre?”
La voz de Sara devolvió a Mar y Luna a la sala de
hospital.
“Es imposible
explicarte por qué, pero es probable que lo que le ocurrió al tío de Mar no sea
lo que los médicos dan por hecho”, contestó Luna.
“Sí, bueno… eso es extraño y sin duda me interesa
saber por qué llegas a esa conclusión, pero me refiero a ¿qué sucede entre
ustedes dos?... es decir, ya fueron muchos besos y suspiros. Nora no dice
mucho, pero estoy segura que ella y yo merecemos un poco más de respeto”
Mar se separó de Luna como si de pronto le provocara
urticaria.
“No es momento para ese tipo de comentarios, Sara”,
puntualizó Mar. Sin embargo, se puso de pie alejándose de Luna todo lo posible
y colocándose junto a Sara, quien se apresuró a tomarla de la mano.
Por su parte, Nora se acercó a Luna para ayudarla a
incorporarse. Luna aceptó la ayuda y en cuanto estuvo de pie fue estrechada en
un abrazo de la escritora, un abrazo muy dulce, cabe señalar.
Frente a frente, las dos parejas aguardaban en
silencio a que algo ocurriera para evitar más incomodidad.
“Y entonces… ¿dónde te habías metido, Luna?”
Preguntó Sara, con malicia.
“Lo siento, estaba conmigo. Perdimos la noción del
tiempo. Cuando llegamos a casa de Mar, vimos la nota que dejó su papá y nos
dirigimos aquí lo más rápido posible”
“Pierdes la noción del tiempo cuando estás con
alguien a quien amas, ¿cierto, Luna?”, insistió Sara con la malicia.
“Fue mi culpa”, se apresuró a intervenir Nora, “Mar,
yo debí darte mi número de celular hace tiempo, ha sido una verdadera
imprudencia estar incomunicadas tú y yo”
“No te preocupes, Nora. Ya están aquí y eso es lo
importante”, señaló Mar, viendo a Nora. Sin embargo estaba más interesada en
examinarla en su interacción con Luna. Evidentemente intercambiaban más roces
casuales, sin contar con la completa adoración en la mirada de Nora.
“Es una lástima que su primera vez juntas sea
opacada por un evento desafortunado como éste”
¿Por qué había dicho aquello Sara? ¿En verdad era
tal su aversión por Luna?, se cuestionó, Mar. Había sido un ángel todo el día y
ahora estaba en verdad sacudiéndolo todo (claro que Sara no sabía que también
la sacudía a ella). Sara no tenía derecho a evidenciar que la intimidad de Nora
era de conocimiento público. Mar volteó hacia Sara para decirle algo, que se
callara o se fuera y que ese no era ni el momento ni el lugar para hablar de
esa manera, pero entonces la voz dulce de Nora la interrumpió.
“No. No hay nada lastimoso en lo que Luna me mostró
hoy. Lamento profundamente la situación con Hugo, Mar, créeme que no soy
insensible al difícil momento que atraviesa tu familia, pero ya que Sara sacó a
colación mi vida privada, entonces me siento en la libertad de decir que Luna
me hizo inmensamente feliz”
“Vaya”, dijo Sara, “supongo que fui muy pretensiosa
al querer avergonzarte. Bien dicho, Nora. Me alegro por ti. La virginal e
inexperta Luna, entonces, tuvo buenos instintos”
La mirada de Nora fue evidente para Sara.
“¿Vamos por café para nuestras primas favoritas?”, sugirió
Sara a Nora.
“Vamos”, estuvo de acuerdo la escritora.
Mar tomó asiento de nuevo, el ánimo hasta los
suelos. Luna tomó asiento junto a ella.
“Mar, ¿qué fue lo que ocurrió?”
“Estábamos comiendo helado. Entonces, Hugo se quedó
como petrificado y escuché la voz de uno
de esos seres, levanté la vista y vi que extraía una especie de tubo muy
delgado desde detrás del cuello de Hugo. Me dijo que era una advertencia y
entonces Hugo se desmayó y henos aquí”
“¿Una advertencia?”
“Eso dijo. Creí que tú entenderías”
“No hay razones para enviar una advertencia de ese
tipo, mucho menos a ti. Me parece que fue una amenaza, Mar… pero para mí. Me
advierten que serás la siguiente”
Mar pudo ver de nuevo toda la desesperación invadir
a Luna.
“Calma… calma, marciana. Eso no lo sabemos, solo
estamos interpretando un mensaje críptico…”
“¡No uses esa palabra!, es de ella… de ella”
Luna casi había gritado, casi.
“Bien, bien, no usaré esa palabra… pero cálmate, que
no es para tanto, Luna. Eso que sientes, esa desesperación es normal en
situaciones como esta, pero tienes que calmarte, ¿de acuerdo?”
“Mar… ¿y si te hacen daño?”
“De nuevo con eso… no sabemos bien qué es lo que
quieren esos sujetos. Hugo ya está estable y eso es bueno, ¿de acuerdo? Vamos a
concentrarnos en eso y vamos a estar bien”
“Tú no puedes saber si vamos a estar bien”
“Pero necesito que lo creas tú, porque tú eres la
única que puede hacer algo al respecto. ¿De acuerdo, marciana?”
“Mar, haré todo lo posible”
“Sé que lo harás”
Luna y Mar se encontraron con la guardia baja y
entre el poco espacio que las separaba apareció una como fuerza magnética que
las atraía la una a la otra, bueno, no era una fuerza magnética, sino el
impulso de lo inevitable. Sin darse tiempo para racionalizarlo, sus labios
estaban unidos. Las manos de Luna sostenían el rostro de Mar; las de Mar, se
aferraban a la cintura de Luna. Hacía horas que necesitaban ese beso, que
querían ese beso.
Mar fue la primera en reaccionar y alejar a Luna,
poniendo entre ellas un par de asientos vacíos, sin importar que el movimiento
fuera exagerado. No resistía estar cerca
de la galáctica, era demasiado.
“Así que lo hiciste, te acostaste con Nora”
“¿Lo viste?”
“El vínculo… me he vuelto muy buena con eso”
“Tú lo pediste”
“Sí, buen trabajo, marciana. Por cierto… no solo vi
eso… ahora también sé que tus superiores no tuvieron nada que ver con la falla
en la comunicación mental entre tú y yo. Estabas vinculándote con ella. Eso nos
debilitó”
Luna y Mar guardaron silencio. ¿Es que Sara y Nora
habían ido a tostar ellas mismas el dichoso café?
“Mar… estás llorando”. Luna quiso ir junto a Mar,
pero esta última levantó una mano para indicar que no lo intentara, que se
quedara en su sitio.
Y lo estaba,
llorando, digo. Las pocas lágrimas que se escabullían de sus ojos
rodaban con sutileza.
“No es nada, Luna. No hagas caso”
“¿Por qué lloras? ¿Por Hugo? Él va a estar bien”
“Lloro por Hugo, sí, pero también porque los seres
humanos no siempre hacemos lo que queremos hacer”
“Lo sé”
“Es una pena que lo sepas”
“Lo sé”
***
“De virginal e inexperta, entonces, Luna no tuvo
nada”
“Nada. Sabía lo que hacía porque alguien la había
guiado antes”
“Esto no está nada bien, Nora. Apenas ayer Luna nos
dijo que nunca había estado con alguien”
“Eso reduce mucho a las posibles guías”
“Solo a una, de hecho. Y bueno… se supone que esa guía
era solo mía”
“Sara, si estoy hablando de esto contigo, es porque
ambas queremos lo mismo y espero que tú, como yo, no estés dispuesta a renunciar
a quien amas”
“¿En serio? Yo pensaba que eras del tipo: si amas
algo, déjalo ir”
“Yo no puedo vivir sin Luna. La necesito en todos
los aspectos de mi vida. No voy a renunciar a ella después de tanto. No ahora.
¿Tú renunciarías a Mar?”
“No. Pero yo soy una estúpida egoísta”
“No somos muy diferentes, Sara”
“Si tú lo dices, debe ser cierto”
“Solo necesitamos que vean cuánto las necesitamos y
todo lo que sentimos por ellas. Tienen que ver que nuestra perseverancia es más
fuerte que un momento de intimidad entre ellas”
“Bien. Alejaré a mi Mar de tu Luna.”
“Cuento con eso”
Nora y Sara llegaron al encuentro de las otras dos,
les entregaron el café y ocuparon los dos asientos disponibles. Sara y Mar conversaban
sobre cualquier cosa, mientras Nora mantenía su cabeza sobre el hombro de Luna,
en silencio. Casi era media noche cuando la mamá de Mar sugirió que las cuatro
fueran a descansar. Hugo había hablado bien, respondía satisfactoriamente a las
pruebas de sensibilidad y parecía que no había secuelas del episodio. Estaría
bajo observación tres días, pero en un par de horas dejaría cuidados
intensivos. Mar no quería dejar el hospital, pero dejó que los argumentos de su
mamá y Sara la convencieran.
“De acuerdo, mamá. Vamos a casa”
“No. No. Tú y Luna van a casa. Tu papá y yo nos
quedamos acá. Es mi hermano, es mi obligación cuidarlo y tu papá no quiere
dejarme sola… Voy a estar tranquila porque vas
a estar con Luna. Vayan las dos,
descansen. A lo mejor mañana tú te quedas con Hugo y necesito que estés fresca”
Su mamá depositó un beso en su frente y luego se
despidió de Luna, Nora y Sara.
“Ya escuchaste a tu mamá. Ambas a casa”
Sentenció Sara, tomando su bolso, la mano de Mar y
caminando decidida hacia la salida. Las cuatro tomaron un taxi, en silencio; se
habían arreglado para caber en la parte trasera todas juntas. Nadie quería
ocupar el asiento delantero.
Sentadas en la cocina de Mar, las cuatro veían sin
ver la pequeña televisión que la mamá de Mar utilizaba únicamente para el
noticiario matutino.
“Ni siquiera tengo limonada que ofrecerles… tengo
agua, ¿quieren agua?”, rompió el silencio Mar.
“Yo sí”, aceptó Luna. Nora y Sara rechazaron la
oferta.
“Es tarde. Pediré un taxi”, dijo Nora.
“Si quieres, puedes quedarte”, dijo Mar mientras
servía agua para Luna. “Tú también, Sara”
“Me encantaría quedarme, pero no voy a comenzar a
ser tu novia, rompiendo las reglas de tu casa”. Sara se acercó a Mar por la
espalda, rodeándola con los brazos.
“¿Mi novia?”, preguntó Mar.
“Mar, te quiero”, fue lo que alcanzó a responder
Sara, besando el cuello de la diseñadora.
“Yo también te quiero”, contestó Mar, aturdida (más
por lo de novia que por el beso).
“Bien. Nora, que sean dos coches, por favor”
Nora hizo el pedido, mientras las cuatro volvían a
tomar asiento en el comedor. A los 10 minutos, un claxon anunció que el
transporte estaba esperando.
La primera en despedirse fue Nora, demorándose un
poco más en abrazar a Luna. Sara también se despidió besando suavemente a Mar.
“Te llamaré mañana”, declaró Mar.
“Cuento con que lo hagas, cariño”
Sara y Nora se fueron.
“Dime paranoica, pero creo que ellas creen que algo
pasa entre nosotras”, dijo Mar, acomodando
las sillas en su lugar.
“Tu sospecha es injustificada. Fui cuidadosa de no
comunicarle a Nora lo que pasó entre nosotras”
“¿Qué pasó entre nosotras, Luna? Es decir, ¿qué
significó para ti?”
“No comprendo tu afán de puntualizar una y otra vez
que simplemente despertaste mi deseo para poner en práctica el plan de
vincularme fuertemente con Nora”
“Solo estaba checando que siguieras siendo tú, en tu
versión marciana. Y bien… funcionó ¿cierto? ¿Ya estás enamorada?”
“Es verdad que esta tarde solo pensé en Nora. Algo
cambió entre nosotras, sin duda. Copular con ella fue una experiencia muy…
conmovedora”
“Sí, ya suponía que Nora sería dulce”
“Fue diferente, Mar”
“¿Diferente?”
“A ti”
“En serio, Luna, entiendo que seas una alienígena y
no comprendas este tipo de cosas, pero
no estoy segura si soy capaz de aguantar una comparativa entre mi forma de
tener sexo y el de tu novia. Sobre todo porque técnicamente estuviste con las
dos el mismo día…”
Luna guardó silencio. Mar continuó. “No me
malinterpretes, está bien, yo fui quien insistió en ese punto. Es solo mi
orgullo hablando. Pero mira, ya respiré, entonces es momento de que arreglemos
este asunto de una vez. Tienes que ir a hablar con tus superiores y mostrarles
que entre Nora y tú el vínculo se ha vuelto más fuerte. Y si no es mucho pedir,
exígeles que dejen de meterse con mi gente, no tienen por qué advertirme nada.
Yo no soy más que tu vínculo de materialidad, eso es todo. Diles que me dejen
tranquila”
“Eso es lo que haré”
“¿Ahora mismo?”
“Ahora mismo”
“Bien… ¿entonces por qué no vas de una vez?”
“Necesito… sentirte… para cobrar energía”
“¿No nos vinculamos ya lo suficiente?”
Luna bajó la mirada. Mar sacudió la cabeza.
“Marciana, tranquila, en serio. Las cosas no tienen
que ponerse raras entre nosotras. Si necesitas energizarte, abrázame o besa mi
barbilla sin vergüenza. Ven”
Luna se acercó hasta Mar, sin embargo, parecía
incapaz de tocarla. Entonces, Mar tomó la iniciativa, cerró sus ojos y levantó
el mentón. Pero entonces sintió que Luna la abrazaba.
“No puedo, Mar. No puedo posar mis labios en ti sin
tener necesidad de más”, susurró la galáctica en su oído.
Mar chistó, apretando el abrazo y luego
deshaciéndolo.
“Anda, ve a tu cosa alienígena”
“¿Quieres acompañarme?”
Mar asintió y ambas subieron al segundo piso, a la
habitación de Luna. Luna convocó la galaxia y abandonó su cuerpo, mientras Mar,
sentada sobre el suelo pensaba en todo lo que había ocurrido las últimas 24
horas. Ojalá pronto se acabe todo, ojalá, deseó al ver pasar una
partícula-estrella fugaz.
20
Mar abrió los ojos. Luego sintió un tirón en su
espalda y cadera. Mar estiró todo lo que pudo su cuerpo. Seguía en el piso. Se
había quedado dormida en aquella posición. Eso significaba que Luna no había
regresado, ¿o sí? Dirigió la vista hacia la cama, donde había visto el
cuerpo-recipiente de Luna la noche anterior. Como había supuesto, el cuerpo
parecía vacío todavía. Mar se desperezó, eran apenas las 6 de la mañana.
Curiosamente no le preocupaba que Luna se hubiera
ido o la hubieran llevado para siempre, porque todavía podía recordar todo
sobre la galáctica. Además, esos alienígenos superiores no dejarían un cuerpo
blanquecino tibio abandonado en el planeta tierra. Se trataba de pasar
desapercibidos, ¿no?
Dio un par de vueltas alrededor de la habitación,
pensando en qué hacer para no desesperarse. Marcó a su mamá para saber cómo
había amanecido Hugo. Sin novedad. Eso era bueno, sí. Pensó en dibujar, pero no
tenía suficiente cabeza como para ponerse creativa.
Leer, ¡eso!, podría leer cualquier cosa que ya
hubiera leído, así no tendría que poner tanta atención y ayudaría a pasar el
tiempo. Fue a su habitación y comenzó a recorrer el librero cundido. Mientras
repasaba los lomos conocidos empezó a ser consciente de la repetición de cierto
nombre impreso en ellos. Su corazón comenzó a acelerarse. Ya todo giraba en torno
a Nora, como para que además estuviera su nombre por toda su recámara. Sin
pensarlo mucho, corrió escaleras abajo hasta la despensa. Tomó una caja.
Regresó a su cuarto y comenzó a colocar en ella, descuidadamente, cada ejemplar
de la autoría de la escritora. Puso dentro hasta el ejemplar que le había
regalado Sara, sin importarle mucho el valor sentimental que pudiera tener.
Eran alrededor de ocho o nueve libros. Los observó dentro de la caja. ¿Qué
haría con ellos? Pensó en ponerlos bajo la cama. No, no era buena idea porque
entonces, algún día, mientras estuviera barriendo debajo, podría saltarle uno
como un alacrán (¿los alacranes saltan?). ¿Y si los quemaba? No. Tampoco valía la pena
el riesgo de comenzar un incendio; además, árboles habían muerto para hacer el
papel en el que estaban impresos y el hecho de que no quisiera a Nora rondando
por su librero, no significaba que fuera mala escritora, así que alguien más
podría aprovechar los libros. Sin embargo, no quería donarlos, ni regalarlos.
Los libros de Nora no le inspiraban comportamiento filántropo. Su corazón se
aceleraba más mientras contemplaba la caja llena. Entonces la llevó hasta su
ventana; la abrió de par en par y se fijó cuidadosamente en que nadie estuviera
siendo madrugador por la calle. Y entonces, uno a uno, dejó caer los libros. Si
alguien los encontraba, bien. Si la sanidad municipal los levantaba, bien. Era
reconfortante escucharlos rebotar contra el pavimento.
Después, más tranquila y corroborando que no había
roto la cabeza de nadie, regresó hasta Luna, todavía ausente. Se dedicó
entonces a observar la galaxia flotando, no había nada más interesante qué
hacer. Si ella pudiera moverse entre tiempos y espacios, ¿su galaxia también
sería dorada con un centro blanco? Ella sin duda preferiría colores más vivos y
menos… menos… aristócratas. Sí, esa era la palabra. Aunque vaya que con Luna
combinaban.
Bueno, no se iba a quedar ahí todo el día. Podría,
pero probablemente entraría en crisis de ansiedad si lo hacía. Bajó entonces a
la cocina. Con total calma hizo una enorme jarra de limonada (batalló para
colocarla en el refrigerador) y luego fue a la sala, encendió la televisión y
esperó.
Mar volvió a despertarse cerca del mediodía. La casa
seguía hundida en silencio. ¿Acaso Luna se demoraría mucho más? Y pues sí. Ahí
seguía el cuerpo vacío, tendido. Entonces decidió tomar un baño. Luego se
vistió y comprobó si los libros seguían dispersos por su acera. Solo quedaban
3. Perfecto.
En su celular había cinco llamadas perdidas de Sara.
Definitivamente no estaba de humor para hablar con Sara pero bueno, anoche las
cosas habían quedado raras y estaba eso de que “novia” y pues marcó el número
rápido.
“Hola”, contestó enseguida Sara.
“Hey. Disculpa por no contestar, dejé el teléfono en
mi habitación y me quedé dormida”
“¿No dormiste en tu habitación?”
“No. Me quedé dormida en la sala. Me desperté muy
temprano, encendí la televisión y parece que la tomé como arrullo”
“Ya veo. Mar, ¿necesitas algo? ¿Quieres que te lleve
comida? ¿Quieres compañía?”
“La verdad es que no”
“Ya veo”
“Escucha, no estoy siendo grosera contigo a
propósito, ni nada por el estilo. Ni te estoy rechazando. Solo estoy cansada, y
tengo muchas cosas que atender y aquí tengo suficiente comida y ahora también
mucha limonada…”
“Entiendo”
“Podemos vernos en la noche, si quieres, o mañana.
Sin pretextos”
“De acuerdo. ¿Cómo está Hugo, has hablado con tu
mamá?”
“Sí, en la mañana, muy temprano. Está estable, sin
novedades. Al parecer sí serán solo tres días el tiempo que lo tendrán
ingresado”
“¿Eso es prudente?”
“Pues es casi milagrosa la manera en que está
recuperándose”
“Me alegro. ¿Puedo llamarte más tarde?”
“Claro, las veces que quieras”
“Mar. Yo soy solo tuya”
Excelente. Justo ahora.
“Te quiero, Sara”
“Y yo a ti. Hasta luego”
Sara cortó la comunicación. Definitivamente no era
solo su paranoia, Sara intuía algo. Eso o un hada mágica la había convertido en
la mujer cursi que nunca imaginó ser.
¡Mar! ¡Mar! ¡Mar!
Luna gritaba su nombre. De inmediato se lanzó hasta
la otra habitación.
“¡Volviste!”, exclamó Mar, entrando al cuarto de
Luna. La galáctica se abalanzó hacia ella. Luna tenía los ojos muy abiertos,
sus mejillas estaban muy sonrosadas y tomaba el rostro de Mar como comprobando
que efectivamente estuviera ahí.
“Calma, Luna, calma”
“Estas aquí. Pensé, creí que… no te vi cerca cuando
regresé y entonces pensé lo peor”
“Son casi las dos de la tarde, estuviste ausente más
de doce horas. Tuve que encontrar la forma de no volverme loca mientras te
esperaba.”
“Bien… bien. Ahora tenemos que irnos. No puedes
decir nada a nadie, lamento eso, pero es la única forma en la que podré
mantenerte a salvo. ¿Entiendes? A donde vamos no necesitas llevar nada. Nos
vamos ahora mismo”
“Luna, basta. Me estás asustando. Pareces más humana
que nunca y una humana un poco psicótica, debo decir. Cálmate… ¿a dónde vamos?,
explícate”
Mar tomó las manos de Luna; notó que la alienígena
estaba temblando. La condujo hasta la orilla de la cama y juntas se sentaron.
“Luna… escúchame. Tienes que concentrarte, no
permitas que los sentimientos te desborden, tienes que enfocarte en contarme
qué es lo que ocurre. Respira. Puedes mantener la cabeza fría… Respira”
Mar acompañó estas instrucciones con algunas
caricias firmes a Luna, con la finalidad de llamar su atención.
“Mírame a los ojos, Luna”
Luna se recompuso poco a poco. Mar pudo comprobar
que volvía a ser ella en su versión alienígena cuando sus ojos se normalizaron
y dejó de temblar.
“Lo lamento, Mar. Los sentimientos humanos…”
“Ya había notado que tienes problemas con el control
de los sentimientos negativos, afortunadamente tu vínculo resultó ser una gran
reprimida. Bien… ahora dime, qué sucede. ¿A dónde me querías llevar y por qué?”
“Mar. Mi investigación se ha convertido en un
pretexto, en un arma. Ellos van a utilizar lo que yo y otros como yo hemos
aprendido para controlar la raza humana”
Luna vio significativamente a Mar, esperando.
“Bien… sigue hablando, porque no entiendo nada”
“Escucha. Es necesario que entiendas que ellos no
tienen ambiciones, no tienen necesidades, solo tienen poder y sabiduría. Seres
como yo, que nos materializamos mediante vínculos para aprender de éstos,
contribuimos a incrementar esa sabiduría y ese poder. Hemos investigado a los
seres humanos desde que sus almas errantes encontraron un lugar en el universo
para existir. Mis superiores se han alimentado del conocimiento de este y de
muchos mundos, y hasta ahora eso ha sido todo. Pero entonces algo cambió. Yo
debí saberlo. Los últimos enviados a este planeta, todos nosotros, tenemos la
misión de sentir. Tú sabes perfectamente que pedí vivir en mi corporalidad,
todas y cada una de las emociones que los seres humanos sienten y tú también
has sido testigo de que cada sentimiento me modificaba. Cada día fui más humana
y lo mismo sucedió con otros compañeros de mi misión.”
“Espera. ¿Cuántos más hay como tú en este planeta,
en este momento?”
“Somos 199 sujetos, distribuidos por el mundo”
“Vaya número… tenía mis sospechas sobre China… pero…
esto es una sorpresa. Bien… entonces, con el conocimiento de las emociones,
ustedes pueden volverse un poco humanos. Tú eras consciente de eso…”
“Es correcto. Es lógico, o por lo menos me pareció
lógico cuando empezó a sucederme y es precisamente esa naturalidad la que ellos
consideran peligrosa. ¿Qué pasaría si la materialización terrestre de nosotros
pudiera ser capaz de aniquilarnos como seres únicos? Todo empezó a parecer más
peligroso cuando Nora fue incapaz de olvidar, porque eso comprobó que los
sentimientos no solo son capaces de convertirnos, sino también de anular
nuestra capacidad de manipularlos. Esas capacidades convierten a la raza humana
en una amenaza.”
“Pero lo de Nora fue un caso único, eso dijiste. ¿Su
obsesión por encontrarte fue capaz de anular su control mental?”
“Es correcto. Nora tuvo la capacidad de crear un
vínculo artificial emocional hacia mí desde muy pequeña y eso, de alguna manera,
rompió todo poder de manipulación sobre ella. Aún no estoy segura de que fuera
accidental, yo no sé si ellos tuvieron que ver en la selección del alma de
Nora. Ellos son los que nos indican a quienes acudir en primer lugar.”
“Nora es especial, sí. Sus libros son maravillosos.
Siempre pensé que se trataba de un espíritu dotado y mira que apenas empiezo a
creer en eso del espíritu”
“Sin embargo, Mar, yo estaba… destinada a ti. El
alma de Nora y sus emociones son fuertes, pero no es más fuerte que lo que
existe entre tú y yo; por eso…”
“Luna, basta con eso. Nora es una amenaza, ahora con
mayor razón tienes que hacer que ese vínculo artificial que tienes con ella se
convierta en real y…”
“Mar, escucha. A ellos no les importa Nora, ella fue
un experimento, como nosotros 199. Nunca ha importado si ella me olvida o no,
porque la idea era precisamente conocer la capacidad de sus emociones”
“Como medir la fuerza de un enemigo…”
“Es correcto”
“Para anularnos”
“Es correcto”
“Piensan volver locos a todos los seres humanos”
Luna asintió y después sentenció:
“Hacerlos inofensivos para nosotros, para ellos”
Mar comenzó a caminar nuevamente en círculos por la
habitación.
“¿Y entonces la amenaza? Lo que ocurrió con Hugo…”
“Tú eres la verdadera amenaza, Mar. Cuando veas a
Hugo, será a ti a quien no pueda reconocer, ni recordar. Tú eres quien debe ser anulada. Por eso
tenemos que irnos ahora. Mi capacidad es suficiente para moverme contigo en el
vertedero de tiempos y espacios”
“Espera, Luna… espera. ¿Por qué soy yo una amenaza?
Es decir, todos los seres humanos lo somos, ¿cierto? ¿Por qué no sólo me anulan
y ya? Además, yo sólo he actuado como vínculo, ¿has querido manipularme y no
has podido o algo así?”
“No, Mar. Pero estoy casi segura de que no puedo
ejercer ningún poder sobre ti y ellos tampoco. Eso es lo que trato de decirte;
Nora es fuerte, pero tú eres una amenaza porque además de que nuestras esencias
se pertenecen, he creado un vínculo artificial hacia ti, y de acuerdo a ellos,
también tú hacia mí. Eres más peligrosa que Nora, no van a arriesgarse a
averiguar cuánto más”
Mar encaró a Luna. Intentaba procesar la
información, lo que Luna estuviera tratando de decir, porque todo sonaba ya a
una locura. Sin embargo, los ojos de Luna no mentían.
“Luna, no podemos irnos y tú ya sabes que yo diría
eso”
Luna dejó caer la mirada.
“Es correcto. Sabía que dirías eso. Mar, yo no voy a
poder seguir existiendo sabiendo que pasarás el resto de tu vida deambulando en
un mundo sin sentido. Sobreviviendo simplemente; los animales terrestres
tendrán más voluntad e instinto que los seres humanos. Mar, tienes que venir
conmigo”
“No, Luna. Tenemos que encontrar otra manera”
“No la hay”
Mar caminó unos minutos en silencio. Luna la
observaba ir y venir.
El día que la había golpeado el rayo que
transportaba a Luna, Mar se había sentido como la más normal de las personas.
Había conseguido un nuevo trabajo normal y ni siquiera había sido mérito único
de ella. Unas semanas después, ni siquiera muchas, estaba en su habitación
representando una amenaza para quizá la raza alienígena más poderosa de todo el
universo. Aquello era en verdad risible. Había escuchado que cuando algunas
personas entran en nuestra vida son capaces de transformarla, pero el efecto de
la marciana era ciertamente ridículo.
“¿Por qué sonríes, Mar?”, preguntó Luna,
contrariada.
“Me acabo de dar cuenta de lo que quisiste decir con
el vínculo artificial que tenemos tú y yo. ¿Entonces tus superiores saben que
estamos enamoradas? No, no. ¿Que nos amamos profundamente, incluso cuando tú y
yo ni siquiera somos capaces de aceptarlo?”
“No entiendo por qué lo dices en ese tono, pero es
correcto. Ellos lo saben, por eso te consideran una amenaza”
“Dime algo, Luna. ¿Ellos saben que tú sabes todo lo
que me has dicho? Me da la impresión que si lo supieran, tú no habrías vuelto y
no tendríamos la oportunidad de escaparnos a tu vertedero”
“Yo…hice cosas. Violé reglas inquebrantables para
averiguar todo. Te dije que haría lo que fuera necesario, haría cualquier cosa
para mantenerte a salvo, Mar”
“Lo sé”
Mar se acercó hasta Luna, sentándose nuevamente
junto a ella.
“Si ya pusiste tu existencia en riesgo para
averiguarlo todo, no vamos a desaprovechar la información, Luna. Vamos a
encontrar la manera de salvarnos todos”
“¿Cómo haremos eso?”
“Bueno, el conocimiento es una ventaja que he
aprendido a valorar más gracias a tus
superiores. Ellos aún tienen la versión en la que nosotros creemos que Nora es
el objetivo, vamos a mantenernos en esa historia, hasta encontrar una solución
a todo esto, eso nos dará tiempo”
“¿Y si te atacan?”
“Confiaremos en que eso no pase. Si yo me muestro
dispuesta a no estar enamorada de ti y tú te mantienes atenta con Nora,
mantendremos a raya el proceso. ¿Tienen ellos manera de saber qué pienso o
siento?”
“No. Pueden observarte, pero soy el único ser que
puede establecer ese tipo de conexión contigo”
“Bien”
“¿Qué pasará cuando veas a Hugo y no te reconozca? Ellos
lo intervinieron para que fueras consciente de que eres tú el objetivo y no
Nora.”
“Entonces creeré lo que hubiera creído antes de
saber la verdad: que has logrado vincularte a Nora y ahora yo soy la que debe
olvidarte”
“Una cosa más, Mar. Yo puedo mantenerlos alejados de
mí durante cortos periodos, como esta conversación, pero no puedo hacerlo todo
el tiempo. Tendremos que…”
“Sé lo que tengo que hacer. Lo he hecho hasta ahora,
Luna. ¡Por todos los cielos!, fui capaz de enviarte a los brazos de Nora y lo
volveré a hacer si con eso estarás segura, tú y todos. Nunca se ha tratado de
no amarte, sino de decidir no hacerlo. Eso debe darnos suficiente tiempo para
hacer lo único que se me ocurre”
“¿Qué?”
“199 marcianos sentimentales, ¿cierto?”
“Es correcto”
“Llama a tu novia. Dile que venga, quiero escuchar
una vez más la historia sobre cómo te buscó durante tanto tiempo”
“Haré lo que me indiques, Mar”
“Luna, mi vínculo es el tuyo”
Mar abrazó a Luna con todo su ser, entregando todo
lo que era, lo que fue y lo que sería.
“Yo soy tu Luna”
“Yo soy tu Mar”
“Mar, si algo sale mal, voy a llevarte conmigo, no
va a importarme lo que digas. Tendré una eternidad para convencerte de que me
perdones”
“Si algo sale mal, me iré contigo y tendremos una
eternidad para ser tercas la una con la otra”
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