21
Nora y Sara llegaron al mismo tiempo a la casa de
Mar. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando ambas coincidieron en la puerta
de entrada. Ciertamente no les dio mucho gusto encontrarse ya que eso
significaba que ninguna de las dos estuvo acompañando a las supuestas primas
durante el día. Bueno, tendrían que pensar en una mejor coordinación, pensó
Nora y supuso que Sara estaría de acuerdo.
Fue Mar quien atendió la puerta y las dejó entrar.
Sara la saludó con un beso rápido en los labios y Nora con otro en la mejilla.
“¡Luna!”, llamó Mar. La galáctica bajó las escaleras
hasta donde las otras tres se encontraban y procedieron los respectivos
saludos.
“Sara, ¿podrías acompañarme al hospital?”, preguntó
Mar a su cuasinoviamanteloquesea con una sonrisa radiante.
“Claro”, contestó de inmediato Sara, entre muy
alegre y confundida con la muestra de afecto de Mar.
“¿Se van justo ahora? Quisiera acompañarlas y ver la
evolución de Hugo”, dijo Luna.
“No, Luna. Es suficiente la compañía de Sara. Mejor
quédense Nora y tú a aprovechar que tienen la casa sola para ustedes”, indicó
Mar, aún con la sonrisa.
Luna asintió, poniéndose seria.
“Le diré a Hugo que enviaste saludos, ¿de acuerdo?”,
dijo Mar, viendo fijamente a Luna, quien por fin se relajó un poco.
“Bien. Tengan cuidado.”
“Yo la cuidaré, Luna. No te preocupes”, dijo Sara.
“Hasta luego, Nora”, se despidió Mar, finalmente.
“Hasta luego”, contestó la escritora.
La puerta se cerró, dejando a Nora y Luna viéndola,
ambas pensativas.
“Mar se veía con mucho ánimo hoy. ¿Las cosas van
mejor con Hugo?”, rompió el silencio Nora.
“Es correcto. La mamá de Mar informó que el tío de
Mar estaba despierto y salvo por el contexto clínico, parecía el mismo de
siempre”
“Esas son buenas noticias, ¿cierto?”
“Es correcto”
“¿Entonces por qué luces preocupada, Luna?”
Nora tomó a Luna con la guardia baja. La alienígena
se relajó visiblemente tras la pregunta de la escritora,
“Me gustaría estar presente en el encuentro entre
Mar y el tío de Mar”
“¿Segura es solo eso? Quizá lo que te preocupa es
que sea Sara la que esté presente junto a Mar”
Nora logró capturar la mirada de Luna, intentaba encontrar alguna otra verdad en sus
ojos.
“Mar decide con quién estar”
“Yo lo puntualicé porque sé que Sara no te parece la
mejor opción para Mar”
“Las decisiones de Mar no son de mi incumbencia”,
zanjó Luna.
“De acuerdo”
El silencio volvió a invadir la pequeña recepción de
la casa de Mar. Nora carraspeó un poco para llamar la atención de Luna, pero la
galáctica parecía continuar sumergida en sus pensamientos.
“Luna, estar contigo es agradable, sin importar el
lugar… pero, ¿te parece si vamos a la sala o a tu habitación? Me siento un poco
tonta parada viendo una puerta”
“Sí. Vamos a mi habitación”, dijo Luna, dirigiéndose
casi en automático a la segunda planta.
Mientras Nora la seguía por las escaleras pensaba en
lo inmensamente feliz que había sido el día anterior y en lo confuso que era
todo ahora. Su Luna y Mar compartían un vínculo poderoso que había tenido
esperanzas de romper o por lo menos debilitar, pero ahora no estaba segura. Si
por lo menos Mar y Luna no hubieran intimado, como estaba segura que había
sucedido, entonces tendría una manera de establecer algo único entre ella y la
viajera sin tiempo ni espacio. Pero ya no tenía ni eso. Ahora solo quedaba
confiar en que la galáctica realmente quisiera estar con ella.
Después de unos diez minutos en completo silencio
dentro de la habitación de Luna, Nora tomó la iniciativa. Comenzó por besar el
hombro de la galáctica, luego subió hasta su cuello y al llegar a sus labios
tuvo que esperar un poco para obtener una reacción de la otra. Pero la obtuvo.
Los besos de Luna no eran raros e incómodos como ella. Los besos de Luna eran
suyos en ese momento y así los aceptaba Nora porque a veces no quedan otras
ganas que las de aceptar lo que se puede tener, aunque después se rompa la
ilusión, aunque cuando la realidad golpee con sus motivos y argumentos, tengas
que aprender que los seres humanos pertenecemos a momentos. Dichosos los seres
sin tiempo ni espacio, pensaba Nora, que no están obligados a sustraerse a
instantes, porque para los seres humanos esos instantes lo son todo.
Ni Nora ni Luna tuvieron intenciones de ir más allá de los besos. Cuando las miradas
de ambas se encontraron estuvieron de acuerdo en no forzar un nuevo encuentro.
***
“Luna es parte de tu familia, ¿por qué no quisiste
que nos acompañara?”, preguntó Sara en el autobús hacia el hospital. Había
pocos usuarios esa tarde y eso les permitió sentarse juntas, casi al fondo del
transporte.
“Bueno… ella es familiar de mi papá, como ya sabes,
no de mamá. Además apenas inicia su luna de miel con Nora, supuse que lo mejor
sería dejarlas un rato solas; cuando den de alta a Hugo probablemente tengan
menos oportunidad.”
“Bien. Me parece un buen gesto; sin embargo, creo
que no tienes que forzarte tanto”
“¿Forzarme a qué?”
“Mar, ¿si el marinero de la obra de teatro no
hubiera terminado yéndose, crees que la bailarina más joven hubiera vuelto a la
deriva con la más vieja?”
“Entre ellas faltaba cosas por vivir, ¿no era ese el
argumento principal de la obra?”
“¿Y a nosotras, qué nos falta?”
“Sara, por favor. Apenas dejaste a Iván porque te
dio pánico egocéntrico la presencia de Luna”
“Tuve y tengo mis razones para pensar que Luna es alguien
a quien debo temer, es cierto. Mar,
¿estás enamorada de Luna?”
“Sara… no quiero hablar de esto. ¿No es suficiente
el hecho de que estoy contigo?”
“No”
“¿Por qué no? Yo siempre me conformé con tener
apenas una amistad de ti, ¿por qué no es suficiente para ti?”
“Porque hayan pasado las cosas como hayan pasado,
hemos llegado al punto en que necesito de ti algo más que cariño fraterno”
“Yo nunca tuve por ti solo cariño fraterno… si yo lo
soporté, tú puedes hacerlo”
“¿Entonces sí hay algo que debo soportar?”
“Sara, Luna va a irse tarde o temprano y yo voy a
seguir aquí, y todo volverá a ser como antes. Créeme, si pudiera aceleraría ya
para llegar a ese momento. Eres lo que siempre quise; si ahora me cuestiono
algo, solo es mientras Luna se va, después, volveremos a estar tú y yo a la
deriva. Y no creas que no temo que cuando eso ocurra, serás tú la que vuelva a
poner una barrera entre nosotras… ya te conozco, sería tan tu estilo”
“No confías en mí, y eso lo entiendo. Entonces, ¿sí
tienes una especie de enamoramiento de la lunática?”
Mar guardó silencio.
“Bien. Me lo merezco, supongo”
“No se trata de merecer nada, Sara. Las cosas son lo
que son”
“¿Y ella?”
“Ella está con Nora”
“¿Y por qué se acostó contigo?”
Si Mar hubiera estado manejando el autobús, seguramente
el frenón en seco los hubiera estampado contra algún otro vehículo.
“Eso… es, fue, porque… una nunca sabe por qué hace
esas cosas”
“¿Esa es tu respuesta?”
“Sara, en primer lugar… yo no tengo… ¿cómo lo
supiste?”
“No es tan difícil darse cuenta de las cosas, en
serio, Mar, te conozco”
“Puede ser, pero de eso a saber con tanta seguridad
ese tipo de cosas… a lo mejor tienes algún tipo de poder extransesorial que no
me has confesado”
“Mar, no juegues”
“Sara, solo fue sexo. Ambas estábamos con la guardia
baja, no significó nada. Y en verdad no tendría por qué darte explicaciones”
“No, no tienes por qué dármelas, solo quería saber
si lo negabas o no. Voy a optar por creer que no fue nada más que calentura,
porque es la única razón que puedo soportar, creo. Sin embargo, que quede claro
que cuando tengas ganas espero que solo recurras a mí. ¿De acuerdo?”
“Vaya… claro. Es bueno saberlo. Es difícil acostumbrarme
a la idea, pero es interesante saberte tan dispuesta”
“Contigo, estoy dispuesta a lo que sea”
“No hagas promesas que no vayas a cumplir”
“No es una promesa, es lo que es”
Mar agradeció profundamente que Sara dejara el tema
de Luna en paz de una buena vez. ¿Por qué rayos le interesaba tanto? Ok… si
estaba en verdad enamorada de ella, lo entendería, pero si estuviera en el
lugar de Sara no recordaría a cada momento que existen rivales. Ella nunca
había hablado mal de Iván, no de manera gratuita. Las pocas veces que lo había
hecho fueron porque había sido injusto con Sara o con la amistad entre ella y
Sara… ok, quizá no era tan injusto. Mar tenía también dificultades con el tema porque
no sabía cuántas veces podría hablar de Luna sin irremediablemente sentarse a
suspirar. Sí, con todo y lo cursi que esa idea pudiera sonar, quién sabe cuánto
podría negar tener sentimientos hacia la marciana y de su capacidad de fingir
dependía el futuro de la raza humana.
“¿Por qué te ríes, Mar?”
“Me imaginé salvando al mundo”
“Te verías rara con capa”
Mar y Sara llegaron al hospital alrededor de 5 minutos
después. Mar debía comportarse natural pero su corazón latía aceleradamente
mientras caminaban por el pasillo del tercer piso rumbo al encuentro con su
madre. Matilde las saludó con afecto antes de pedirles que tomaran asiento
porque tenía que comunicarle algo a Mar y era delicado. Mar no tuvo que fingir
la preocupación que le sobrevino, si su mamá quería hablar sentadas sólo podía
significar que el asunto era grave, aunque eso ya lo sabía de antemano. Su mamá
hablo con calma, con la voz maternal dulce que a veces emplean las mamás en los
momentos de mayor aflicción. Empezó por decirles que Hugo estaba estable, que
no tenía problemas en la sensibilidad de su cuerpo, que podía hablar
perfectamente y que incluso había solicitado una hamburguesa para la hora de
comida porque el pollo horneado le daba náuseas. Mar sonrió forzadamente un par
de veces, esperando la parte ruda de la charla.
“Mar, pero hay un par de cosas con las que Hugo
tiene dificultades y una de esas cosas, eres tú”
¿Un par de cosas? ¿Cómo que un par de cosas? Si esos
malditos habían dañado a Hugo en algo más que sus recuerdos sobre ella, se los
haría pagar, con todo y lo improbable de la venganza transplanetaria. Su mamá
continuó.
“Hugo tiene problemas con su memoria. No recuerda
nada sobre su motocicleta”
Mar quiso soltar una carcajada y lo habría hecho si
su mamá no hubiera dibujado un rostro de desolación.
“Y Mar, Hugo no te recuerda”
Matilde les informó que Hugo no recordaba que
adoraba viajar en su moto, ni siquiera recordaba que tenía una. Que se dieron
cuenta cuando el papá de Mar había dicho que estaba pensando en aceptar la
vuelta en dos ruedas que Hugo le venía ofreciendo desde antes del matrimonio de
su hermana. Hugo había dicho que no le llamaba la atención ese tipo de
actividad, que era arriesgada, que no tenía sentido. Entonces la mamá de Mar
comentó que su sobrina lamentaría ese cambio de opinión y fue entonces que Hugo
preguntó: “¿qué sobrina?”
Lo había olvidado todo sobre ella.
“Mar, debes saber que no es un tipo de amnesia de
novela, se trata de una negación completa de ti, de tu imagen. Le mostramos
algunas fotos y no solo no te reconoce, al parecer solo percibe espacios vacíos
en el lugar donde tú sales retratada.
Los médicos no habían visto algo similar, por lo menos no estos médicos y están
tratando de encontrar una respuesta”
Mar guardaba silencio, derrotada; todo el peso de lo
que ocurría cayendo sobre sus hombros. Sara entonces comenzó a hacer preguntas
y más preguntas que Matilde se esforzaba en responder. Pero Mar no estaba
interesada. Todo era real y no tenía escapatoria; la situación consistía en
luchar por su vida y por la de todos, en una ridícula historia de ciencia
ficción.
“¿Puedo verlo?”, preguntó Mar.
“Sí, de hecho para eso te pedí que vinieras. El
encuentro tendrá supervisión médica, los especialistas quieren ver si el vacío
de tu imagen también ocurre en persona. ¿Estás de acuerdo?”
“No tengo opción, mamá”
“Entonces vamos. El doctor no debe tardar en llegar
también”
Sara, prudentemente indicó que estaría esperando a
Mar ahí mismo y madre e hija se dirigieron a la habitación 320. Era un cuarto
de hospital idéntico al de Mar en su episodio del rayo; Mar se preguntaba si
Hugo también había tenido un ascenso vertical hasta la lámpara incandescente
que brillaba con todo su esplendor por encima de las cabezas de los pacientes.
Dentro de la habitación estaban su papá y el sujeto que por la bata tendría que
ser el especialista. Luego vio a Hugo, tendido en la cama sonriente,
aguardando. Seguramente le habían informado que tendría visitas.
Cuando el médico se lo indicó, la mamá de Mar habló
al paciente, mientras tomaba a su hija por los hombros para adelantarla a la
línea visual de Hugo.
“Hermanito, te traje a Mar, ¿la recuerdas?”
“Esto no es gracioso”, dijo Hugo. Su ánimo había
cambiado radicalmente, ahora estaba muy molesto, como fastidiado de que
insistieran con una broma de mal gusto. “Dejen de hablar de Mar. Ya les dije a
todos que Mar no existe, o por lo menos no en mi vida, ¿por qué quieren
confundirme? Ahí no hay nadie”
“Mar, por favor, habla”, sugirió el especialista (no
estoy segura si de manera muy profesional). Mar obedeció.
“Hola. Me alegra que te encuentres mucho mejor”
Pánico. Eso
era lo que reflejó el rostro de Hugo. Su tensión se disparó, de acuerdo a los
monitores.
“¿Por qué hacen esto? ¿Por qué?”
“¿Escuchaste la voz de Mar?”, cuestionó el médico al
paciente.
“Escuché una voz de mujer, sí, pero no es posible,
no la veo, seguramente es una grabación. ¡Ustedes me quieren volver loco!”
Mientras Matilde y el médico se esforzaban por
convencer a Hugo de que nadie quería terminar de cocinarle la cabeza, Mar
aprovechó para escabullirse de la habitación. Una vez fuera, se sentó en el piso, abrazando sus
rodillas, y luchó por mantener la calma. Esos seres la habían convertido en un
vacío.
Su papá salió
de la habitación también unos momentos después y se sentó a su lado.
“El cerebro es un misterio. Cuando yo tenía doce
años me caí de cabeza de un árbol, directo contra el suelo. Tu abuela dice que
tardé dos días en despertar y cuando lo hice yo juraba que los patos eran
caballos enanos”
“Papá, eso no es cierto”
“Lo es. A veces, cuando veo patos, creo que podrían
también ser mulas o toros o ponis. Mar, el cerebro es una cosa muy extraña, es
todo un universo y nunca vamos a conocer algo que es infinito. Es más, dudo que
alguna vez podamos conocer cualquier cosa. Pero eso no quiere decir que no nos
esforcemos, que no seamos capaces de encontrar formas de aproximarnos a las
respuestas, a las soluciones, una y otra y las veces que sean necesarias. Sólo
no te desmorones, cariño. Incluso si te quedas sin esperanza, si no confías en
los doctores, si no confías en lo obstinada que es tu madre que está dispuesta
a probar terapia de electroshock de los años setenta, no te desmorones. Aprende
a lidiar con la pérdida y seguir”
“Papá, no estás siendo un buen consuelo”
“Mi amor, mi trabajo es consolarte, sí, pero también
decirte la verdad y hacer todo lo posible por prepararte para la vida”
Aunque las palabras eran duras, la verdad es que su
papá era dulce.
“Lo de los patos pareciendo caballos no es cierto,
¿verdad?”
“Hija, el universo tiene infinitas posibilidades,
eso definitivamente pudo haber sucedido.”
***
El papá de Mar llevó a Sara y a la diseñadora de regreso poco antes
de las ocho de la noche. Finalmente, Hugo había sufrido una crisis nerviosa y
volvería a estar bajo observación 24 horas más de las acordadas. Como Mar ya no
era una opción, Matilde y su esposo continuarían haciendo guardia en el
hospital. El papá había ido rápidamente por un cambio de ropa y un par de
almohadas extra.
Mientras se despedía para regresar junto a su
compañera de vida, sugirió a Sara quedarse. Sara se mostró tímida y Mar dijo
algo sobre las reglas de su mamá, pero su papá insistió con algo sobre
aprovechar la vida y se retiró, dejando a Sara y Mar sonrojadas en el pórtico.
Luna, quien había escuchado el ir y venir de los
recién llegados mientras conseguían las cosas que necesitaba la mamá de Mar, se
asomó por la escalera, Nora la acompañaba.
“¿Cómo se encuentra el tío de Mar?”, preguntó Luna
desde arriba.
“Voy a preparar algo de comer, mientras tú vas y le
cuentas a Luna lo que ocurrió, ¿de acuerdo?”, señaló Sara, estrechando a Mar en
sus brazos y después plantándole un beso rápido en los labios. Después, se
dirigió a la cocina.
Mar entonces subió las escaleras, al encuentro de
Nora y Luna.
“¿Qué tal la tarde? ¿Cómo estás, Nora?”
“Estoy bien, Mar, gracias. Pasé una tarde agradable
en tu casa. Eres muy amable en abrir las puertas de tu hogar”
“Cuando gustes, mi casa es tu casa”
“Gracias. Bien… pues ya que estás en casa, me
retiro. Luna ya no estará sola”
“No. Por favor Nora, no te vayas, necesitamos tu
ayuda en un asunto delicado”
“De acuerdo. Me quedaré un poco más”
“Quédate a pasar la noche, Nora”. Sugirió Mar, pero
era como una especie de orden amable.
“¿No hay problema?”, preguntó la escritora.
“No. Sara también se quedará”
“Sara no es necesaria, ni confiable”, intervino
Luna, con más hostilidad que la que Mar hubiera considerado pertinente.
“Sara está aquí para mí, no para nuestro asunto,
¿está claro, Luna?”
“Es correcto”
“Bien. Entonces, vamos al comedor, a amargarnos la
cena con la narración de una de las peores experiencias de mi vida”
Mar contó lo que había pasado en el cuarto 320 del
hospital mientras comían la pasta que había cocinado Sara (no tanto por
refinada como por austeridad de ingredientes). Luna, Nora y Sara intervinieron
muy poco en la conversación; las terrícolas poco tenían que decir al respecto
de una falla cerebral como aquella y lo que Luna tenía que decir, no se podía
en voz alta, así que escucharon a Mar casi en total silencio.
Después de cenar, estuvieron de acuerdo en ver un
poco de televisión. Sara sugirió una película animada y pues aunque realmente
nadie quería verla, supusieron que era una buena manera de llenar el silencio
incómodo.
Mar intentó tres veces iniciar una conversación
mental con Luna, pero no pudo. Se
preguntaba si la presencia de Nora tenía algo que ver o si nuevamente la
galáctica había tenido oportunidad de fortalecer vínculos artificiales con la
escritora. Ante el pensamiento pegó un salto del asiento y le indicó a Luna, en
voz alta, que la acompañara a traer bebidas a la cocina.
Mar se fijó un par de veces en que Nora y Sara se
mantuvieran en la sala antes de hablar con Luna.
“¿Puedes bloquear esta conversación de ellos?”
“Ya lo estoy haciendo”
“Bien. Parece que nuestro psicowifi tiene problemas
de red”
“No comprendo”
“Luna… ¿te estuviste vinculando a Nora?”
“Es correcto”
Mar guardó silencio. Pensó seriamente en aventarle a
Luna todo el contenido del vaso lleno de limonada que tenía en la mano en ese
preciso momento. Siempre podía decir que había sido un accidente; que
accidentalmente Luna era una tonta que no tenía la menor empatía. Pero Mar se
contuvo, apenas, pero se contuvo.
“¿No podías esperar un poco? Solo un poco más. Yo
estaba enfrentándome a tus estúpidos superiores que me anularon de la vida de
Hugo, mientras tú te revolcabas con ella, en mí casa…”
“Si mi deducción es correcta, estás insinuando que
repetí la experiencia de cópula con Nora”
“Siempre eres un portento a la deducción”
“Y te encuentras molesta por eso”
“Marciana Holmes”
“No comprendo”
“Sí, Luna, sí. Me molesta el hecho de que anoche tú
me dijiste cosas y ahora te resulta tan fácil ir y acostarte con Nora y yo ya
no sé qué puedo y qué no puedo hacer y soportar”
“Mar. Yo no copulé hoy con Nora”
“Pero… pero… tú dijiste que te habías vinculado con
ella”
“Me fue imposible evitar besos sin que ella
sospechara que todo ha cambiado. Me parece que tu situación con Sara es
similar. Ustedes dos también han procedido en el intercambio de ósculos”
Mar se quedó sin argumentos.
“Bien… bien... bueno yo en verdad quería hablarte sobre
Sara”
“Su presencia es innecesaria para lo que acordamos”
“Yo sé, marciana. Fueron las circunstancias, mi papá
le dijo que se quedara, luego vi que Nora seguía contigo y una cosa llevó a la
otra… mira, necesito que la mandes a dormir para que entonces podamos hacer lo
que tenemos acordado”
“¿Quieres que ejerza control mental sobre ella?”
“Sólo si no es peligroso”
“¿Te preocupas por ella?”
“Claro que me preocupo por ella”
“Podría mandarla a su casa, si lo prefieres”
“Solo mándala a dormir”
“¿A tu habitación?”
“Sí, Luna. Has lo que digo. En cuanto termine la
película comenzamos”
Luna asintió.
“Mar, lamento profundamente lo de Hugo”, Luna era
sincera y Mar lo agradeció.
“¿Es reversible?”, preguntó Mar depositando todas
sus esperanzas en la respuesta que Luna daría.
“No”, sentenció la galáctica. “Durante toda mi
existencia, nunca he visto que una intervención pueda repararse”
Mar inhaló y exhaló, calmando su corazón y evitando
a toda costa desesperarse.
“Bueno, marciana. Nunca antes una escritora había
puesto resistencia, nunca antes tus superiores habían sido malvados y nunca
antes te habías enamorado. Hay infinitas posibilidades en el infinito”
“Es correcto”
“Entonces empecemos de una vez a intentar a hacer
algo que nunca se ha hecho antes: joder a los malditos que borran motocicletas
de la memoria.”
Mar entregó dos vasos a Luna y ella tomó otros dos y
ambas regresaron a la sala, para en exactamente 23 min, iniciar lo que fuera
que iban a iniciar.
***
Mar estaba inmersa en el destello de la lámpara
mercurial que podía verse por su ventana. Seguramente tenía un poco de ADN de
polilla, porque la luz la atraía. Le gustaba entrecerrar los ojos para ver
todas las hebras de colores que se desprendían de las luces como aquella. Pasó
unos minutos ensimismada, pero no muchos. Al darse la vuelta vio que Sara
estaba profundamente dormida en su cama. Bueno, por lo menos alguien puede
dormir tranquilamente, pensó, mientras se acercaba a tapar una vez más la
pierna que Sara insistía en sacar del refugio de su cobija.
Mar observó a su…novia respirar pesadamente. Sara no
roncaba, pero sí emitía un sonido peculiar, como de silbido muy tenue. Sonrió.
Era dulce, siempre lo había sido, por lo menos cuando estaba indefensa y eso la
había enamorado. Claro que también tenía cierto encanto su modalidad implacable
y además era hermosa. Por primera vez, en algunos días, sintió genuinamente que
quería besarla. Y es que las costumbres arraigadas son difíciles de olvidar.
Mar acomodó un mechón de cabello de su novia. El aroma de Sara inundó su
olfato. ¿Por qué no fue así antes? Le recriminó tontamente a la figura dormida.
Mar se inclinó y besó la frente de su Sara. ¿Así que por esta sensación ella me
besaba en la frente?, se preguntó la diseñadora, recordando que nunca entendió
por qué Sara insistía en darle besos en la parte frontal de su cabeza.
Unos golpes en su puerta la sacaron de su nueva
atracción polillezca hacia Sara. Era Luna, le avisaba que estaban esperándola
en la otra habitación.
Mar salió de su cuarto, cerrando con cuidado la
puerta.
“¿Y el psicowifi?”
“Tienes razón. La conexión mental no funciona. He
llegado a la conclusión de que la presencia de Nora altera la comunicación”
“Sí bueno… debimos suponer que alguna consecuencia
rara tendría tu vínculo con ella. Por lo menos no fueron herpes…Vamos.
Terminemos o empecemos esto de una vez. Ya sabes, córtalos”
“La conversación será solo entre nosotras”
“Bien, marciana”
Luna y Mar entraron a la habitación de la primera.
Nora aguardaba sentada en el piso. Lo primero que Mar notó fue la blusa
ligeramente mal acomodada de Nora que ésta se esforzaba en alisar, culpable.
Sara seguramente habría tenido un comentario mal intencionado ad hoc con el
momento.
“Veo, que no pierdes el tiempo, marciana”, dijo Mar.
Nora se ruborizó, pero Luna continuó como si nada hubiera pasado. De acuerdo,
pensó Mar. Le había dicho que Nora no debía sospechar más de lo necesario pero,
¿besuqueos a menos de 50 metros de ella? Tendría que hablar con Luna nuevamente
sobre los límites. Pero sería después, después.
Mar se sentó de frente a Nora y Luna entre ambas.
Nora comenzaba a notarse nerviosa cuando diseñadora y galáctica pasaron algunos
segundos observándola en silencio. Por fin, Mar habló.
“Nora, tú estás consciente de que es muy
problemático el que puedas escapar del control mental de los extraterrestres,
¿cierto?”
Nora contrajo el ceño, era la primera vez que Mar y
ella tenían una conversación directa sobre el caso excepcional que era Luna.
“Sí. Luna me contó que sus grandes maestros no
estaban complacidos con que yo pudiera recordarla”
“Bien. Pues esa situación continúa, Nora. Esos seres, a quienes yo no llamaría grandes
maestros nunca, en verdad están molestos con esa capacidad de escaparte de sus
poderes. Supongo tienen un fuerte problema con el ego de creerse superiores,
viajeros sin tiempo ni espacio y esas tonterías. Y el caso, Nora, es que estás…
estamos todos en peligro, porque la única manera que esas brillantes mentes
interespaciales encuentran para volver a tener el control del universo, es que
te anulen de este planeta”. Nora escuchaba atentamente, así que Mar prosiguió.
“Y con anularte quiero decir enloquecerte, te reducirán a alguien que no puede
comunicarse ni expresarse. Y no solo eso, harán que todos te olvidemos, literal,
te convertirán en un vacío”
“¿Cómo lo hicieron contigo en Hugo?”
“Así es, Nora”
“¿Entonces ellos le hicieron eso a Hugo?”
“Con una enorme aguja que metieron a su cabeza”
“¿Tú también corres peligro? ¿También eres incapaz
de olvidar?”
“A estas alturas todos corremos peligro, Nora,
sobretodo personas que tenemos conocimiento sobre lo que es la anulación y tu
capacidad para recordar y eso. Pero pienso que puede haber una posibilidad y
después de ver lo que son capaces de hacer, creo que vale la pena intentarlo. Y
necesitamos tu ayuda, Nora”
“Ya la tienen”, dijo Nora sin siquiera parpadear.
Luego se dirigió a Luna que había escuchado en silencio. “¿Corres algún peligro
también?”
“Es correcto”, contestó la galáctica.
Mar volteó a verla directamente, a ella no se le había
ocurrido preguntarle a Luna cuál era el riesgo que corría la galáctica en todo
ese asunto.
“¿Cuál?”, continuó Nora a Luna.
“Si ellos descubren que estoy colaborando para
mantener la seguridad de los humanos por encima de nuestra existencia, ellos también
me anularán”
Mar intentaba pensar en cómo se anularía a un
galáctico.
“¿Qué significa anularte a ti?”, preguntó Nora.
“Borrar mi capacidad de existir y de comunicarme y
nunca podré volver al vertedero. Deambularé como una consciencia inútil por el
universo”, dijo Luna con naturalidad.
Mar sintió que su corazón se aceleraba.
“Eso no va a pasar, mi Luna. Voy a hacer lo que sea
necesario para protegerte”, declaró Nora, tomando la mano de la galáctica con
firmeza.
“Exacto”, continuó Mar, “eso no va a pasar, eso ni
nada. Todos vamos a estar a salvo”
“¿Qué necesitas de mí?”, preguntó Nora, dispuesta a
lo que fuera.
“Cuéntame cómo encontraste a Luna. Y no me refiero a
esa cosa de sentirla y así… sino todo lo que te llevó a estar tan cerca como
para poder sentirla. Porque has dicho que la buscaste durante mucho tiempo,
realmente no creo que tengas un radar para lunas integrado…”, Mar intentaba ser
amable y mantenerse enfocada en lo que debía hacer y decir, pero Nora y su
cursilería y su intensidad y ahora su heroísmo recién descubierto, la ponían
realmente con ganas de estrangular un pulpo.
“Entiendo”, continuó Nora. “Bien, yo hice muchas
cosas. Una vez contraté a un dibujante para que hiciera un retrato hablado y lo
publiqué en el periódico de mi ciudad natal, claro que ahora dudo si eran recuerdos
míos o solo un delirio completo”
“Eso no nos sirve, ¿qué más?”
“Claro, claro. Introducía mensajes ocultos en mis
libros. Mensajes que sólo Luna entendería porque eran cosas que le contaba a
ella cuando era pequeña o algo muy profundo de mí, con la esperanza de que ella
los entendiera… si gustas traer una de mis novelas, puedo mostrarles algunos
ejemplos…”
“No, no, no, no. Es suficiente con tu palabra, yo te
creo”, se apresuró Mar.
“Yo los entendí todos, pero nunca los interpreté
como un llamado. Siempre vuelcas en tus libros todo de ti, me pareció natural
encontrar ese tipo de pensamientos en tu trabajo”, dijo Luna, regalándole a
Nora una sonrisa dulce.
Mar pensó que de no haber sido por esos libros, Luna
no la habría encontrado, pero, pero… ash.
La escritora continuó.
“Pero lo que realmente dio resultado fue comprar un
buen equipo de cómputo. Revisar muchos tutoriales sobre rastreo de IP y uso de bots
y spam. Tuve que dedicar toda mi atención a eso porque realmente se me
dificultó, mi quinta novela se retrasó
más de un año...”
“¿Para qué hiciste eso?”, cuestionó Mar, un poco
confundida.
“Internet”, respondió Nora. “Siempre tuve la certeza
de que cuando alguien tuviera contacto con alguien como Luna, no podría
quedarse callado. La idea vino mientras revisaba unos blogs de críticos.
Descubrí que había blogs y foros y páginas sobre todo. También sobre toda clase
de seres y entonces, como última esperanza, comencé a publicar masivamente, en
todas las páginas que encontraba, un mensaje lo suficientemente sutil y claro
para que solo lo entendieran las personas indicadas. Mi perfil masivo también
era parte del mensaje, se trataba una esfera como los ojos de Luna. Mi nombre
era Iris, para hacerlo más claro y el mensaje masivo decía…”
“Solo vemos porque no vemos”, completó Mar. “Yo no
había puesto atención al mensaje, yo solo vi la imagen y tu nombre de perfil
porque eso fue suficiente… no había pensado en que fueras tú… no había pensado
en nada de eso…”
“Tuve unas cuatro falsas alarmas tan sólo en este
país y estaba a punto a darme por vencida… Sin embargo, la inseguridad de tu
consulta me hizo pensar que en verdad tú la habías visto. Yo no sabía que
existían los grandes maestros y ahora también supongo que existen más como
Luna… ¿cierto?”
“Es correcto”
“Bien, ahora entiendo que pude haber contactado con
un ser humano confundido por otro ser… pero tuve la suerte que se tratara de ustedes,
quizá puedo sentir a Luna con más fuerza de la que pensaba…”
“¿Rastreaste mi IP y me seguiste para encontrar a
Luna?”
“Así es”
“Eso es… brillante”, tuvo que conceder Mar.
“Eso fue desesperado. Pero por lo menos pude
encontrarla”
“¿Todavía puedes hacer eso?”, preguntó Mar con las
mejillas sonrojadas.
“¿Qué cosa?”
“Buscar, detectar y rastrear a 198 posibles vínculos terrestres por todo el
mundo”
“Supongo que sí. Tendría que ampliar los idiomas de
búsqueda y mantenerme vigilando todo el tiempo”, dijo Nora, algo más que
confundida, pero dispuesta.
“Necesitamos que hagas eso, ahora lo veo claro.
Tenía una idea, pero ahora la haces más posible, Nora. Necesitamos encontrar a
los otros vínculos”
“Bueno, ese es un trabajo inmenso para una sola
persona…”
“Ya veo”, comenzó a desilusionarse Mar.
“Pero yo puedo contratar a unos informáticos que no
preguntarán ni indagarán si les pago generosamente. No hay problema”
Mar no sabía si aplaudirle a Nora o darle con el
puño en su heroica trompa.
“Bien… pues… Nora, eso es lo que necesitamos que
hagas”
“Cuenta con eso”
“Y cuenta conmigo, Nora. Mis capacidades
informáticas han sido actualizadas en este momento y puedo realizar el trabajo
de 10 seres humanos en la mitad del tiempo”
“Me encantará trabajar contigo, Luna”
“No”, intervino Mar. “Luna, tú tienes que hacer otra
cosa. La búsqueda de Nora nos proporciona una opción, pero no sabemos si los
198 vínculos terrestres son tan adictos al internet como nosotros. Necesito que
encuentres la manera de encontrar a los otros como tú”
“Eso es imposible, no se nos permite mantener
contacto entre nosotros”
“Marciana”, Mar se acercó hasta la alienígena, “no
vuelvas a empezar con lo de imposibilidades, porque creo que ya dejamos eso
atrás. Sé que puedes encontrar la manera de hacer lo que te pido. Si queremos
tener una oportunidad, necesitamos a todos”
“396”, intervino ahora Nora, “…entre humanos y seres
como mi Luna”
“Sí. A todos”, finalizó Mar.
“Mar, ¿y qué quieres que les diga cuando los
encuentre?”, preguntó Nora.
Mar sonrió. También conocía esa respuesta.
***
Vínculo:
Sentir por
primera vez la luz blanca fue como morir un poco y luego volver a vivir. Y la
vida no fue la misma, porque entonces fui testigo de que hay cosas mucho más
grandes que nosotros. No me refiero solo a la compañera sin tiempo ni espacio
que el destino me brindó, sino al conocimiento de la profunda necesidad de amar
y ser amada. Nosotros podemos mantenerlos en este mundo porque los seres
humanos somos obstinados, primitivos; porque alguna fuerza incluso superior a
nuestros viajeros los unió a nuestra existencia, antes y después de la eternidad.
Creo que no se
trata que en el universo el factor común sea el miedo a estar solos, sino que
si tienes a tu alcance la mínima oportunidad de conocer y estar con alguien o
algo que te haga sentir un ser completo, entonces debes tomarla, apreciarla y
protegerla. Mi viajera no es una científica ni yo su experimento, es mi razón
para atrever a revelarme contra el universo si alguien o algo se atreve a
atentar contra nuestra necesidad de estar juntas.
Confío que tú,
como yo, no tengas la menor idea de por qué no imaginas vivir sin ese ser que
habla raro y huele a una mañana fresca. Confío en que te has entregado a
amarle, quizá sin darte cuenta, como un padre, madre, hermano, hermana, hija,
hijo, amiga o amigo o amante. Pero sobretodo confío en que encontrarás el
coraje suficiente para no permitir que algo interfiera con esa única
oportunidad.
Mi Luna necesita
ponerse en contacto con tu ser amado y yo necesito decirte que lo que somos
capaces de sentir, es la verdadera fuerza del tiempo y el espacio.
***
“No es tan buena como una que tú escribirías, Nora,
pero espero sirva”
“Les haré llegar tu mensaje, Mar”
“Bien… Es tarde, será mejor que descansemos y mañana
empezamos en forma con todo esto”. Mar bostezó, también Nora. Luna las
observaba en silencio. La diseñadora continuó: “Recuerda, Nora, que ellos
vigilan, tienes que ser cautelosa y decir lo mínimo posible a tus duendes
informáticos”
“No te preocupes, siempre he sido discreta”
“Bien… bueno, las dejo descansar, buenas noches”
“Mar”, la detuvo Nora casi al salir. “Sé que dejarme
aquí con Luna no es fácil para ti. Solo quiero que sepas que yo en verdad la
amo y si tú no estás dispuesta a interferir e incluso si lo hicieras, no me voy
a ir a otro lado. Desconozco todos tus motivos para dejarme entrar cómodamente
en su vida y no quiero averiguarlos, pero gracias por permitirlo”
“Nora…”, Mar quería decirle que no tenía por qué
darle las gracias, que ella no tenía motivos raros para alentarlas, que no
había razones por las cuales ella quisiera intervenir, que no era difícil, o
cualquier otra mentira que tranquilizara a Nora, pero pues la escritora no se
merecía ser tratada como estúpida. Mar entonces solo pudo decirle lo único que
consideraba verdad y que no la mataba (tanto) de celos: “… disfrútalo. Buenas
noches”
Mar salió de la habitación, mientras Nora y Luna se
acostaban sobre la cama, listas para pasar la noche, terrícola durmiendo y galáctica actualizando muchas bases de
datos de idiomas.
Mar cerró la puerta de su habitación. Vio a Sara
tendida en su cama. Podía dormir en el cuarto de sus papás o bajar a la sala,
los sillones eran bastante cómodos y hasta tenía TV que la arrullara. Pero
entonces le tendría que decir a Sara que no había dormido con ella porque… No tenía un por qué lo suficientemente creíble.
Sobre todo después de la charla en el bus.
Sobre todo porque la verdad prefería acurrucarse contra Sara mientras
pensaba en Luna acurrucada con Nora, a estar sola pensando en acurrucamientos.
Mar se cambió de ropa y después se metió en la cama. Sara instintivamente se
abrazó a su cuerpo y Mar sonrió con el contacto.
Mar abrió los ojos de repente. Casi pega un grito al
encontrarse la cara de Luna bien pegada a la suya, entre la penumbra. Sara la
mantenía abrazada así que no hizo por moverse. Habló en susurros.
“¿Luna, qué haces aquí?”
“Levántate”
“Realmente preferiría dormir un poco más”
“¿Eso significa que te quedarás más tiempo en la
cama?”
“Aún no amanece… dormir es la mejor opción”
“Tu cama resulta pequeña para dos personas”
“No realmente, se está bastante cómoda, la verdad”
Sara se revolvió. Mar y Luna esperaron a que el
sueño volviera a pesar en ella.
“Vamos a despertarla. Regresa a tu habitación, Luna.
Nora también va a despertarse y preguntará por qué no estás ahí”
“Se quedó dormida muy tarde y estaba agotada, no
creo que despierte pronto”
“No eres real, Luna, no lo eres… ¿viniste a decirme
que cansaste mucho a tu novia antes de dormir?”
“No. No la cansé yo. Ella no podía dormir y hablamos
mucho. Mar, ven conmigo. Sara no se despertará y ya pasó tiempo suficiente, ya
puedo volver a bloquear a los maestros. Ven conmigo”
“Bien. Voy”, accedió Mar. Con cuidado se zafó del
brazo de Sara que la mantenía sujeta y después se puso de pie. “Ya estoy
levantada, ¿qué quieres, marciana?”
“Ven”
Luna salió de la habitación. Mar la siguió. Bajaron
las escaleras, atravesaron la cocina y llegaron al patio trasero de la casa de
Mar.
“Ven”, volvió a indicar Luna, cuando vio que Mar
dudaba si pisar o no el pasto descalza. No porque le molestara, sino porque en
verdad quería regresar a la cama lo antes posible sin tener que demorarse en un
lavado de pies.
“¿A dónde vamos, marciana?”
“Vamos a alejarnos de todo esto un momento”
“No lo tomes a mal, pero no estoy de humor para
alejarme de mi familia en peligro”
“Tu familia no está en esta casa”
“Bueno, no, pero Sara y Nora sí lo están”
“Ellas estarán bien. Si Nora despierta podemos
decirle que teníamos asuntos sobre los vínculos y Sara no despertará hasta que
se lo indique”
“Espera, espera… ¿cómo que hasta que lo indiques?
¿Por qué hiciste eso?”
“Asuntos de seguridad… quise asegurarme de que
permanezca dormida mientras estás a su lado”
Mar no supo si enojarse o reírse. La que estaba
parada en medio de su patio trasero era la Luna-más-humana, sin la parte
histérica con la que acostumbraba aparecer.
“Estás relajada, marciana”
“Eso no es correcto. Solamente quiero estar contigo.
No sé qué ocurra en el futuro próximo, pero sea cual sea el resultado, al final
voy a irme y tú me olvidarás. Lo único que quiero ahora es tratar de entender
cómo una humana tan insignificante vale un millón de veces mi locura e
inexistencia, sin dudarlo”
Luna se había acercado hasta Mar mientras decía lo
anterior y la había tomado de las manos y la estaba conduciendo a la puerta de
salida de su casa, la que daba directo al patio. A Mar ya no le importaba estar
descalza.
“Luna… acabas de llamarme insignificante”, alcanzó a
puntualizar Mar mientras la galáctica volvía a entrar al patio, dejándola en
pijama parada en la acera. Lo siguiente fue el ruido de una motocicleta. Luna
apareció de nuevo montada en el vehículo de Hugo. Mar cruzó los brazos.
“Hoy estás que ardes con las malas ideas, Luna. Por
favor, ¿en serio crees que voy a subirme a la moto de Hugo después de todo lo
que ha pasado?”
“La motocicleta y tú comparten la misma pérdida”
“Ahora me comparas con un objeto impulsado por
gasolina… estás imparable con las bromas de mal gusto, marciana”
“Súbete. Soy una excelente conductora”
Mar giró los ojos. Aquello no era para nada una
buena idea, pero por otro lado conducir con Luna hasta la nada era justo lo que
había soñado. Se subió detrás de la galáctica.
“Agárrate bien, así no tendrás frío”, indicó Luna.
Mar obedeció y emprendieron el camino a toda velocidad.
Luna manejó hasta las afueras de la ciudad. Después,
la galáctica se internó en un terreno en el que había muchos árboles que
esquivó con bastante maestría. En cierto punto se aparcó y desmontó y le dijo a
Mar que se bajara.
“Ni hablar, marciana. No traigo zapatos. Pueden
haber bichos por ahí”
Luna no insistió, se agachó a la altura de Mar y le
ofreció la espalda.
“Sube. Quiero mostrarte algo”
Mar se sorprendió pero no lo pensó mucho. Se trepó a
la espalda de Luna, quien no parecía notar su peso. La galáctica comenzó a
caminar entre maleza y árboles.
“Pudimos haber continuado en la moto, ¿sabes?”,
puntualizó Mar.
“Así es más interesante y romántico”
“En serio, marciana. A veces pareces tan… tan”
“¿Humana?”
“Pretensiosa”
“Otra emoción descubierta. Mira arriba”, indicó
Luna.
Mar volteó hacia el cielo. Una luna llena iluminaba
perfectamente todo. Mar estaba empezando a pensar que la perfección del momento
era casi inverosímil, cuando una estrella fugaz la distrajo. Luego otra. Luego
otra. Definitivamente era inverosímil. Regresó la vista hacia abajo para
comentarle aquello a Luna y entonces vio que el cabello de la galáctica estaba
blanco y brillante. Este detalle la llevó a ser consciente de su alrededor. Las
estrellas fugaces no solo estaban en el cielo, sino por todos lados y volviendo
a ver el firmamento, se dio cuenta de que nunca había visto una luna tan
grande, como si estuviera muy cerca de la tierra.
“Estamos en tu galaxia”
“Y aquí ya puedes estar descalza. No hay insectos”
Mar se puso de pie y comenzó a caminar viendo a
todos lados. Había estrellas y cielo también debajo de ella y a los lados.
Podía estirar la mano y pequeños cometas pasaban rozando sus dedos, se sentían
como ceniza de brazas aún encendidas, pero no le hacían daño.
“¿Te gusta?”, preguntó Luna.
Mar se dirigió hasta ella.
“¿Cuántas reglas intergalácticas estás rompiendo al
traerme aquí?”
“Más de mil”
Mar y Luna se sonrieron mutuamente.
Mar comenzó a caminar de nuevo, intentando alcanzar
el centro de todo. Se dio cuenta de que podía caminar hacia arriba, en
dirección a la luna. La galáctica la seguía de cerca, sin dejar de sonreír.
“¿Es posible alcanzarla?”, preguntó la terrícola.
“Hipotéticamente, sí. Pero te llevaría por lo menos
unas cuatro vidas humanas”
“¿Lo has hecho?”
“Realmente nunca me había parecido interesante”
“Bien. Si alguna vez lo haces, acuérdate de mí”
“Lo haré”
“Claro que para cuando lo logres ya tendré varios
años siendo un cadáver”
Luna sonrió con ganas.
“Marciana, en realidad eso no fue gracioso”, declaró
Mar, pero tampoco pudo dejar de sonreír. “Todo esto es muy extraño; es decir,
todo lo que tiene que ver contigo”
“Me río porque aquí el tiempo funciona diferente.
Entonces, mientras tú vives cuatro vidas, para mí podría ser cuatro horas
terrícolas y viceversa, para mí cuatro vidas terrestres, podrían ser cuatro
años en la tierra. Solo es cuestión de saber entender cómo funciona el
vertedero y entonces podré, por ejemplo, pensar en ti, en medio de la galaxia,
mientras duermes plácidamente con tu futura esposa”
“¿Entonces puedes conocer mi futuro?”
“Podría hacerlo, pero conocerlo tampoco me había
parecido interesante, sobre todo porque lo que llamas futuro, en realidad
ocurre ahora. En el vertedero, presente, pasado y futuro están juntos. Por eso
eres tan importante para mí, Mar. El vínculo ocurre en un momento tan mínimo,
efímero y confuso, que encontrarlo es casi un milagro”
“Marciana cursi”
“¿Quieres ver tu futuro?”
Mar pensó un poco, intentando hacerlo desde la
posición de Luna.
“Es demasiada información para procesar y
seguramente tendría que ser secreto y no me siento cómoda con esa clase de
secretos. Además, vivimos eventos extraordinarios con tus jefes intentando
volvernos entes babeantes a todos los humanos, supongo que cosas así alteran el
devenir de todo, del presente, pasado y futuro… ¿lo dije bien?”
“Es correcto. Los maestros pueden alterar todo,
ahora lo que ocurren son posibilidades, solamente”
Mar se sentó sobre sus piernas y se dedicó a observar
la belleza de la galaxia de Luna. Quería hacer muchas preguntas, sobre cómo
funcionaba, sobre dónde y cómo exactamente Luna consultaba sus bases de datos y
hablaba con sus superiores, pero prefirió disfrutar lo que tenía enfrente.
Ninguna duda sería capaz de arrancarla de aquello que se abría ante sus ojos.
“¿En qué piensas?”, preguntó Luna después de unos
minutos en silencio, sentada junto a Mar.
“Ay personas que dicen que lo raro es pariente de lo
feo, lo desprecian, le tienen miedo. Pero a mí todavía no me queda muy claro
eso, nada claro de hecho. Estaba pensando que en realidad lo que me asusta es
lo ordinario, como la posibilidad de que sólo hubiera una manera de hacer las
cosas, de ver las cosas. Creo que por eso nunca tuve demasiado miedo de ti, ni
tengo miedo de todo esto, que es lo más raro y hermoso que seré capaz de ver
jamás. Y pensándolo así, creo que sí nací para enamorarme de ti”
Terrícola y galáctica guardaron silencio nuevamente,
contemplando el ir y venir de las estrellas.
“Si tan solo vinieras conmigo, aquí podríamos pasar
la existencia”
“Eso no va a pasar, marciana. No bajo estas
condiciones”
“Lo sé. Sin embargo, es injusto que algo tan
perfecto como tú sea creado para mí y no pueda tenerlo”, declaró Luna y Mar
pudo ver que estaba triste.
La terrícola encaró a Luna y recorrió con su pulgar
la línea del mentón de la galáctica. Después, poco a poco se acercó a ella y
besó sus labios, primero suavemente y después con más seguridad.
“Probablemente sea la última vez que tengamos un
momento así para nosotras, ¿cierto, Luna? ¿Por eso me trajiste aquí?”
“Es correcto”
“Entonces…”
Entonces Mar se lanzó con hambre a la boca de Luna,
hasta quedar sin aliento.
***
Después de todo, el venir con ropa ligera había sido
todo un acierto, pensó Mar jugueteando con un mechón de cabello blanco de Luna,
quien insistía en acariciar suavemente todo su costado derecho. Si Luna hubiera
tenido puesta más ropa, la terrícola habría terminado por arrancársela. El
pensamiento la hizo sonreír con picardía. Luna devolvió la sonrisa.
“¿Sabes en qué estoy pensando?”
“En que si hubieras podido, me hubieras arrancado la
ropa”
“¿Te estás metiendo en mi cabeza, marciana?”
“No. Empiezas a parecerme un poco obvia”
Mar volvió a sonreír, por quincuagésima octava vez.
Luna le robó un beso suave a Mar y se abrazaron,
disfrutando el contacto de su desnudez.
Mar perdió completamente la noción del tiempo. Para
ella habían transcurrido por lo menos ocho horas desde que llegaron a la
galaxia y entró en pánico. Pero entonces Luna le recordó que ahí las cosas eran
diferentes y llegarían a su casa apenas unos minutos después del amanecer.
Sería como si nunca se hubieran ido. Mar no estaba segura de querer que lo que
ahí había pasado fuera como si nunca hubiera pasado, pero se obligó, una vez
más, a entender cómo funcionaba todo el
affaire interestelar. Luna volvió a ofrecerle su espalda, pero Mar rechazó
la cabalgata para caminar junto a Luna, bien tomada de su mano.
Mientras caminaban, las estrellas fueron
desapareciendo y la luna se alejó de la tierra. Los árboles aparecieron y
pronto llegaron al vehículo de dos ruedas.
“Luna, ¿por qué en medio de la nada?”
“Necesitábamos espacio. Tú no eres capaz de separar
tu mente de tu cuerpo, por lo que abandonar los cuerpos no era una opción. Aquí
nadie nos vería”
“Eso pensé”
“También consulté algunas bases de datos; los
escapes espontáneos tienen características románticas”
“En verdad debes dejar de creer ciegamente en esas
bases de datos”
“¿Fue un error?”
Mar no contestó, se abrazó a Luna, le indicó que
condujera y regresaron.
Luna tenía razón. Apenas amanecía cuando
estacionaron la moto en el patio trasero de la casa de Mar.
“Bien, seguimos adelante con todo, entonces”
“Sara ya puede despertar”, declaró Luna. Mar vio que
el rostro de la galáctica se endurecía; ahí estaba de nuevo la Luna 100%
espacial.
“Bien, vuelve a la cama con tu novia”
“Y tú con la tuya”
Y ambas entraron a la casa. Y fueron a sus
habitaciones. Y se metieron a sus respectivas camas. Y fueron recibidas cada
una con un abrazo durmiente.
22
Mar comprobaba una y otra vez su bandeja de entrada,
por si tenía noticias. Corrió a conectar su celular porque de tanto revisar su
pantalla, la batería se había agotado en menos de cuatro horas. Nada. Para mantener
su cabeza tranquila se había concentrado en establecer una rutina de cambios de
postura. Primero acostada en su cama, luego boca abajo. Después, sentada en el
suelo, luego acostada boca arriba en el suelo, luego acostada boca abajo en el
suelo. Posteriormente, aún sobre el suelo, con las piernas estiradas sobre la
silla del escritorio. Luego sentada frente al escritorio. Luego sentada frente
al escritorio con las piernas encima del mismo. Luego daba vueltas caminando
por toda la habitación. Y todo volvía a repetirse cambiando de posición cada 15
minutos. Nada. Nora y Luna se habían ido sin despedirse y no había noticias de
ellas.
Se había quedado profundamente dormida; la estancia
en la galaxia la había agotado. Despertó muy tarde y cuando lo hizo y recorrió
la casa en busca de algo para comer, encontró a Sara en la cocina, aguardándola
con un plato de comida.
Mar se lanzó a devorar con ganas y Sara esperó hasta
que terminó para decirle que Nora y Luna se habían ido de viaje juntas; que no
quisieron despertarla pero habían dicho que se comunicarían pronto. Mar fue lo
suficientemente consciente de que sin Luna cerca, los grandes maestros estarían
observándola con total libertad, así que le dijo a Sara que seguramente la
escritora y su prima necesitaban continuar la luna de miel. Sara puntualizó que
era un comportamiento desconsiderado al estar atravesando un episodio familiar
como el de Hugo. Mar señaló que después de todo, Luna era pariente de su papá,
no de su mamá y que tenía todo el derecho de irse de luna de miel con su novia.
Sara le dijo que no la disculpara ni justificara. Mar insistió en que no era
justificación, que en verdad Luna tenía el derecho de hacer lo que le viniera
en gana. Sara dijo que parecía no importarle a Luna el bienestar de Mar. Mar
dijo, ya con el ánimo encendido, que Luna nunca había pasado por alto su
bienestar. Sara, también con el ánimo encendido, le dijo que Luna actuaba como
una egoísta. Mar, finalmente, dijo que la única egoísta era alguien que se
decidía a llamarla novia, únicamente como último recurso.
Sara no supo qué responder a eso. Mar entendió que
había hablado de más. La diseñadora se disculpó diciendo que la situación con
Hugo la tenía estresada, que le agradecía a Sara mantenerse junto a ella. Pero
Sara se mantuvo herida y decidió irse a comprar algunas cosas para cocinar algo
más tarde y de todo eso ya habían pasado 4 horas, las mismas que Mar había
empleado vigilando su celular y su bandeja de entrada.
Era obvio que Luna se iría con Nora, es decir, la
galáctica tenía que bloquear el espionaje de los grandes maestros para que Nora
pudiera buscar a los vínculos terrestres con su grupo de duendes informáticos.
Sin embargo, Mar no contaba con que se irían tan
pronto y sin despedirse. Claro que la situación apremiaba. Claro que su
estancia en la galaxia de Luna había sido una especie de despedida. Pero fuera
como fuera, estar lejos de Luna la llenaba de ansiedad. Se preguntó si era cosa
del vínculo. Claro que se habían vinculado fuertemente, unas cinco veces esa
madrugada.
Mar sonrió por el recuerdo. Bien, tenía que mantener
la calma. Eso era todo lo que podía hacer.
Quizá debería también llamar a Sara, ya se había
tardado mucho y suponiendo que era ella el nuevo objetivo de los supuestos
grandes maestros, sí le preocupaba mucho que Sara sufriera de agujas enormes en
su cabeza. Mar sintió un fuerte escalofrío con solo pensarlo. Se moriría si
algo malo le pasara a Sara. En verdad, se moriría. Marcó el número rápido. Sara
contestó enseguida y se alegró mucho al escuchar que Mar se había preocupado
por ella. Mar se disculpó por haberse portado a la defensiva esa mañana y se
encontró pidiéndole a Sara que no tardara tanto, que quería verla y estar con
ella.
Eso era cierto. La presencia de Sara hacía que todo
se sintiera menos pesado y ahora, con la ausencia de Luna, necesitaba sentirse
todo lo calmada posible.
Sara llegó unos quince minutos después y se
dispusieron a hacer la comida. Sara insistía que los papás de Mar comieran algo hecho en casa;
según ella, sería reconfortante. No es que Sara fuera una gran cocinera y Mar
ciertamente tenía limitantes culinarias, pero entre las dos crearon una sopa
mejor que decente y un pollo apetecible. “Hacemos un buen equipo”. Sara
insistió con esa frase por lo menos unas cinco veces durante todo el proceso de
manufactura. Mar estuvo de acuerdo. Lo cierto es que con Luna lejos, las cosas
entre ellas parecían fluir con mayor naturalidad, de hecho, se descubrió viendo
a Sara “tan hermosa como siempre”, en un par de ocasiones.
Alistaron las viandas. El papá de Mar pasaría por
mudadas de ropa limpia y la cena como a eso de las 7 de la noche, es decir, en
una media hora. Mar estaba agradecida con Sara, por la compañía, por la idea,
por la confianza, por el tiempo. Mar estaba agradecida.
“Oye. Sé que tienes cosas por hacer. La de la
emergencia familiar soy yo, tú no tienes por qué seguir faltando al trabajo y
cosas por el estilo, Sara. En verdad puedo soportar estar sola. Ve a casa y nos
vemos mañana”
“No puedes decir eso en serio. Quiero pasar la noche
a solas contigo”. Mar no supo qué responder, pero seguramente había puesto una
cara de susto, porque Sara continuó: “No pongas esa cara, no voy a aprovecharme
de ti, ni nada. Solo quiero estar contigo sin interrupciones y sin pretextos”.
Ante eso, Mar no tuvo réplica.
Decidieron esperar en la sala, viendo las noticias
del día. Mar aceptó recostarse en las piernas de Sara; de todas maneras solo
sería un rato, su papá llegaría en unos cuantos minutos. Pero en realidad le
fue necesario ir al baño antes de la llegada de su progenitor. Su papá ya se
había demorado bastante más de la hora, lo cual era raro porque habían
confirmado varias veces antes la hora de llegada para que la comida no se
enfriara demasiado.
Mar no quiso ser paranoica y se tranquilizó a sí
misma. A lo mejor su papá había pasado por cena, porque quizá debió haberle
dicho que ella y Sara habían cocinado. Volvió hasta el sofá, pero esta vez no
se recostó en Sara, sino se mantuvo a
distancia y la otra, buena chica, no insistió.
Cambiaron de canal. Encontraron un programa
interesante sobre el origen del cosmos y Sara quiso dejarlo, pero Mar se
apresuró a continuar el zapping.
Dieron las 9 de la noche y entonces Mar aventó el control remoto y tomó el
teléfono. Marcó a su mamá. “¿No ha llegado?, hace más de 2 horas que salió para
allá”. Su mamá no sonaba preocupada, sino molesta; consideró que quizá su padre
se había desviado a la oficina de camino a casa. Él a veces buscaba la
tranquilidad de su escritorio para despejarse, una práctica que había adquirido
después de convertirse en consultor de la empresa para la que trabajaba, porque
antes, cuando era trabajador regular, lo único que quería al dar las 4 de la
tarde era huir a casa.
Mar entonces marcó el teléfono de su papá. El buzón
de voz llenó sus oídos. Dos, cuatro, siete veces. Bien, quizá se le había
acabado la batería. Siguió esperando en la sala. Sara guardó en el horno la
comida para evitar, en la medida de lo posible, que se helara. Dieron las 10 y
luego las 11 de la noche y su papá no apareció. El corazón de Mar comenzó a
palpitar violentamente cuando una llamada de su mamá entró. Al presionar el
botón de respuesta, ya sabía que algo iba mal.
“Hija, ven”. Serían las únicas palabras que Mar
recordaría de ese momento. Su cuerpo reaccionó en automático, aventando con
todas sus fuerzas la lámpara que estaba junto a ella. Sara se apresuró a tomar
el teléfono de la mano de Mar; Matilde sonaba histérica, supuso que se había
asustado por el ruido que su hija había provocado. Sara tuvo que ignorar a Mar pateando la
lámpara caída para poner atención a lo que le decían por la línea. Les pedía ir
de inmediato al hospital, pues había pasado algo con el papá de Mar; Matilde no
supo o no quiso decir qué, pero Sara intuyó, por el tono de voz, que era grave.
Sara aseguró que estarían ahí en un momento y colgó y después se acercó a Mar,
que pisoteaba los pedazos de cerámica y vidrio. La llamó con cautela. Mar no
pareció reaccionar. Volvió a llamarla más fuerte pero solo provocó que Mar
volviera a desatar su furia contra el suelo, como queriendo pulverizar cada
pedazo, por muy pequeño que ya fuera.
“¡Basta, Mar! ¡Debemos ir al hospital!”, Sara la
tomó por los brazos, obligándola a calmarse. Mar la encaró.
“¡Tú no sabes nada! ¡No tienes la menor idea de lo
que está pasando! ¡Vete, Sara!”
Pero Sara no se movió un ápice.
“¡Vete!”, gritó Mar.
“Mar, vamos al hospital. Allá nos enteraremos de lo
que pasa”
“Tú no sabes ni mierda”
“Entonces dime, ¿qué es lo que no sé?”
“No puedes hacer nada, no puedes. Vete”
“No iré a otra parte. Anda, vámonos”
La seguridad de Sara calmó un poco a Mar, lo
suficiente para no tener que arrastrarla hasta la calle y luego subirla al
taxi.
Llegaron en poco tiempo al hospital. Matilde las
esperaba en la recepción de urgencias. El papá de Mar había tenido un accidente
extraño. Lo habían encontrado desmayado a la orilla de uno de los lagos del
parque; aparentemente, resbaló desde el puente que atravesaba dos de los más
grandes. Tenía fracturada una pierna y una contusión en la cabeza que
necesitaba observación; sin embargo, lo preocupante era que algunos testigos
(el parque era transitado por corredores y paseantes nocturnos) declararon
haberlo visto hablando solo, caminar sin rumbo, gritando disparates por la
orilla del puente a algo que solo él veía. Así había resbalado.
Eso era todo, pensó Mar. Y lo pensó porque para
ella, en ese momento, el mundo se comenzó a ir al carajo.
Como físicamente se encontraba relativamente bien,
Matilde pudo encontrarse con su esposo. Mar acudió también después de intentar
despedir a Sara, cosa que fue imposible. La escena que presenció Mar la dejó
sin aliento. Su madre mantenía la mirada fija en su esposo quien hacía ademanes
exagerados mientras hablaba de estrellas blancas, de ojos blancos, de que el
mundo en realidad estaba hecho de luces blancas. Mar vio la locura en el rostro
de su papá, una locura tierna, desprotegida, como si el hombre más fuerte que
conocía ahora fuera un niño pequeño, perdido. Mar se acercó y a esa distancia
pudo ver las lágrimas en el rostro de su mamá. Su papá pareció verla, pero sabía
que no la veía a ella, porque continuó hablando de cabello blanco y luces que
subían y bajaban. Entonces, en un momento, por un instante, su papá las vio con
consciencia o por lo menos eso le pareció a Mar, y luego enmudeció y su mirada
perdió toda humanidad. La anulación estaba completa.
Mar y Matilde llamaron a gritos a la enfermera. La
enfermera buscó al doctor y el doctor confirmó una vez más que todo estaba bien
físicamente con el paciente, que aquello parecía ser psiquiátrico y los
canalizó con un especialista.
Matilde, desesperada, comenzó a hacer llamadas para
lograr reunir a un equipo de especialistas similar al que atendía a Hugo. Mar
sabía que todo era inútil; Mar ya se había dado por vencida. Nadie en este
jodido mundo podía hacer algo por su papá.
Para las seis de la mañana, la tenacidad de su mamá
había logrado reunir expertos y trasladar a una habitación más cómoda a su
papá, para iniciar un tratamiento, sea cual fuera. Cuando los doctores
sugirieron internarlo en una clínica de salud mental, Matilde perdió
completamente los estribos y les gritó que ellos trabajaban para ella y que
harían lo que ella dijera. Mar tenía el corazón como ahogado, por todo, por
todo.
“Quédate con tu papá. Voy a ver cómo amaneció Hugo”,
le ordenó su mamá, pero Mar no quería entrar a esa habitación. Y no tenía nada
en qué sostenerse mientras sentía que una fuerza monumental la arrastraba hasta
el suelo. Mar sabía que si caía no se volvería a levantar.
Sara la tomó del brazo. ¿Había estado ahí todo el
tiempo?
“Oye, los médicos encontrarán la manera de ayudarlo.
Uno no se pone en ese estado de un momento para otro, no así, creo. Encontrarán
lo que pasó con tu papá y se pondrá bien”
Mar no quiso discutir, ¿qué sentido tenía insistir
en que Sara no tenía idea de lo que ahí pasaba?
“Intenta ser fuerte mientras esperamos que se
recupere, ¿de acuerdo?”
En eso Sara tenía razón, lo único que quedaba era
esperar un milagro intergaláctico. Mar tomó con fuerza la mano de Sara y ambas
entraron a la habitación de su papá. Todo parecía tan ausente, es decir, no sólo
su papá estaba perdido, sino parecía que su condición obraba sobre todo lo que
le rodeaba. Era como entrar a otra realidad, pensó Mar, el sillón, la cama,
hasta las luces parecían fuera de lugar. ¿En qué momento la vida comenzó a
parecerle ajena?
Sara intentó llamar la atención del paciente sobre
la cama con la mirada perdida. Mar ni siquiera lo intentó. Ese era el cuerpo de
su papá, pero no era él (la galaxia de su papá tendría que ser de color
verdeazulado sucio, como esos dichosos lagos que en ese momento le parecían
absurdamente nostálgicos). Su papá estaba perdido y encontraría la manera de
traerlo de vuelta o si no… si no, podía acabarse el mundo y eso estaría bien,
pensó, llena de miedo. Matilde no tardó más de cuarenta minutos, pero a Mar y
Sara les pareció eterno el tiempo de espera. Darían a Hugo el alta.
Mar no podía acompañar a Hugo; cualquier comentario
relacionado con ella, aunque fuera solo una insinuación, alteraban la
estabilidad de su tío. Por lo tanto, sería Matilde quien lo llevaría a casa (la
suya, no la de Hugo porque quedaba lejos y aunque estaba perfectamente
saludable y salvo por el recuerdo roto de Mar y su olvidada afición por las
motocicletas, estaba perfectamente cuerdo, Matilde prefería mantenerlo cerca de
los doctores). Mar no tuvo que decir algo para que Matilde se diera cuenta del
pavor que su hija sentía mientras se hacía a la idea de quedarse con su papá en
el hospital esa noche.
“Solo será por hoy. Tu hermana viene mañana”
Y Mar pensó que aquello le daba gusto. Quería
abrazar a su hermana y a sus sobrinos y hasta a su cuñado que sólo hablaba para
puntualizar datos aburridos. Pero entonces se dio cuenta de que traerlos cerca
sólo los pondría en peligro. Entonces entendió a la perfección que estaba como
dentro de un reloj de arena; al dar la hora precisa, quedaría enterrada y junto
a ella todo lo que conocía y de la manera más inverosímil de la que habría
podido alguna vez tener conocimiento.
“Todos los alienígenas deberían irse por el caño”,
deseó Mar.
Sin embargo, casi inmediatamente se dio cuenta que
aquel deseo de seres intergalácticos desaparecidos, incluía a su marciana
particular y dudó entre considerar el amor suficiente lado bueno de toda la
experiencia o un futuro daño colateral. Es decir, Luna terminaría yéndose y
cuando lo hiciera, Mar no tendría ni siquiera su recuerdo. Bien, no era
información nueva, pero ante el peligro y la pérdida, ¿es que al final ni
siquiera podría tener la certeza de que todo había valido la pena? ¿No era
precisamente su amor trascendente de tiempos y espacios lo único que podía
darle sentido a lo estúpido que parecía todo? ¿Por qué su amor no era suficiente?
¿Por qué fuera cual fuera el resultado, al final se quedaría con nada?
Y mientras se abrumaba con montones de preguntas que
no podía responderse, la madrugada llenó la habitación del hospital. Su papá
dormía intentando mantener posición fetal con todo y que la férula se lo
impedía. Su mamá se había marchado, supuso ya estaría en casa con Hugo. Sara
había insistido en quedarse, pero las reglas del nosocomio eran estrictas con
un sólo acompañante durante la noche; Sara no tuvo más opción que despedirse
hasta el día siguiente. La verdad, Mar estaba un poco más tranquila con su
soledad, se recostó en el sillón junto a la cama de su papá y cerró los ojos,
esforzándose por no pensar más.
***
Estaba lloviendo leche luminosa de abajo hacia
arriba y Mar intentaba capturar algunas
de las gotas para poder mostrárselas a su jefe y así entendiera que no había
ido a trabajar porque la lluvia lechosabrillanteinversa estaba por inundar los
lagos. Mar sabía que los lagos eran importantes porque ahí Hugo guardaba su moto
que también usaba su papá que se había dejado crecer el cabello hasta la
cintura. Sara seguro tendría la delicadeza de ayudar a convencer a su jefe dándole
un beso para cerrar el trato. Luego llevarían algunos duendes con cabeza de
computadora al hospital a beber la mejor limonada del mundo.
Pero entonces en el camino, Luna las comenzó a
seguir y Mar debía ignorarla para que Sara no notara su presencia, sobretodo
porque era un alien, sobretodo porque tenía los ojos negros y el cabello blanco
y brillante. Luna estaba en todas partes y entonces, Mar debía distraer a Sara
señalando patos y ponis que se cruzaban en el camino. Mar pensó que los patos y
ponis eran cursis y entonces, al momento, lo que se atravesaba en su camino
eran férulas de yeso animadas.
Aquello le pareció un poco raro, sobre todo porque
algunas férulas tenían unas pequeñas alas y revoloteaban, lo que fue demasiado,
entonces volteó a ver a Sara para decirle que mejor regresaran al bar, pero
entonces vio que Sara no era Sara, sino un recipiente vacío. Ojos, nariz y boca
eran huecos de ausencia.
***
Mar se despertó (no puedo decir que demasiado
sobresaltada) y se restregó los ojos para terminar de espantar el sueño raro
que había tenido. Ojalá Luna estuviera ahí, ojalá.
Pero lo que vio frente a ella, bajo la tenue luz
permanente de hospital fue a un hombre alto, muy bien peinado (sí, Mar solía
notar cosas extrañas de las personas), vistiendo un perfecto traje sastre
negro, sin corbata. Era un hombre atractivo, como recién sacado del folleto de
una escuela o alguna empresa, incluso podría pasar por abogado de esos que
venden una imagen más amable del litigio. Mar pensó que quizá era el
representante del seguro de gastos médicos, o bien el gerente del hospital que
había ido a comunicar que el seguro había terminado su cobertura, pero eran las
tres de la mañana, según la pantalla de su teléfono, no era una hora sensata
para trámites institucionales.
El hombre la observaba parsimoniosamente. Mar
comenzó a sentir miedo, ¿era su turno? ¿Siempre sí se animarían a anularla?
“Te he observado”, dijo el hombre y a Mar le pareció
que su voz era dulce. ¡Qué bueno que habían enviado a un gran maestro con voz
dulce para terminar con su humanidad!
“¿Y qué has visto?”, preguntó Mar.
“¿No tienes miedo de mí?”, Mar notó ahora que había
un ligero acento caribeño en la voz del hombre, que ahora también parecía
joven, apenas un poco mayor que ella.
“Últimamente tengo miedo de todo y de todos, así que
estoy empezando a acostumbrarme. Eso hace más fácil las cosas”
“Es curioso. No eres un ser humano extraordinario”
“No lo soy”
“Aun así, has puesto de cabeza a algunos viajeros
sin tiempo ni espacio”
“No era mi intención”
“Eso pasa por enviar novatos a la tierra. Yo no me
dejo envolver por la sensiblería humana. Es mi tercera vez aquí, desde el
inicio de tu especie.”
“Nunca lo habría imaginado, realmente eres eficiente
con eso de aparentar menos años”
“El humor… es uno de mis rasgos favoritos humanos.
Él me pareció gracioso mientras caminaba intentando hablar con los lagos”, el
hombre señaló a su papá, Mar sintió que sus músculos se tensaban a punto de
abofetear a quien o lo que fuera, pero se contuvo.
“¿Viste cuando los maestros le hicieron eso?”
“Es correcto”
“¿Sufrió?”
“Es probable, pero solo un momento. El dolor físico
termina pronto y la locura solo es un espacio vació, ahora es incapaz de sentir
algo”
“¿Qué haces aquí?”
“Te observaba. Eres un ser humano insignificante”
“Lo soy”
“¿Cómo eres capaz de darle nombre a uno de nosotros?
¿Cómo eres capaz de hacer que rompa nuestras reglas? ¿Cómo te atreves a
intentar detener lo inevitable?”
“Supongo que soy tan buena envolviendo a los
viajeros con sensiblería humana, como tú evitándola”
“Ella se convertiría en un maestro”
“¿Luna?”
“Ese es el nombre que le has dado”
“Ella no podría ser un maestro nunca, ella no es
cruel ni se cree superior a todos los otros habitantes del universo”
“Ella es cruel y es superior a todos los otros
habitantes del universo… pero entonces se dejó crear por el torbellino de la
escritora y se vinculó a ti. Se llenó de emociones, te sintió. Mala combinación
para alguien poderosa”
“Mira, ya me cansé de esta conversación, ¿podrías
decir quién eres y qué haces aquí?”
“Soy uno de los 199”
“Sí, bueno, no hay que ser un genio para darse
cuenta”
“Luna me encontró. No debió hacerlo. La rechacé;
estuve tentado a borrarla yo mismo. Pero entonces fui curioso, ese es el vicio
humano más difícil de evitar, no fui inmune a él. Yo también soy poderoso, como
Luna, ¿qué podría ser tan fuerte para ir contra nuestro propio ser? Así que
vine a observarte. No eres nada extraordinario, pero sabes aceptar y brindarte a otros espíritus. Quizá también
el azahar estuvo de su lado y Luna y tú se encontraron. El vínculo que ustedes
comparten es el más especial, nunca lo he experimentado. En este mundo, en este
tiempo, mi vínculo es un anciano. Pasamos horas hablando de una guerra que solo
existe en su memoria y de muertos de quienes inventa historias que nunca sucedieron.
La muerte está cerca de enfriar sus huesos y se convertirá en abono para la
tierra. Yo le amo, es mi maestro, un verdadero maestro. Deseo para él una
muerte rodeada de sus recuerdos, no de locura”
“¿Entonces, vas a ayudarnos?”
“Es correcto. Mi viejo y yo nos amamos y aun así no
estoy seguro de que sería capaz de desafiar las fuerzas del universo para
alejarlo de la anulación. Si el amor entre Luna y tú es capaz de ello, seguirlas quizá me
permita encontrar el sentido de mi existencia. Sé cómo actuar. Las seguiré y
también mi anciano”
“Eres el viajero más oportuno de éste y otros
mundos. ¿Cuál es tu nombre?”
“Tomás, el nombre de la primera mascota del anciano.
A la muerte del can, fui nombrado”
“¿Te puso el nombre de su perro?”
“Ambos hemos sido dos de los seres más amados por el
anciano”
“Bueno… muy bien, Tomás. Eres un respiro. Como
puedes ver, las cosas van realmente mal”
“Los seres humanos tienen esperanzas. Mientras las
tengan, se van a mantener de pie”
“Eso espero. ¿Vendrán más como tú?”
“No lo sé. Quizá algunos. No todos tienen tanto
poder como Luna o como yo. Para venir hay que bloquear la visión de los
maestros y moverse por el mundo”
“Bien, entonces solo queda confiar en que todo dará
resultado y esperar”
“Debo irme, Mar. Hasta pronto”
“Hasta pronto, Tomás. Hasta pronto”
La figura del hombre se convirtió en una silueta y
después desapareció.
Aquello había sido cierto, ¿cierto? En verdad había
tenido una especie de entrevista con uno de los 199 que se llamaba como el
perro de un anciano al que amaba profundamente, ¿cierto?
Mar hubiera preferido jamás cuestionarse si la
aparición había sido verdadera, puesto que fue su papá quien le confirmó el
encuentro. El hombre se bajó de la cama, arrastrando la pierna lastimada, y
comenzó a manotear en el lugar en que Tomás se había manifestado. Mar recibió
con coraje el golpe de realidad y condujo cariñosamente a su papá de vuelta a
la cama. Todo estaría bien, todo tendría que estar bien.
23
Nora y Luna, abrazadas, se preparaban para pasar la
noche tumbadas en una hamaca. Estaban en una playa, el sonido de las olas
llenaba el silencio. Ambas (más explícitamente Nora que Luna) habían decidido
ir hasta allá para cubrir con los maestros la historia de las vacaciones. Nora
había visto esa mañana a sus duendes informáticos que ahora trabajaban a
marchas forzadas en un hotel cercano a la ribera en la que ellas se hospedaban.
Eran casi las tres de la mañana. Luna estaba acostada en completo silencio,
mientras Nora intentaba conciliar el sueño, pero éste se le negaba. La
escritora sentía el cuerpo cansado y la mente agotada, pero era incapaz de
dormir. Al final, decidió encarar por fin aquello que le preocupaba.
“Luna, necesito
preguntarte algo”
“Dime”, se dispuso la galáctica.
“Estaba pensando… no importa lo que pase, al final
te marcharás”
“Es correcto”
“Y el escenario ideal es que nadie te recuerde…”
“Así es”
“¿Qué pasará con el vínculo entre tú y Mar? Estarán
condenándose a una existencia que nunca será plena”
Nora pudo ver que Luna observaba con intensidad algo
dentro del manto oscuro que lo cubría todo, “las olas”, supuso la escritora.
“Mar continuará su vida como hasta ahora, eso es
todo lo que importa. Si no me recuerda, quizá encuentre otra manera de sentirse
completa”
“Luna, soy la persona menos apropiada para
cuestionar esto, pero el mensaje que intenta difundir Mar es muy claro, ella
desafía a los maestros para proteger el amor que existe entre ustedes, amor o
vínculo, realmente ni siquiera entiendo ya la diferencia. Pero si es así, están
engañándolos a todos, estamos llamando a renunciar a sus vínculos para
protegernos todos los demás”
“Es correcto”
“Es una trampa”
“Los seres humanos no siempre hacen lo quieren
hacer; tampoco los viajeros”
“¿Y eso está bien?”
“Estoy segura que cuando los viajeros conozcan la
situación, intentarán proteger a sus humanos de la locura”
“No deja de ser injusto”
“La justicia es una construcción ideológica. Nada
más”
“Lo lamento. Lamento que tengas que perder a Mar”
“¿Por qué lo lamentas?”
“Porque entiendo cuánto te lastima. Yo te he
perdido, más de una vez, Luna”
“Sigo aquí, contigo”
“No. Estás aquí por Mar y entiendo y quiero ayudar…
sólo pienso que es injusto que haya cosas que simplemente no pueden ser”
Nora sintió que Luna la rodeaba entre sus brazos. Su
cuerpo reaccionó antes que su pensamiento y devolvió el gesto encarando a la
viajera y besándola suavemente en los labios. Luna se dejó hacer durante un
momento, después se separó de la escritora y viendo directamente a sus ojos
(cosa que Nora solo supuso porque pues los humanos no pueden ver en la
oscuridad), le dijo:
“Lamento también tu pérdida, Nora. Todo fue mi
culpa. No debí…”
“Soy feliz con lo que puedo tener de ti. Ni siquiera
siento culpa por Mar. ¿Te desilusiona mi egoísmo?”
“No”
“Entonces, ¿puedo pedirte un poco más?”
“No deberías. Solo voy a causarte más daño”
Pero a Nora realmente no le importaba. No le
importaba su daño ni el de Mar, le importaba que Luna estaba en ese momento
justo frente a ella y sus labios eran suaves y poco a poco la llevaron a pasar
una noche tranquila.
***
Un dolor agudo en su pierna derecha despertó a Mar.
Lo que le faltaba, a una noche de muy mal sueño se le sumaba un despertar
acalambrado. Claro que estaba la esperanza del viajero con nombre de perro que
se le había aparecido, pero es que era difícil sentirse optimista en un cuarto
de hospital con tremendo dolor físico. Sin embargo, hubiera preferido mil
calambres en lugar de ver a su papá perdido, todavía recostado en la cama.
Después del episodio de reconocimiento del viajero con nombre de perro, su
padre había vuelto a sumergirse en silencio. Mar se acercó hasta él, acarició
su cabello y luego susurró un “buenos días” seguido de un beso en la coronilla.
No sabía qué hacer ahora. Su madre no había llamado y ningún doctor había hecho
acto de presencia. Mar optó por pasar el tiempo ordenando el cuarto (lo poco
que podía) y cuando se hubo desecho del mínimo desorden, se le ocurrió que era
una buena idea modificar la ubicación de las cosas conforme a la disposición de
sus colores.
De esta manera, colocó la silla plegable para
visitas de metal, junto al perchero del suero también de metal. Extendió las
persianas color crema y frente a ellas colocó un pequeño jarrón vacío, que
supuso estaba destinado a flores. En realidad no tenía muchas cosas con qué
trabajar, pero por lo menos así pudo pasar unos quince minutos hasta que unos
golpes llamaron a la puerta.
“Pase”, dijo Mar.
“Hola”
Su hermana la saludó suavemente. Mar se apresuró a
abrazarla y el aroma familiar de perfume floral que detestaba, le pareció en
ese momento la cosa más reconfortante del mundo.
“¿Cómo estás?”
“Intento estar lo mejor posible. No sé si lo estoy
logrando”
“Papá se pondrá bien, Mar”
“¿Y si no lo hace?”
“Lo hará”
¿Por qué todos se obstinaban con la maldita seguridad
de que todo estaría bien? Es decir, ¿acaso solo lo decían porque no podían
decir otra cosa? Sí, era eso, entendió Mar.
“Ve a casa, descansa”
“Ahí está Hugo, no puedo estar cerca de él”
“Sí, mamá me contó que le afecta mucho incluso
escuchar sobre ti. Pero allá están los niños, se mueren por verte”
“Deben estar enormes”
“Lo están. Lucía se parece mucho a ti”
“Siempre creí que debiste ponerle Mar”
“Para la próxima, te lo prometo”
Mar sonrió. Bien, sí había sido una buena idea que
su hermana mayor apareciera.
“Ve a casa”
“Iré más tarde a ver a los niños. Pero creo que
primero pasaré a otro lugar. Quiero despejarme un poco antes de entrar en modo
‘supertía’”
“Creo que es buena idea que te des una vuelta con
Sara primero”
Mar giró los ojos, ¿es que en verdad había sido tan
obvia toda la vida? No dijo nada más abrazó a su hermana, tomó sus cosas y
evitó ver a su papá antes de salir de la habitación.
Caminó a paso firme hasta la casa de Sara. Ni
siquiera sintió que el trayecto era largo. Tocó la puerta con seguridad.
Finalmente, ese era el único otro lugar al que podía ir. Estaba la casa de su
abuela, pero ella ya tendría bastante con lidiar la locura de su hijo.
Pero aparentemente tampoco ese era su lugar, pensó
en automático, cuando Iván fue quien abrió la puerta. La verdad, Mar no sintió
nada al verlo ahí, sólo un ligero fastidio por haber hecho todo el recorrido
para nada. Ni siquiera saludó, dio media vuelta y comenzó a alejarse. Sin
embargo, un brazo fuerte la detuvo.
“Oye. Cálmate. Solo vine a recoger mi traje. Sara no
está, fue a traer su desayuno, creo. Me dijo que entrara, sacara lo que
necesitaba y luego me fuera porque tenía prisa por ir a verte. Lamento lo de tu
papá”
Mar volteó para ver a Iván, sin saber muy bien qué
decir. No le molestaba su presencia, ni siquiera le importaba mucho; lo que sí
le molestaba era supiera lo que había pasado con su papá, porque entonces eso
significaba que Sara y él habían hablado sobre ella.
“Siempre lo supe, ¿sabes?”, dijo Iván.
“¿Qué cosa?”
“Que al final Sara te elegiría. Eso me volvía loco”
“Iván, llevamos como tres segundos hablando y ya vas
a empezar… Sara no me eligió”
“¿No están juntas ahora?”
“En verdad no quiero tener esta conversación”
“¿Acaso no merezco una respuesta? Al final
conseguiste quitarme a mi novia, lesbiana de mierda, ¿y no puedes contestar una
maldita pregunta?”, Iván comenzaba a alterarse, más bien ya estaba bien
alterado.
“Estas son exactamente el tipo de cosas por las que
una mujer termina dejándote por otra”
Lanzó Mar, lo que provocó que a ella le lanzaran una
bofetada. Mar se cubrió la mejilla con la palma de su mano. Curiosamente sintió
algo de paz en el dolor punzante. Nunca le habían dado una bofetada, no de esa
manera (una vez tuvo una novia a la que le gustaba el juego rudo, pero no tan
fuerte) y vaya que dolía. Sintió un sabor metálico en la boca, pero no, no
había sangre, lo cual hubiera dado un toque más dramático a la escena.
“¡Malditas desviadas enfermas!”, vociferó Iván,
mientras pasaba a un lado de Mar para alejarse del sitio. Mar pensó en
retirarse, pero la puerta estaba abierta y ciertamente, recordó, no tenía otro
lugar al que ir.
Sara llegó
unos minutos más tarde, con mucho jugo de naranja.
“Hola”, saludó Mar.
“¡Estás aquí! Justo iba a preparar algo para
llevarte al hospital”
“Iván mencionó algo sobre eso”
“Mar, sólo vino a recoger unas cosas, no pienses que
sigue viviendo aquí o algo como eso”
“Lo sé, él me lo dijo”
“¿Fue grosero?”
Sara la veía de frente. Si hubiera alguna marca en
su rostro, ya la habría notado, pensó Mar. ¿Debía decirle? No. La violencia de
Iván apestaba, pero no es como si ella fuera totalmente inocente. No diría
nada.
“No. Se fue apenas aparecí en la puerta”
“Bien. ¿Cómo sigue tu papá?”
“Igual”
“¿Dormiste algo?”
“Muy poco”
“Ven a descansar”
Sara la tomó de la mano y la llevó hasta su
habitación. El cuarto estaba diferente, Mar supuso que cuando alguien se va,
las cosas suelen verse diferentes. Ahora solo leía la presencia de Sara por
todos lados, sin rastro de la bestia con la que había pasado tanto tiempo.
“Nadie va a molestarte aquí”
“Sara, ¿puedo quedarme aquí mientras Hugo está en
casa? Iré a ver a mi familia, pero no quiero estar todo el día y la noche
metida ahí”, porque además todo aquello le recordaba a la galáctica que ahora
estaba en una misión con matices suicidas.
“Quédate todo lo que quieras. Quédate para siempre”
“Sara… no exageres”
“No me culpes por intentarlo”
“No es el momento”
“No lo es. Ahora descansa y cuando despiertes vas a
comer algo muy rico y luego irás a jugar, supertía, con tus sobrinos. Así te
sentirás mejor y entenderás que las cosas se ponen peor antes de mejorar”
Mar no creía aquello, pero estaba tan cansada, que
se dejó arrullar con la idea.
***
Los duendes informáticos (disculpen, pero esta ya es
la manera de identificarlos) habían obtenido 18 respuestas que se articulaban a
los parámetros de búsqueda. Habían enviado el mensaje de Mar, que ellos habían
prometido solemnemente no leer (cosa en lo que había influenciado también
cierta capacidad de control mental de cierta viajera sin tiempo ni espacio). Por
otra parte, Luna había logrado contactar a 25 viajeros, de menor poder que
ella. Al principio se habían asustado, se negaron rotundamente a cooperar, pero
como Luna había asegurado, las emociones humanas los había invadido lo
suficiente como para sentirse en la necesidad de proteger a sus vínculos
humanos. Si contamos con que cada contacto en realidad incluía a su par, tenían
43 pares vículo-viajero. 86 seres que apoyarían su plan.
Había pasado una semana desde que iniciaron la
búsqueda. Nora podía notar que la constitución física de Luna decaía hora con
hora. La escritora supuso que mantenerse alejada de Mar, aunado a tener que
bloquear constantemente la visión de los maestros para evitar que todo fuera
descubierto, le estaba costando dolor físico a la viajera. Luna tampoco había perdido contacto con los
maestros, de hecho, esas sesiones de reporte eran la vía más segura para la
búsqueda de otros viajeros (ya a que así aprovechaba las grietas espacio-temporales
de su galaxia para moverse). Algunas noches se alejaba a algún punto de la
playa y no regresaba sino hasta el amanecer. Al llegar, Luna solo movía la
cabeza negativamente, “no, los maestros no creen que tú y yo compartamos un
vínculo más fuerte”, seguido de “contacté uno más” o “encontré nada”. Luna no
tenía que ser más específica que eso, Nora sabía cuál era ese vínculo más
fuerte que el suyo.
Por momentos, mientras tomaba un descanso entre sus
tareas de rastreo, Nora observaba a Luna, que siempre se mantenía en la misma
habitación para bloquear las radiofrecuencias maestrales. ¿Era realmente
posible que Mar estuviera vinculada más fuerte a Luna que ella? ¿Mar la amaba
más? ¿Es que alguien podía amar más de lo que amaba ella? La escritora tenía
que obligarse a continuar trabajando.
Las noches que Luna se quedaba junto a ella (quizá
porque no tenía fuerzas para otra cosa), Nora tenía un poco más de paz. Pasaba
el tiempo acurrucada contra el cuerpo de la viajera.
“Luna, ¿qué creen los maestros que hacemos todo el
día, mientras los mantienes bloqueados?’’
“Copular”
“Vaya…”
“Es la única explicación que no requiere detalles.
Ellos creen que te estimo lo suficiente para no querer que nuestros momentos de
intimidad sean observados”
“Quisiera sentirte mía de nuevo”
“Nora, eso no es apropiado”
“¿Por Mar?”
“Por ti”
“No eres un ser humano, no actúes como su fueras uno
bueno, Luna. Deseo estar contigo, lo deseo lo suficiente como para no
importarme lo que suceda después, como siempre ha sido contigo”
“Nora…”
“Piénsalo. ¿De acuerdo? Piensa que estarías
ayudándome, piensa que me lo debes, que oficialmente eres mi novia, que me
agradeces el riesgo que corro por ti… piensa lo que quieras, pero hazlo.
Considérame. ¿Puedes hacer eso?”
“Es correcto”
“Abrázame y no me sueltes por hoy, Luna, solo por
hoy”
***
“Lucía, si no te comes toda la comida no vamos a ir
por pastel, he dicho… y no me veas así. Tu mamá me dijo que si volvía a caer en
tus redes me castigarían a mí”
La cara de falso enfurruñamiento de Mar hizo reír a
su sobrina. Lucía, de cuatro años, era quien la había mantenido a flote durante
las mañanas y tardes que pasaba en su casa. Hugo, quizá por alguna especie de
energía magnética inversa, no se cruzaba por su camino, ni ella por el de él.
Mar se aseguraba que no estuviera cerca cada vez que se movía de habitación.
Además, nadie la llamaba por su nombre, hasta los pequeños habían sido
instruidos para no llamarla a gritos por la casa. Era extraño, pero funcionaba.
Aunque claro, el ambiente era tenso, sobre todo
cuando su mamá cedió por fin y trasladaron a su papá a una “casa de reposo”,
que venía a ser una especie de manicomio con muchos jardines dentro de sus
instalaciones. En su estado de salud no había cambios, ni para bien, ni para
mal. Mar evitaba pensar en él porque cada vez que lo hacía, algo en su interior
se devoraba un pedazo de su corazón. Sentía rabia, culpa y miedo a la vez y así
no podía pensar en que todavía había una oportunidad. Por eso no lo había
visitado. Quien no encontraba sosiego era Matilde, le habían recetado pastillas
para tranquilizarla porque la habían visto parada por horas con cara al jardín,
sumergida en un llanto silencioso. Mar temía también por su mamá, si seguía
así, los maestros no tendrían que intervenir demasiado en su cabeza.
Su hermana se hacía cargo de todos, su esposo había
regresado a su trabajo, pasados un par de días. Para no dar más molestias de
las necesarias, resultó una excelente idea mudarse a la casa de Sara
temporalmente, así, podía ayudar a su hermana con los niños tras de salir de la
oficina e irse a un lugar tranquilo después, para pensar y llorar a gusto.
La ansiedad de Mar, sin embargo,
crecía día a día. No había tenido otra visita de algún viajero, no tenía
noticias de Nora ni de Luna (había terminado por comprender que cualquier
comunicación, incluso electrónica, suponía un riesgo), no tenía ni el más
remoto control sobre lo que estaba pasando. Vivía con el terror latente de que
en cualquier momento se llevaran a uno más de los suyos. Un pánico terrible la
azotaba a veces mientras veía a sus sobrinos. No podía permitirse perder más.
Esa tarde hubo pastel y ella jugueteó con su porción
sola en la cocina, porque Hugo estaba con la familia. Mar salió de la casa sin
despedirse. Decidió caminar hasta la casa de Sara aunque fuera tarde. Estaba
pensando en que el pastel de fresas era el favorito de su papá, cuando justo al
pasar debajo de un farol, su paso se vio impedido por dos figuras.
Por fin, pensó Mar. Iban a terminar de una vez por
todas con ella. Los maestros le sonreían. Mar no les tuvo miedo, eran extraños
y repulsivos, pero Mar no podía hacer nada por evitar lo que fuera a ocurrir.
Cuando vio que uno de ellos levantaba un largo tubo
metálico, muy delgado, cerró los ojos. Sintió una punta fría en su cuello, que
ella misma había expuesto sin verse forzada y entonces sintió un dolor agudo
recorrer todo su cuerpo, provocándole náuseas y vértigo. El dolor la invadió
por completo, sus huesos parecían contraerse hasta aplanar los órganos de su pecho.
Ya no podía respirar. No podía gritar aunque su cuerpo gritaba. No podía
llorar, porque el ardor de su piel y de sus ojos parecía consumirla. En un
punto solo deseó morir de una vez, rápido, que el dolor terminara. Sintió su
cabeza rebotar contra el piso antes de que la oscuridad lo reinara todo.
Cuando recuperó la consciencia, Sara estaba sentada
frente a ella, observándola. El reflejo del televisor apagado le mostró que
ella estaba también sentada en uno de los sillones de Sara.
“¿Mar?”
Mar sabía que la estaban llamando,
quería responder pero simplemente las palabras no alcanzaban a formarse
totalmente en su cabeza y mucho menos podía emitirlas.
Sara se acercó a ella.
“Tus ojos vuelven a verse normales.
Me asustaste mucho. ¿Tuviste un episodio como los de tu mamá? ¿Quieres ir al
médico? ¿Llamo a alguien?”
Mar quería moverse de ese sillón,
pero no podía ordenárselo a sus piernas ni brazos.
“Mar, escucha. Concéntrate en mi
voz. Dime quién soy”
Era Sara. Lo sabía.
“Sara”
“Bien, ¿ves?, vas a estar bien”
Mar comenzó a mover la cabeza y por
fin pudo llevarse una mano a su cuello para revisar torpemente si estaba herida.
Sentía una pequeñísima inflamación justo donde recordaba haber sentido la
punzada.
“Sara. Aquí. ¿Có…mo?”
“Con tus pies, Mar. Llegaste hasta
aquí caminando. Llamaste a la puerta, lo que me pareció curioso porque traes
llaves. Te abrí. Entraste y te dirigiste a ese sillón. Ahí has estado las
últimas dos horas”
Mar no lo recordaba. Pero ser
consciente de no recordarlo era cosa buena, ¿cierto? No estaba anulada. La
tranquilidad de esa idea (supongo) pareció relajar su cuerpo y tras cierto
titubeo se puso de pie.
“Agua”
“¿Quieres que te traiga agua?”
“Yo… voy”
Mar podía recordar las palabras y
también podía decirlas.
Bebió el agua que se sirvió, de un
solo trago. Estaba sedienta, mucho. Casi como la vez que despertó del rayo. No,
no casi, justo como esa vez.
“Mar, ¿qué pasa?”, Sara estaba
genuinamente preocupada, se acercó a Mar
y comenzó a acariciar su cabello. Así descubrió que estaba pegajoso; una
sustancia oscura había empapado algunos mechones y ahora, seca, se confundía
entre el color castaño. Era sangre. Sara dio un respingo.
“¡Sangre, Mar! ¿Qué fue lo que
ocurrió?”
Mar se palpó la cabeza y se
descubrió un chichón doloroso.
“Creo que resbalé y pegué contra la
banqueta. No es nada, la hemorragia ya paró, ni siquiera me habría dado cuenta
del golpe si no fuera por ti”
“Mar, esto no fue un episodio como
los de tu mamá. ¿Por qué no me dices de una buena vez qué es lo que está
pasando?”
“No puedo”
Mar efectivamente no podía contarle
a Sara toda la historia, significaría ponerla aún más en peligro. Si los
maestros habían decidido anularla, pero por alguna razón se frenaron o no
fueron capaces, sin duda estarían tramando algo mucho peor que enloquecerla.
“¿Todavía no confías en mí? Sé que
no he sido la mejor amiga, ni la mejor enamorada, ni la mejor en nada, pero
estoy contigo y lo estaré siempre”
“No se trata de eso, Sara. No tiene
nada que ver qué tan buena o mala hayas sido para mí, se trata de mantenerte a
salvo, de no dejar que nada te ocurra”
“No tienes que protegerme. Quizá si
me dices lo que pasa, podamos cuidarnos mutuamente”
“No. Y basta ya con todo eso. Me
duele la cabeza.”
“Vamos
a una clínica, creo que el golpe fue mucho más fuerte de lo que piensas”
“No
más hospitales, por favor. Estoy tan cansada…”, y lo estaba. Sus piernas y
brazos le pesaban, y el esfuerzo de hablar de corrido la tenía completamente
exhausta.
Sara
entendió que esa noche no obtendría ningún tipo de explicación. Mar se dejó
conducir por ella, ya en silencio, hasta el cuarto de baño. Sara la desnudó con
suavidad y la introdujo a la ducha. Mar sintió un gran alivio al entrar en
contacto con las gotas tibias que bajaron por su cuerpo, dejando un rastro de
agua sucia en los azulejos. Sara se introdujo con ella; le lavó el cabello
hasta que el agua fue completamente clara. Después lavó su cuerpo y luego lo
secó. Sara la ayudó a ponerse ropa limpia y luego la llevó hasta la cama.
“Gracias”,
dijo Mar. Sara no había dejado de verla con preocupación.
“Será
mejor que te deje descansar bien. Voy a estar afuera”
“No
tienes que hacerlo. Quédate conmigo”
Sara
no chistó. Apagó la luz de la habitación y se acostó junto a Mar. Sin tocarla
le deseó buenas noches y se acomodó en la orilla izquierda de la cama, en
verdad no quería perturbar en nada el descanso de la diseñadora.
Mar
abrió los ojos en algún punto de la madrugada (ya se estaba acostumbrando a los
despertares abruptos).
“No
debiste venir”, susurró.
“Debí
venir antes”
Mar
notó algo raro en la voz de Luna, así que cuidadosamente se incorporó de la
cama, cuidando de no mover demasiado el colchón para no despertar a Sara. Se
acercó a Luna para observarla de cerca.
“Ven,
aquí no puedo verte bien”. Mar condujo a la viajera fuera de la habitación
hasta la pequeña cocineta del departamento. Ahí con suficiente luz pudo
escudriñar el rostro de Luna.
“Marciana,
estás hecha un desastre”, dijo con tristeza Mar, acariciando el rostro de la
galáctica.
“Tú
tampoco luces muy bien”, dijo Luna, colocando una de sus manos sobre la que Mar
tenía en su mejilla.
“Pareces
una hoja de papel. Supongo que eso significa que me extrañas y necesitas, de
manera literal”, Mar aventuró una sonrisa mientras se acercaba a Luna y se
fundían en un abrazo. “Marciana, esto se siente tan bien. Sentirte se siente
tan bien”
“Intenté
resistir todo lo posible, pero mi cuerpo se debilitó tanto que tuve que
regresar hacia ti”
“No
lo tomes a mal, marciana, pero qué bueno que te debilitaste”
Luna
soltó una risita, una de esas que solo tenía para Mar, y Mar lo sabía.
El
abrazo se dio por concluido con el sonido de una puerta cerrándose. Mar y Luna
se separaron anticipando la presencia de Sara quien las observaba desde la
puerta de su habitación.
“Interesante
horario de visita”, dijo Sara, pero su voz no sonaba ni la mitad de lo
sarcástica que podría esperarse. En verdad lucía acongojada por la presencia de
Luna.
“Me
disculpo por la irrupción a tu vivienda, Sara”, dijo Luna.
Mar
entendió entonces lo grave que se había tornado la debilidad de Luna. La
galáctica no había sido capaz de controlar el sueño de Sara, ni de tomar otras
medidas. Mar se preguntaba si había bloqueado su visita de la mirada de los
grandes maestros. A lo largo de las semanas separadas, Mar intentó varias veces
ponerse en contacto mental con Luna, pero no había surtido efecto, lo cual
atribuía a la presencia de Nora y su maldita ansia constante de quererse
vincular con Luna. Sin embargo, no había pensado en la posibilidad de que Luna
en verdad sufriera físicamente tanto como para perder sus capacidades.
“¿Nora
sabe que estás aquí?”, continuo Sara.
“No.
Me era imperativo hablar con Mar. Fui a su casa, pero no la encontré, su
hermana me dijo que estaba aquí”
“¿Despertaste
a mi hermana en plena madrugada?”
“Es
correcto, no había otra manera de localizarte. Utilicé mucha energía para el
viaje, no fui capaz de más. Me disculpo por la descortesía de mi llegada, Sara,
pero necesitaba sentirme cerca de Mar”
“¡Pues qué bien!”, dijo Sara alzando y dejando
caer los brazos. “Supongo que pueden aprovechar el reencuentro para que Mar te
cuente por todo lo que ha pasado. ¿Sabes, Luna? Creo que ella también te
necesitó de manera urgente un par de veces, pero bueno, tu luna de miel era más
importante, supongo”
“Nada
es más importante que Mar”
“¿Tienes
idea de por qué está aquí y no en casa?”
Luna,
por primera vez, no tenía una respuesta. Miró hacia Mar, quien mantenía los
ojos fijos en el suelo y luego vio a Sara que la desafiaba a decir cualquier
cosa.
“Hugo
está en su casa y aprovechaste la situación para acercarte a ella y…”
“¿En
verdad estás insinuando que me aproveché de la situación? Mar, en cuanto
terminen su asunto, que se vaya. No me importa si es de madrugada, Luna no es
bienvenida”, dijo Sara con seguridad. Se acercó hasta Mar, ignorando a Luna, la
tomó de las manos y añadió, “…después, regresa a la cama, necesitas descansar.
Ella puede recuperar sus energías del viaje con Nora”
Dicho
esto, Sara regresó a su cuarto.
Mar
y Luna guardaron silencio. Mar sabía que Luna estaba en la misión para salvar
al mundo y no se había enterado de lo que había ocurrido con su papá y mucho
menos del intento de ataque que había sufrido esa tarde, y Mar de ninguna
manera le recriminaría su ausencia en condiciones tan absurdas. Luna estaba en
donde debía estar, haciendo lo que debía hacer.
“¿Qué
ha ocurrido, Mar?”, preguntó Luna.
“Luna,
tus energías deben estar enfocadas en hacer lo que debes. Eso podría solucionar
y frenarlo todo. Eso es lo importante; no quiero que te preocupes por cosas
menores que pueden solucionarse con lo que pretendemos lograr”
“¿Qué
son esas cosas menores, Mar? Aún estoy débil, aún no puedo verlo”. Mar notó la
ansiedad creciendo en el rostro de Luna.
“En
serio, marciana, es mejor que regreses ya a hacer lo que hacías y no me refiero
a dormir junto a la intensa Nora, es más, ojalá pudieras evitar dormir con ella
todos los días…”
Mar
frenó lo que estaba diciendo al sentir que Luna se acercaba y besaba su mentón.
Al separarse, Luna tenía los ojos llenos de lágrimas sin verter. Pero Mar se
dio cuenta de que no eran lágrimas de tristeza, era furia contenida. El rostro
de la galáctica estaba congelado en una mueca que Mar no había visto y le
asustó.
“Luna…recuerda
que nos observan y estás débil… ten cuidado con lo que digas o hagas”
“Voy
a hacer que se extingan. Que se conviertan en polvo”
“Marciana,
calma”
“Tu
papá está anulado y se atrevieron a tocarte. Voy a encontrar la manera de…”
“¡Luna!”,
dijo Mar con fuerza. “Sabíamos que esto podía pasar, era el riesgo. Mira, no
lograron hacerme nada, el dolor se terminó y volví. Estoy bien. Ustedes deben
seguir buscando, yo cumpliré con aguantar. ¿Está bien? Papá también se pondrá bien… ¿Cuántos
llevamos?”
“Iban
a anularte, Mar. Iban a hacerlo…”
“Pero
no lo lograron… Luna, controla los sentimientos humanos negativos, ¿cuántos
llevamos, marciana?”
“92
parejas”
“Necesitamos
muchas más”
De
pronto, Luna cambió su semblante y preguntó:
“Mar,
¿cómo los detuviste?”
“No
lo sé. Yo sólo me desmayé”
“Mar”,
comenzó a decir Luna con seriedad, “…es posible que sí tengamos una
oportunidad”
“¿Hasta
ahora lo crees?”
Los
ojos de Luna brillaron. Después, la galáctica se acercó a Mar y besó sus labios
profundamente. Mar devolvió el beso.
“¿Ya
tienes fuerza para bloquear de su vista esto?”, alcanzó a preguntar Mar con el
poco aliento que quedó en sus pulmones después de haber sentido el contacto de
Luna.
“Sí.
Y esto también”, Luna volvió a besarla.
“Creí
que estabas furiosa y preocupada”, dijo Mar sintiendo en ella misma fluir la
energía de la vinculación.
“Mar,
no pudieron anularte, eres justo lo que temían que fueras, o peor. Debo ir a
verlos y comprobarlo, pero creo que pudiste haberlos debilitado lo suficiente
para llevar a cabo tu plan”
“¿Cómo
pude haberlos yo debilitado?”
“No
lo sé. Pero si nuestro vínculo antecede a todo tiempo y espacio, quizá también
anteceda y sea superior en el orden universal, a mí y a ellos”
“Tomás
me visitó y dijo que tú y él eran tan poderosos como ellos”
“Potencialmente
nos convertiríamos en maestros, sí”
“Eso
nos da más oportunidades de romperles la cara, ¿cierto?”
“Es
correcto. Debo irme y acelerar la búsqueda de viajeros y vínculos”
“Vete
ya”
Mar
besó la frente de Luna, como despedida. El vínculo estaba restablecido.
“¿Te
cuestionas sobre Sara?”, preguntó Luna, abriendo los ojos después de que los
labios de Mar se alejaron de su sien.
“¿Qué
viste, marciana?”
“La
vi acompañándote, desnudándote. La vi durmiendo contigo y vi que te sentías
segura con ella”
“Luna…
Sara me ha acompañado y yo la amo. Pero tú eres mi Luna y yo soy tu Mar”
“Si
yo no hubiera existido, podrías estar con ella y nadie correría peligro… eso es
lo que sientes”
“Luna,
¿olvidas que yo también me he vuelto experta en la vinculación? Yo también vi
la culpa que sientes por no amar a Nora. Que tu corporalidad humana diseñada
para la experimentación, está contemplando seriamente tener sexo con ella
nuevamente. Vi que admiras su amor, que de cierta manera te atrae y por eso
tienes una extraña conexión con ella… pero este no es el momento de tener
celos, ni de pretender que la vida terrestre no tiene complicaciones
emocionales contradictorias. Vete ya y haz lo que debes y no te preocupes por
Sara. Aunque pasara el resto de mi vida junto a ella, aunque la besara durante
diez décadas, a ella o a cualquiera, dentro de mí sé que cuando no esté más
contigo y aunque no te recuerde, me voy a sentir sola. Tu vínculo es el mío,
¿recuerdas?”
“Siempre
voy a recordarlo”
“Ojalá
no lo hicieras, mi amor. Ojalá pudieras viajar por tus dimensiones también sin
recordarme…”, Mar lo decía en serio; deseaba que si la historia de amor debía
acabarse, que se acabara para las dos por completo. “… vete ya, marciana. Por
favor”
“Hasta
pronto, Mar”
“Una
cosa… si lo haces, si te acuestas con Nora como te lo pidió, no pienses en mí,
por favor. Si los maestros están debilitados, quizás podría verlo y…”
“Mar…,
hasta pronto”
“Cuídate,
marciana”
Luna
se desvaneció mientras caminaba a la sala de estar en penumbras.
Mar
tomó fuerzas, sabía que Sara la estaría esperando. Y tuvo razón. Tan solo con
abrir la puerta del cuarto pudo notar a Sara medio acostada, medio sentada,
observando el lugar por el que Mar se asomaba.
“¿Se
fue?”
“Sí,
claro. Luna no quería molestarte”
“No
hables por ella, Mar. Lamento que haya tenido que irse a la mitad de la
madrugada, pero no la soportaba aquí”
“Está
bien, no le pasará nada”
“¿Entonces
ella y Nora están de vuelta?”
“No.
Se marchan nuevamente a primera hora”
“¿No
le dijiste lo que ha pasado?”
“Sí
y también le dije que no hay mucho que pueda hacer así que debía volver a su retiro del amor”
“¿Por
qué le dijiste eso?”
“Porque
es cierto”
“Pero
estar lejos de ella te lastima”
“Sara…”
“Es
cierto. La única persona que has necesitado estos días, es a Luna. Todos los
demás somos simples suplentes”
“Ya,
Sara, no te pongas dramática”
“¿Por
qué sigues negando que…?”
“¡Sara,
por favor! Tengo cosas más importantes que atender que tus crisis de celos.
¿Por qué no simplemente estás de acuerdo con lo que te digo? ¡Luna, Luna,
Luna!, deja de echarle la culpa de todo. Ella y yo no vamos a tener la gran
historia de amor que te imaginas. Si no soportas esta situación, bien, te
quiero al margen de todo. Pero por favor, entiende que necesito dejar de
preocuparme por argumentos rosas. Mi papá enloqueció, Hugo me borró de su mente
y mi mamá solo deambula por la casa, lo que menos quiero es explicarte qué pasa
con Luna.”
Wao. Hasta la misma Mar estaba sorprendida
por su seguridad al separar sus preocupaciones y la situación con Luna. Aunque
Sara técnicamente no culpaba a Luna “de todo”, Mar se había sentido bien al
decirlo, proyecciones, claro, proyecciones. Sara no se movió de su lugar en la
cama, tampoco respondió algo a Mar, simplemente se cubrió con su sábana hasta
el cuello y se recargó sobre su costado derecho, dándole la espalda. Mar
suspiró. ¿Qué no la insensible había siempre sido Sara? Bien, ahora ella debía
disculparse porque no debió hablar en un tono tan alto a su
mejoramigacuasinoviaamanteloquesea.
Mar
sacudió su cabello con ambas manos, que luego pasó por su rosto. Se aseguró que
las luces de todo el departamento estuvieran apagadas y se tumbó junto a Sara.
La cercanía de otra persona en el lecho la llamó y se acurrucó junto a ella
abrazándola por la cintura.
“Discúlpame…
todo lo que está pasando me rebasa”
“Lo
sé. Pero estoy aquí y parece que no lo notas”
“Sé
que estás conmigo, es sólo que estoy cansada. A veces quisiera que todo
volviera a ser como antes”
“Si
todo fuera como antes, sería Iván quien me susurrara al oído esta noche y no
tú. Yo no quiero que todo vuelva a ser como antes, quiero que tú vuelvas a
serlo”
Touché,
pensó Mar. Y como no podía ni sabía cómo dar otra respuesta a Sara, optó por
besarla en el hombro más próximo. Pero no debió hacerlo, porque Sara reaccionó
al contacto volteándose hacia ella y besando sus labios, su cuello. “¡Basta!”,
escuchó la diseñadora en su cabeza, sin estar segura de que fuera su voz o la
de Luna. Pero no hizo caso al llamado, respondió los besos, no escabulló las
caricias y dejó que el aroma de Sara inundara sus sentidos. Sin embargo, fue
Sara quien paró en seco lo que estaba a punto de ocurrir.
“Estás
pensando en ella”
Mar
no respondió.
“Duérmete
Mar”
“Sara…”
“Cállate.
No te atrevas a decirme que la amas, o algo por el estilo. Tienes muchas otras
cosas más importantes en qué pensar, tienes razón en todo, pero soy yo la que
está contigo. Sé que tarde o temprano lo entenderás. Duérmete”
Mar
obedeció, de nuevo le dolía la cabeza y sentía una necesidad terrible de fumar.
No se dio cuenta en qué momento se fue quedando dormida.
***
Mar
se acercó a su mamá avisando con pasos fuertes que se aproximaba, no quería
asustarla. Matilde tomó aire y lo soltó fuerte, en señal de que su hija podía
acercarse; estaba pintando en la cocina, viendo al jardín. Mar pudo entrever en
el boceto la silueta de un hombre y el marco de la ventana. Bien, su madre
estaba encontrando un espacio para expresar su pena, pintura simbólica era
mucho mejor que deambular sin sentido por las habitaciones.
“¿Te
gusta?”, preguntó Matilde. Era la primera vez que su mamá le hablaba
directamente en varios días.
“Sí”
“Sé
que estás preocupada por mí, no tienes que hacerlo, Mar”
“Es
un poco imposible que no me preocupe, mamá”
“Lo
sé, pero no es algo que puedas controlar. Ven, ayúdame”
Mar
no estaba segura en cómo colaborar en el trabajo de Matilde, sin embargo, se
acercó a tomar un pincel cubierto de pintura gris y comenzó a trazar unas
líneas sobre lo que se convertiría en la ventana.
“Tienes
talento, cariño. Siempre lo has tenido, desde que eras pequeña supe que serías
una artista”
“Mamá,
solo estoy siguiendo tu boceto con el color que ya habías seleccionado”
“No
dejes de pintar. Hace mucho que no veo algo nuevo tuyo”
“No
he tenido tiempo. Han sucedido tantas cosas que lo último en lo que puedo
pensar es en ponerme creativa”
“Pues
encuentra tiempo. No hay nada mejor que esto para poder respirar”
“¿Te
sientes mejor?”
“No.
Pero me esfuerzo por tranquilizarme. Tu hermana y tú también sufren y me
necesitan, debo encontrar la manera de volver a ustedes, y así entre las tres,
enfrentar las cosas”
Mar
agachó la cabeza y continuó con el trazo.
“¿Cómo
te va con Sara?”
Mar
no estaba segura sobre qué responder, sus relaciones con mujeres no era algo
que su mamá aceptara totalmente.
“Sara
es una buena amiga. Me deja pasar las noches en su casa, así mantenemos a Hugo
tranquilo”
“Entiendo…
pero te preguntaba si ella y tú están juntas ahora”
“¿Juntas?
Siempre hemos estado juntas, mamá, somos amigas desde que tenemos quince años”
“Mar,
una cosa es que esté deprimida y otra cosa que no me dé cuenta de lo que ocurre
con mis hijas… ¿Son novias?”
Vaya
con la pregunta directa.
“No”
“¿Sigue
con Iván?”
“No.
Ellos terminaron hace unas semanas”
“¿No
te le has lanzado?”
“Mamá,
en serio esto está convirtiéndose en un momento madre-hija incómodo”
Matilde
dejó el pincel que tenía en la mano para encarar a su hija. Acomodó dos mechones
de cabello rebelde de la cabeza de Mar y continuó:
“Mar,
a estas alturas puedes hablar claramente conmigo. ¿Sara y tú tienen una
relación más que amistosa?”
“No,
mamá, ya te dije que no”
“Tú
has estado enamorada de ella desde hace mucho tiempo. Ella también siente algo
por ti, las mamás sabemos ese tipo de cosas”
Mar
suspiró y tomó asiento en uno de los taburetes de la barra para desayunos.
“Eso
ya fue, mamá. Yo ya no quiero estar con Sara de esa manera. La quiero como mi
mejor amiga. Fueron muchos años de esperarla, ¿sabes?, supongo que ya me había
cansado de esperar cuando por fin tuvimos la oportunidad de intentar algo”
“¿Te
gusta alguien más?”
“No”
Matilde
sonrió dulcemente viendo a su hija.
“Mi
niña transparente. Siempre ha sido muy fácil saber si estás triste, contenta,
preocupada… Cuando naciste y te tuve entre mis brazos, estabas tan tranquila.
No llorabas. Te acurrucaste en mi pecho como abrazando el mundo que no
entendías pero aceptabas”
“Sí,
soy una pasiva conforme”
“No,
cariño, eres capaz de observarlo y entenderlo todo. Entiendes mucho más que
nosotros, te sorprendes más, puedes pensar en muchas otras posibilidades cuando
nosotros solo vemos una. ¿Puedo saber quién es la otra posibilidad de
convertirse en mi nuera?”
“Mamá,
no hay nadie más. Ahora solo pienso en papá, tú…” En toda la humanidad, pensó
Mar, abrumándose sólo con el pensamiento.
“Bueno,
quien sea, me alegro de su existencia. Sara no es la persona con la que me
gustaría verte”
Mar
arqueó una ceja y se sacudió el cabello. Se levantó y caminó hasta el
refrigerador. Sirvió dos vasos de limonada fría, tomó uno para ella y otro se
lo llevó a Matilde.
“Gracias”,
dijo Matilde, tomando un sorbo del líquido. “¿No vas a preguntarme por qué?”
“¿Por
qué, qué?”
“Por
qué creo que Sara no es la indicada para ti”
“¿Porque
es mujer?”
“No
necesariamente, cariño. Sino porque Sara te atrapa. Siempre pone sus
necesidades antes que las tuyas. Sé que nunca dices qué es lo que quieres,
siempre pareces dispuesta a disfrutar lo que te ofrezcan aun cuando no sea lo
que tú deseas, y Sara parece aprovecharlo. No digo que sea una mala persona y
te lastime a propósito, pero creo que te imagino con alguien que te impulse a
vivir todas esas posibilidades que puedes ver. Mi hermosa Mar, infinita, llena de
vida, quiero verte con una compañera, no con una novia solamente”
Mar
sintió escozor en sus ojos, probablemente las pinturas que estaba usando su
mamá tenían demasiado líquido para diluir, esa cosas a veces irritaban como
jugo de cebolla.
“Papá es tu compañero”
“Sí.
Y casi olvido que mi compañero camina junto a mí, pero también camina solo”
“Pero
te sientes incompleta”
“No.
Un compañero es alguien completo que camina contigo, siendo completa. Se me
había olvidado, pero empiezo a recordar. Mar, no dejes de pintar. Tu papá
también volverá”
“Sí,
volverá”
Mar
sentía algo caliente en su pecho y unas ganas enormes de abrazar a la mujer que
le había dado la vida y ahora le daba fuerzas, sin querer. O sí.
“¿Luna
también resultó homosexual?”
La
pregunta la tomó por sorpresa. Matilde no esperó a la respuesta de su hija para
continuar.
“Me
pregunto si ese rasgo es genético… a lo mejor la familia de tu papá lo trae en
el ADN”
Mar
pensó que aquello era más cercano a lo que siempre decía su mamá sobre el tema
de su sexualidad, y no pudo estar más contenta con eso… su mamá estaba
regresando.
“Mar,
Luna no es una prima cercana”
“Mamá,
no vayas por ahí, por favor no”, dijo Mar alarmada, Matilde sonrió a su lienzo
y continuó trabajando sin decir nada más a su hija.
Mar
estuvo junto a su mamá una media hora, en silencio. Por momentos parecía que
Matilde regresaría a su estado de ausencia, pero pronto se recobraba y cada vez
que lo hacía, notó Mar, cambiaba el color en el pincel.
“Voy
a ver a los niños”, dijo Mar después de un rato.
“Tu
hermana se puede arreglar con ellos. Ve a pasear al museo, o al parque o al
centro, ve”
“Pero
quiero estar con ustedes”
“No.
Ve y busca la manera de ponerte creativa y desahogarte. Soy tu madre y vives
todavía en esta casa, así que harás lo que te diga. Necesitas tiempo para ti,
créeme”, Matilde acompañó la orden con un beso en la frente para su hija. Mar
sonrió. Quizá su mamá tenía razón.
Mar
caminó hasta el centro de la ciudad. Decidió visitar su galería de arte urbano
favorita. La exposición de la artista que utilizaba collage y muchos colores,
continuaba. Mar recordó que la mañana del rayo había visto esa misma composición
de colores. Pensó que la mezcla loca exhibida se parecía al caos del universo.
Sonrió viendo los cuadros, después del caos visual ocurrió el caos espacial
mediante un relámpago y pum, todo lo demás. Al principio, el caos… había leído
y escuchado innumerables veces. No creía que la frase alguna vez hubiera sido
pensada para enmarcar su encuentro con una viajera del espacio y tiempo de la
cual se había enamorado. No, definitivamente no había sido escrita para eso.
“¿Me
regalas un cigarro?”
La
voz de la desconocida la sacó de sus pensamientos herejes.
“Claro,
y te acompaño, también quiero fumar”
Fuera
del recinto, Mar tendió a la mujer su cajetilla, luego tomó uno para ella y lo
encendió dando una fuerte calada.
“¿No
te acuerdas de mí, cierto?”
Mar
levantó de inmediato la vista hacia la mujer. Era mayor que ella, de unos
treinta años, llevaba el cabello hasta los hombros, recogido por un lado.
Frunció el entrecejo por el esfuerzo de recordarla, también se llevó una mano
al cuello. No, no la recordaba.
“Tranquila,
no entres en pánico”, apuntó la mujer con una sonrisa, “no soy alguien con
quien amaneciste y nunca volviste a llamar”
Mar
sonrió con más nerviosismo que alivio, ¿era en serio? ¿Era sarcasmo?
“En serio, quita la cara de susto. Te
he vendido entradas a éste lugar cada semana, durante tres años”
“¡Cierto!”,
ahora Mar sí sentía alivio. “¿También trabajas los domingos?”
“Bueno…
debo trabajar duro para pagar las cuentas del local. No es como que sea un gran
negocio el arte urbano de jóvenes artistas desconocidos”
“¡Eres
la dueña!”
“No
precisamente. El banco es el dueño, pero estoy trabajando para que en unos
siete años puedas llamarme así”
“Este
lugar es muy bueno, las expos siempre son muy buenas…”
“No
es cierto… no siempre son muy buenas… pero todos deben tener una oportunidad,
¿cierto?”
“Eso
creo. La que tienes montada en la sala dos sí es muy buena, ya lleva rato ahí”
“Ventajas
de ser la casi dueña”
Así
que ella es la artista, pensó Mar y quiso comentarle lo que había pensado sobre
el caos, pero decidió hacerlo después, si había mundo, claro. Dijo en cambio:
“Me
gusta tu trabajo”
“Me
alegro. ¿Tú qué haces? Eres artista, ¿cierto? Te he visto por ahí con un
cuaderno de dibujo”
“Soy
diseñadora gráfica, trabajo en un empresa a unas cuadras de aquí, en el
edificio grande de ventanas”
“He
pasado por ahí algunas veces. Pero aparte de eso, ¿haces trabajo creativo
individual?”
“Algo”
“Si
algún día te sientes con ganas de mostrarlo, avísame. Sabes dónde encontrarme.
Tienes cara de estar esperando el fin del mundo, las personas así suelen dar
buenas sorpresas con su arte. Me dio gusto conocerte. Nos vemos pronto”
La
dueña de la galería dejó caer la colilla en el suelo y la aplastó contra su
zapato. Luego la recogió y la aventó a un bote de basura cercano para después
volver a su trabajo.
Mar
pensó que sería muy bueno dejar de esperar el fin del mundo para volver a
dibujar y luego exponer y evitar que personas como la dueña de la galería se
convirtieran en seres sin consciencia.
***
Nora
tomaba pequeños sorbos de su tercera taza de té esa mañana. En total, los
informáticos habían avisado a 78 contactos. Luna había reportado 89 viajeros.
334 seres, de 396.
“Es
suficiente”, declaró Luna.
Nora
casi tira la taza que sostenía cerca de sus labios al escuchar la declaración
de la viajera.
“Luna,
¿estás segura? En una semana más podríamos contactarlos a todos”
“Los
maestros están debilitados. Es el momento justo para actuar si queremos tener
una oportunidad”
“Bien.
Entonces… chicos, eso es todo”
Dijo
Nora a los jóvenes ojerosos que sin saberlo habían cooperado activamente con
salvar a la humanidad. Si es que lograban salvarla.
“Dejen
lo que están haciendo”, ordenó Luna. Los informáticos dejaron de inmediato de
teclear, apagaron los equipos de cómputo. “Vayan a casa”.
“El
pago prometido ya fue transferido a sus cuentas”, dijo Nora.
“El
pago fue por un proyecto para una corporación privada. Nora y yo seremos
totalmente borradas de sus mentes. No dirán detalles a nadie porque han firmado
un acuerdo de confidencialidad. Vayan y vivan felices”, finalizó Luna. Los tres
jóvenes tomaron sus cosas y sin despedirse, partieron.
“Tu
control mental sobre las personas es intimidante”, dijo Nora una vez que el
último informático cerró la puerta de la pequeña oficina en la que habían
trabajado.
“Intimidante
es tu capacidad para resistirte a él, Nora”
“Entonces…
¿qué sigue?”
“Debes
volver con Mar. Dile que el trabajo está hecho y que en un par de días deberá
estar lista. Después, ve a tu casa, Nora, con tu familia. Si las cosas no salen
bien, deseo que estés rodeada de las personas a las que amas”
“Yo
deseo estar junto a ti”
“Esta
vez no. Ve a casa”
“¿Es
una orden?”
“Es
una petición. Eres un ser humano importante. Haré lo necesario para protegerte,
pero si te quedas a mi lado, solo estorbarás. Eres una interferencia para mi
vínculo con Mar y ahora mismo, no puedo permitir ninguna”
Eso
había dolido, Nora no esperaba tanta franqueza, aunque, estando las cosas de
esa manera, no había mucha cabida a sutilezas. No tuvo otra opción más que la
de asentir.
“¿Esta
será la última vez que nos veamos?”, preguntó la escritora, segura de que el
final se acercaba.
“No.
Volveré a verte para decir adiós”
“Estaré
esperando”
Luna
se adelantó hacia ella, tomó su rostro
entre sus manos y besó sus labios con dulzura. Nora sonrió; después, tomó la
pequeña maleta con su ropa, cogió su computadora y se fue rumbo a la estación
de transportes. Le quedaba una larga jornada hasta la ciudad de Mar.
Era
curioso, el día que había ido en busca de Luna también lo había pasado viendo
su reflejo en la ventanilla de un autobús. Esa vez llevaba a cuestas la
esperanza de encontrar a quien le había obsesionado durante toda la vida. Ahora,
sin embargo, lo que viajaba con ella era su desesperanza. Si ella hubiera
estado en el lugar de Mar, se habría ido con Luna, sin dudarlo. Nora pensó que
probablemente por eso no estaba en el lugar de Mar. Bien, cumpliría su función
y luego buscaría a su hermano y lo llevaría al observatorio; sí, pasaría el
final del mundo que incluía a Luna, viendo las estrellas.
24
Eran
las dos de la mañana. Mar estaba esperando en la estación a Nora. ¿No podían
llamarle o enviar un mensaje o un e-mail, con las noticias? A lo mejor, pensaba,
era la manera mediante la cual Luna logró que Nora se fuera de su lado. Luna se
había contactado mentalmente con Mar para decirle que Nora iba en camino y
llevaba noticias. Sin Nora, el canal para la comunicación no tenía
interferencias (a Mar le gustaba, aunque no lo admitiera del todo, pensar en el
“sin Nora”, descartando de tajo la debilidad de los maestros).
El
camión procedente de la costa arribó. Nora fue uno de los últimos pasajeros en
bajar. Vio a Mar y con paso decidido se acercó a ella. Mar la saludó con un
“hola” apagado. Nora correspondió con otro.
“¿Quieres
ir conmigo a casa de Sara?”
“¿Te
quedas ahí?”
“Sí.
En mi casa tienen a Hugo y yo no quise hacer el ambiente más pesado con mi
presencia”
“Muy
considerado de tu parte. Gracias, pero prefiero ir a mi departamento. ¿Quieres
pasar la noche ahí? Hay un par de cosas de las que debemos hablar. Luna,
seguramente estará bloqueando la conversación entre nosotras, aunque tengo
entendido que los maestros están debilitados gracias a ti”
Bien,
Mar no quería pasar la noche en casa de Nora. Nora tampoco quería la compañía
de Mar, pero pues, como Mar había aprendido, no siempre se puede hacer lo que
una quiere.
“Sí,
vamos a tu casa. ¿Tienes hambre? Podemos pasar a comprar algo”
“Sí,
pasemos por cualquier cosa, seguramente lo que tengo en el refrigerador es
inservible, fueron cuatro semanas con Luna, fuera de casa”
Mar
asintió, ignorando lo de “con Luna”. Ambas mujeres decidieron comprar panes,
jugo y café en una tienda de autoservicio en la misma estación. Después,
tomaron un taxi hasta el piso de Nora.
“Bonito
lugar”, dijo Mar, por decir cualquier cosa, una vez instaladas en el sofá de
Nora quien apuraba su segunda pieza de pan.
“¿Estuvieron
en la costa?”
“¿Disculpa?”
“Luna
y tú… tienes un buen bronceado. Supongo que, si trabajaron tanto, tu color se
debe a que estuvieron cerca del mar”
“Sí.
Luna eligió el escenario ideal para no dejar de pensar en ti”
Mar
sonrió mentalmente. Nora continuó.
“Tengo
instrucciones de irme mañana mismo de la ciudad y volver con mi familia, así
que procuraré ser breve, el viaje fue largo y me espera otro tanto”
“Escucho”
“Tu
mensaje fue respondido por 78 vínculos. Luna se quedó con esa información y hoy
mismo contactará con ellos y sus viajeros, para hacerles partícipes de lo que
viene. Ojalá pudieras leer la reacción de muchos. Tu carta pareció encender en
ellos las ganas de gritar al mundo que habían descubierto el amor en estado
puro. Uno de ellos, en particular, era una joven de 17 años. Según recuerdo, su
viajera llegó al morir su madre y tomó la forma de una anciana a la que la
chica nombró ‘abuela’. Su abuela viajera es el único ser que tiene en la vida,
es realmente conmovedor”
Mar
sintió un gran remordimiento porque sabía que de funcionar el plan, la chica
continuaría cuerda, pero perdería a su abuela. Nora notó el cambio en el
semblante de la diseñadora.
“Estás
haciendo lo correcto, Mar. Las pérdidas que puedan sufrir los vínculos humanos
son necesarias”
“Espero
que ellos lo sepan”
“En
unas horas lo sabrán y también estarán de acuerdo. Los vínculos tienen algo en
común: son las personas más consideradas del mundo”
El
tono en que Nora dijo aquello hizo dudar a Mar si aquello era un cumplido o un
insulto. El aire era denso en aquella habitación. Mar supuso que Nora estaba
sufriendo por la pérdida de Luna, pérdida que hace mucho había ocurrido. La
escritora continuó:
“Luna
localizó a 89 viajeros, creo conociste al más poderoso de ellos. Todos están
listos para actuar en cuanto Luna lo indique. Mar, ¿ya saben lo que van a
hacer?”
“Tengo
una idea…”
“¿Y
si las cosas toman un giro no tan pacífico?”
Mar
no tenía una respuesta, Nora lo sabía, pero la diseñadora no podía quedarse
callada.
“Entonces
también nosotros giraremos”, dijo Mar, ecuánime.
“Supongo
que eso es todo para mí. Sea cual sea el resultado, jamás me enteraré”
“Ojalá
pueda seguir leyéndote, Nora”
“No
sé si seré capaz de seguir escribiendo sin ella…”, Nora sintió que la voz le
fallaba, lo único en lo que podía pensar era que necesitaba a Luna, la
necesitaba ahora y la necesitaría siempre.
Mar
pudo, por un momento, entender la desesperación de Nora.
“Ojalá
las cosas fueran diferente…”, comenzó a decir Mar.
Nora
no pudo soportar escuchar aquello. Se había prometido a sí misma no decir nada
sobre la resignación de Mar, pero antes de frenarse, las palabras comenzaron a
escapar de su boca:
“No
lo entiendo… no entiendo por qué deseas que las cosas hubieran sido diferentes.
Si así fuera, tú nunca habrías conocido a Luna. Yo sería capaz de renunciar a
todo por ella y eso no es suficiente. El vínculo lo comparte contigo, con
alguien que permite que Luna duerma con otra. A mí me enferma verte con ella.
Pero tú siempre has estado dispuesta a dejarla ir. ¿Por qué eres tú y no yo la
que va a enfrentar al universo junto a ella?”
Nora
había hablado enérgicamente y no se arrepentía. Tenía que sacar de su sistema
todo eso antes de olvidar por qué lo sentía y enterrar sus emociones en un
trozo de papel. Mar, por su parte, sintió algo arder dentro de ella, ¿qué sabía
Nora de lo que ella sentía?, nada.
“No
me importa lo que pienses, Nora. No me importa si no entiendes, tampoco yo
entiendo. La simple idea de la ausencia de Luna mata algo dentro de mí. Tengo
que dejarla ir porque es lo único que puedo hacer. No sólo renuncio a Luna, con
ella también renuncio a volverme a sentir plena, renuncio a volver a amar de la
manera en que lo hago. Sin Luna, me va a tocar recomponerme para seguir y ni
siquiera sabré por qué nada me llenará, ni mi familia, ni mi trabajo, ni mis
dibujos. Voy a tener que construirme cada día, a obligarme a seguir adelante.
Dices que tú no renunciarías a ella, bueno, yo sí y con esa renuncia, también
renuncio a mí. Si el amor que Luna y yo sentimos puede salir de nosotras y
darnos a todos otra oportunidad, quizá sea ese el sentido de que exista”
Mar
también se había exaltado. Nora tomó el resto del café que quedaba en su vaso
de cartón, mismo que apretó entre sus manos.
“Su
amor es tan grande que puede salvarnos a todos. ¿Tienes idea de lo cursi que es
eso? El autosacrificio nunca ha sido lo mío, creo que ya pasó de moda y no creo
que sea algo por lo que optaría”
Mar
aún luchaba consigo misma para recobrar la compostura. Nora suavizó su tono
para continuar:
“Ya
entiendo por qué te ama. No eres simple, como pensé al inicio, creo que tienes
una tendencia a abarcarlo todo. Eso es bueno para nosotros, si podemos ver otro
día, cuerdos. Mar, personas como tú podrán encontrar la plenitud en muchas
otras cosas y caminarás, hasta el día en que vuelvas a encontrar a tu Luna”
Nora
se acercó hasta Mar, quien asimilaba lo que la escritora acababa de decir,
¿había hecho las paces, cierto? Mientras Mar lo pensaba, Nora se inclinaba
hacia ella, buscando su rostro…
“No”,
se frenó Nora a medio camino hacia los labios de Mar. “Las cosas ya son
demasiado raras…”
“¡Ibas
a besarme!”, reaccionó Mar. “¿Por qué ibas a hacer eso?”
“Parte
del drama”
“Estás
loca”
“Es
probable que sí”
Mar
se echó para atrás en el sillón, poniendo toda la distancia posible entre ella
y la escritora.
Nora
sonrió. Tenía que ser una broma cósmica que la persona que tenía enfrente fuera
su salvadora y el amor de su amor. Por otro lado, ahora no podía pensar en
alguien mejor.
“Voy
a dormir, Mar. ¿Quieres usar la cama o tomas el sofá?”
“El
sofá. Mañana te espera un largo viaje”
“Muy
considerado de tu parte. Buenas noches”
Mientras Nora se acostaba en la cama
y apagaba la luz cercana a ella, Mar pensaba en lo que Luna siempre había dicho
sobre Nora, sobre ser un torbellino de emociones que se dejaba arrastrar sin
freno con ellos, tenía razón. La escritora estaba loca. Se tendió en el sillón,
apagó la luz y durmió con la idea de una pobre huérfana.
***
Nora
partió de la ciudad a las 7:15 de la mañana. Mar la acompañó hasta que el
camión arrancó y se perdió tras doblar la esquina. Tenía 45 minutos antes de su
hora de entrada a la oficina. Aunque la amenaza de un gran acontecimiento
cósmico era buena excusa para faltar, no era algo por lo que pudiera conseguir
un formato de incapacidad. Tenía el tiempo suficiente para ir a cambiarse a
casa de Sara y luego iría a la no-tan-grande-empresa a continuar sus nuevas
maquetas. Tenía la boca seca, así que pasó por un café y compró otro para Sara.
Entró al departamento sin hacer ruido, se dirigió a la habitación y encontró a
su anfitriona durmiendo a pierna suelta, abrazada a la almohada que Mar había
utilizado las últimas noches.
Mar
se sentó en la orilla de la cama, cerca del cuerpo de la mujer dormida. La
llamó suavemente primero y luego con más fuerza, hasta que Sara abrió
lentamente los ojos y al verla sonrió.
“Si
me das un beso, probablemente sea el mejor despertar de mi vida”
“Exagerada.
Te debo el beso, pero traje néctar de los dioses”, Mar acercó a Sara el vaso de
café. Sara se sentó, recostando su espalda en la cabecera. Tomó el vaso que Mar
le ofrecía y bebió con cuidado.
“¿Arreglaste tu asunto con Nora?”,
preguntó Sara. Mar se había inventado un rollo sobre Nora queriendo ser su
amiga e invitándola a ilustrar su nueva novela. Mar no sabía si Sara se había
creído el cuento por completo.
“Faltan afinar detalles, pero sí”
“Y
bien, ¿cómo está ella? ¿Qué tal le sentó la luna de miel?”
“Su
bronceado es excelente”
“¿El
par de intensas están oficialmente de regreso, entonces?”
“Nora
regresó con su familia… unos días”, se apresuró a completar Mar, Sara no tenía
por qué enterarse de que sería para siempre, con suerte, ni siquiera recordaría
a Nora.
“Entonces
Luna estará libre por el campo…”
“Luna
estará ocupada trabajando en algo importante… Sara, yo también voy a trabajar
en algo. Esta noche me quedo en casa y allá estaré también mañana”
“Sutilmente
me pides guardar distancia de ti hoy y mañana…”
“Sí”
“¿Estarás
con Luna?”
“Sí.
Si todo sale bien, pronto estaremos como antes. Luna partirá de regreso y…”, y
Mar sintió una presión en su garganta. Probablemente no debió tomar café tan
fuerte y caliente.
“Ah…
entonces te quedas con ella para despedirla. Es curioso, porque siento que de
quien te despides es de mí”
“No
digas eso”, Mar tomó a Sara de las manos, “¿cómo podría despedirme de ti?
¿Quién va a hospedarme en su casa cuando uno de mis familiares enloquezca?”,
Mar sonrió tristemente. Sara, también. “Te veré dentro de un día”
“Hasta
entonces”, Sara se acercó a besar la mejilla de Mar. Luego dejó el vaso sobre
el buró y volvió a las cobijas. Mar escuchó un pequeño sollozo, pero no había
nada que pudiera hacer. La diseñadora se levantó, tomó un baño, se vistió y fue
a trabajar, porque a veces la rutina es el único medio para mantener algo de
control. Sí, aquello se había sentido como una despedida, pensó Mar, mientras
observaba cómo el vagón del metro se llenaba de personas. ¿Cuánto tardaría si
se despedía de cada una?
***
Por
la tarde, Mar cruzó la puerta del jardín de la casa de descanso donde estaba su
papá. Ese jardín era diferente de los otros porque tenía una especia de
estanque-fuente, ni grande ni profundo. Ahí se sentaba su papá, en silencio, durante
horas. Mar se acercó a él, lo saludó con un beso en la cabeza y sin saber ni
tener nada más que decirle, le rodeó los hombros con un brazo y dijo:
“Mañana
volverás a nosotros o nosotros iremos a ti”
Y
sin más, se sentó a su lado, convencida de que en ese lugar debería haber
patos.
***
A
la una de la mañana, Mar decidió dormir un poco, o intentarlo. No tenía sentido
estar despierta toda la noche esperando a Luna, porque era probable que Luna no
apareciera sino hasta la mañana. Apagó las luces, acercó su cobija a su cara,
olía a limpio. Había extrañado su cama.
“Mar”
La
llamó Luna en su cabeza.
“Hola”
Mar
sintió una punzada de desilusión, deseaba ver a Luna, estrecharla, hacerla
decir que todo saldría bien. Tenía miedo y necesitaba sentir el vínculo, no
bastaba el psicowifi.
“Mar”
“Hola”
“¿Mar
estás ahí?”
Mar
comprendió que Luna no podía escucharla. Sintió crecer su desesperación. “Mar, no puedo sentirte, ni escucharte. Pero
si el canal está abierto, significa que puedes oírme, eso espero. Los viajeros
no debemos sentir, no es nuestra función en el universo. Somos observadores,
aprendemos y seguimos nuestro camino.
Sin embargo, en este momento solo siento deseo, quizá la emoción más egoísta…
tan humana me he vuelto. Deseo más poder, para hacerte olvidar. Deseo nunca
haber aparecido en tu espacio-tiempo. Deseo que no necesites el vínculo después
de mañana. Deseo ver un futuro pleno para ti, Mar. Deseo que nuestro vínculo
sea ya sólo mío y poder observarte mientras trabajas, vives, amas, sientes.
Mar, yo seré tu eterna observadora. Mañana el cielo se iluminará y sabrás que
todo ha comenzado”
La
voz de Luna desapareció. Mar podría ponerse a llorar o a llamarla a gritos,
pero no tenía caso. No tenía caso. Mar cerró los ojos y pensó en la galaxia de
Luna. En su mente, el recuerdo brillaba con toda majestuosidad. Mar se cubrió
la cabeza con su cobija, ahí, bajo su colcha y ahí en la galaxia, estaría
segura.
25
“Tienes
una cara horrible”, la saludó su hermana, temprano por la mañana. Mar no hizo
caso, se apresuró a tomar un poco de jugo del desayunador, pero una vez lo hubo
servido, se dio cuenta de que realmente no le apetecía. Alargó el vaso a su
pequeña sobrina que jugaba con un par de huevos fritos, haciendo un desastre su
plato de comida. ¿Cómo esperaba su hermana que Lucía desayunara tan temprano?
“¿Irás
a trabajar? ¿Cuántos huevos quieres?”
“No,
gracias. Comeré más tarde y no, hoy no iré a la oficina”
“¿Y
eso?”
“Terminé
las maquetas ayer y el jefe dijo que podía tomarme el día, aprecia mucho a mamá
y no tiene problemas con dejarme quedar en casa si entrego el trabajo a
tiempo”, mintió Mar. Su hermana pareció complacida.
“¿Entonces
me ayudarás con los niños?”
“No.
Debo ir al centro a comprar…”, se cortó Mar, no había pensado en ese pequeño
detalle.
“…le
pedí que comprara unos óleos que me hacen falta”, intervino Matilde, mientras
se acercaba a sus hijas para supervisar los platillos. Guiñó un ojo a Mar. Mar
supuso que su mamá mantenía la idea de permitirle un poco de tiempo para ella.
“Yo me encargaré de Hugo hoy, se encuentra muy inquieto, supongo que el mal
clima lo pone nervioso, así tú puedes mantener vigilados a los niños”
“Las
nubes son densas, en las noticias dicen que se formó una tormenta prácticamente
de la nada… la verdad no confío en los meteorólogos”, dijo su hermana,
prendiendo la pequeña televisión de la cocina.
El
reportero advertía no salir de casa sin tomar en cuenta que en cualquier
momento caería un gran chubasco. Mar se asomó por la ventana que daba al
jardín. Nubes moradas cubrían el cielo, era como si se empeñaran en evitar el
amanecer para que así la luna no terminara de ocultarse. Eran las siete treinta
de la mañana, pero todavía podía verse un cuarto creciente tenue, en un pequeño
claro entre las nubes.
“Voy
a vestirme y me marcho”, declaró Mar, solemne. Los gestos de su hermana y mamá
le hicieron ver que no disimulaba bien los nervios“
“Es
muy temprano, las tiendas de pintura no abren sino hasta dentro de un rato”,
dijo, cabalmente, su hermana.
“Quiero
dar un paseo primero”, dijo Mar, volviendo a su tono habitual.
“¿Con
éste clima?”, volvió a inquirir su hermana.
“Haz
lo que tengas que hacer, Mar. Solo recuerda no olvidar tu sombrilla y no la
uses de pararrayo”, dijo su mamá, zanjando la conversación y otorgándole a Mar
una ruta de salida.
Mar
se cambió la ropa de dormir por unos jeans, una playera sin estampado y tenis
de lona. Si se armaba la bronca, debía estar cómoda. Echó una última mirada a
su habitación y después salió, bajó las escaleras, gritó un “nos vemos más
tarde”, sin importarle si alteraba a Hugo o no (pues no era capaz de más
despedidas), y emprendió el camino.
¿Hacia
dónde se dirigía? No tenía ni la más remota idea, solo sabía que algo la
llamaba en alguna dirección y encaminó sus pasos hasta ahí. Al cabo de un rato,
llegó al parque de los lagos. El día parecía oscurecerse cada vez más. ¿No
había dicho Luna que todo estaría luminoso? Con el primer trueno, entendió.
Los
relámpagos parecían furiosas saetas; uno tras otro golpeaban la tierra y la
hacían retumbar desde el centro. Las descargas parecían aumentar en frecuencia
y fuerza con cada minuto, y también parecían acercarse al parque. Mar no tenía
miedo. Bueno, sí, un poco, pero no iba a retroceder ni un paso. Pronto los
relámpagos la rodearon y las explosiones de sonido provocaron que le estallaran
sus oídos. Mar sintió un dolor agudo, pero iba a soportar, lo haría.
Y
entonces vio al primero salir del destello de un rayo. Era un hombre joven, de
piel y cabello blancos. Cegada parcialmente por el destello, Mar parpadeó hasta
darse cuenta de que el hombre no estaba solo, junto a él estaba una mujer de
edad mediana, humana. El hombre y la mujer voltearon a verla. Mar asintió con
la cabeza en señal de reconocimiento. Luego llegaron más truenos y destellos y
más figuras. Mar sentía que su cuerpo no podría resistir el arribo de todos los
viajeros y vínculos (Luna aún no había comprendido la debilidad de la constitución
humana). El dolor en sus oídos y en sus ojos, aumentaba con cada estruendo.
Entonces
sintió una mano en su hombro. Era Tomás y a su lado, el viejo, su vínculo.
Tomas en realidad era poderoso, porque Mar sintió que recobraba fuerzas y
empezó a contar, 10, 23, relámpagos que transportaban seres sin tiempo ni
espacio.
Asimilado
el dolor, Mar pensó que el espectáculo era hermoso.
De
pronto, la tormenta cesó. Mar tomó aire para recuperarse. Ensordecida,
contempló el parque. Había muchas cabezas blancas y personas de todas las
razas, de todas las edades. Pero Luna no estaba por ningún lado. Mar quiso
correr a buscarla entre todos los viajeros, pero Tomás se lo impidió. “Ella no
está aquí”, dijo.
“No
entiendo, ella debería estar aquí”
“Alguien
tenía que atraerlos”, dijo el viajero. Pero Mar no escuchó y continuó buscando
con su vista a Luna. El corazón se le aceleró y los nervios y la angustia eran
tan desesperantes como el pitido en sus tímpanos. A punto estaba de zafarse del
agarre de Tomás, cuando una luz (del color más blanco jamás imaginado), lo
cubrió todo, paralizando cualquier movimiento. Algo dentro de esa luz les
impedía moverse a todos. Al cabo de unos instantes, Mar se dio cuenta de que sí
podía moverse, pero muy, muy lentamente. Eran los maestros sin duda, habían
mordido el anzuelo.
Mar
los vio y eran más aterradores que nunca. Caminaban fluidamente entre todos los
vínculos y viajeros ralentizados por el influjo de alguna fuerza. Eran cuatro
hombres, sin cabello, con los ojos completamente negros, vestidos de algo. Mar
no podía describirlo, era como si sus cuerpos estuvieran hechos de aquella
misma luz blanca. Los seres se acercaban a cada viajero y cada vínculo. Cuando
Mar recién los vio, se movían en grupo, pero poco a poco fueron esparciéndose
en diferentes direcciones. Deambulaban. Sólo pararon cuando los cuatro llegaron
hasta ella, no sin antes acercarse también a Tomás y a su anciano.
Mar
escuchó sus voces, se habían metido a su mente. Sonaban como un eco.
“Es
ella”
“Es
ella”
“Es
ella”
“Es
ella”
“Es
insignificante”
“Es
insignificante”
“Es
insignificante”
“Es
insignificante”
“Está
anulada”
“Está
anulada”
“Está
anulada”
“Está
anulada”
“¡No
lo estoy!”, exclamó Mar en su mente y en viva voz.
La
intensidad de la luz blanca menguó y pudo volver a moverse. Dios dos pasos
hacia atrás, alejándose de los maestros. Luego vio a su alrededor. Los viajeros
también podían moverse, pero los vínculos solo habían recuperado el control de
su cuerpo para caer al suelo, desvanecidos.
El
terror invadió el rostro de los viajeros quienes se apresuraron a auxiliar a
los seres humanos. Atónita, Mar se acercó al anciano que era atendido por
Tomás. El viejo respiraba y tenía los ojos abiertos pero parecía, estaba en el
mismo estado que su papá. Lo habían anulado. Los habían anulado a todos.
“¡Basta!”,
gritó Mar, como una niña. ¿Qué más podía hacer?
Los
viajeros intentaban hacer reaccionar a sus vínculos, su humanidad era tal que
al ver a su ser amado reducido a un ser sin consciencia, caían en
desesperación, haciendo reinar el caos. Mar levantó la mirada para ver que los maestros la observaban. “Luna”, la
llamó con todas sus fuerzas, sin ser consciente si lo hacía sólo en su mente.
“Mi Luna, ven”. Pero Luna no apareció. Mar cayó de rodillas al suelo,
derrotada. Los maestros se acercaron a ella y la rodearon. La luz blanca volvió
a brillar con toda su fuerza, evitando así que Tomás o cualquier viajero
pudiera auxiliarla.
“No
puede ser anulada”
“No
puede ser anulada”
“No
puede ser anulada”
“No
puede ser anulada”
“Sólo
es materia”
“Sólo
es materia”
“Sólo
es materia”
“Sólo
es materia”
“Debe ser transformada”
“Debe
ser transformada”
“Debe
ser transformada”
“Debe
ser transformada”
Mar
vio brillar cuatro tubos delgados. El primero le atravesó de golpe un hombro.
Gritó de dolor. La sangre tibia chorreaba hasta gotear por sus dedos. El
segundo atravesó uno de sus muslos, Mar quería revolcarse, pero no podía
moverse porque estaba suspendida en una grieta de tiempo. El tercero atravesó
su vientre, del lado izquierdo. El sufrimiento ya era indescriptible. El cuarto
debía matarla. Solo era materia y pronto se transformaría en materia muerta.
Pero
el cuarto golpe no llegó. Mar pudo ver que la luz blanca desaparecía poco a
poco. Entonces la oscuridad comenzó a cubrir el cielo, luego el piso, luego
todo alrededor. Y dentro de la oscuridad, puntos luminosos se movían a gran
velocidad. Mar recuperó el movimiento, derrumbándose sobre el césped, llorando.
Al inicio pensó que la oscuridad eran sus propios sentidos, rindiéndose, luego
se dio cuenta de que ya había visto algo como eso. “Luna”, pensó. “Luna”,
llamó. Aquello era la galaxia de Luna.
Haciendo
uso de todas sus fuerzas, Mar levantó la cabeza, buscando. Vio a Luna a unos
metros de ella, pero aún a la distancia notó la debilidad de su cuerpo. Su rostro
estaba anguloso, la línea bien marcada del mentón ensombrecía sus facciones.
Alrededor de sus ojos, tornados completamente en negro, había más sombras. El
esfuerzo para envolverlos a todos en su galaxia, la trampa planeada para los
maestros, estaban acabando con su corporalidad terrestre.
“Tomás…
por favor”, dijo Mar, desesperada, al viajero que se acercaba para revisar su
estado. Tomás comprendió lo que Mar pedía y se dirigió hasta Luna, no sin antes
recostar suavemente en el suelo la cabeza de su viejo caído. Luna estaba de
pie, como en trance. Tomás colocó una mano sobre el hombro de la galáctica y
entonces las estrellas que los rodeaban a todos cobraron más brillo. Tomás
compartía su fuerza con Luna y poco a poco su corporalidad también comenzó a
decaer.
Los
maestros, recuperándose de la impresión
de verse atrapados en la dimensión de Luna, dibujaron una mueca que podría
interpretarse como una sonrisa. Sacudiendo al mismo tiempo sus brazos,
materializaron nuevas agujas. Mar anticipaba más dolor, pero entonces los
maestros cometieron otro error. No dirigieron a Mar la tortura, sino se
acercaron al viejo de Tomás. La debilidad en Tomás no era tanta como pasar inadvertido
el ataque a su vínculo; entonces, el viajero habló y su poder fue lo
suficientemente grande como para que todos los demás viajeros ahí reunidos
escucharan.
“No
pertenecemos a ningún tiempo, a ningún espacio. Somos viajeros que conocen y se
van. Pero ellos nos han importado, los hemos amado y hemos sido amados. Elijo
su muerte antes que la nada. Elijo la vida, antes de la eternidad”
Los
viajeros se incorporaron al instante. Uno a uno se unieron al trance de Luna y
Tomás. El negro se tornó más negro, en sus ojos y alrededor de todo. Los
maestros retrocedieron. La fuerza de todos los viajeros los hacía retroceder.
“Todo
colapsará”
“Todo
colapsará”
“Todo
colapsará”
“Todo
colapsará”
Advirtieron
los maestros, como el eco de un profeta. La galaxia de Luna se expandía cada
vez más con la fuerza de todos los viajeros.
“Su
final, será el nuestro. Ni humanos, ni viajeros, ni maestros, ni universo. Solo
una galaxia vacía”, declaró Tomás.
El
hueco en el tiempo y espacio de Luna lo devoraría todo. En el principio el
caos… aquello se convertiría en caos. Las estrellas diminutas que se movían
alrededor de todos, emitían un intenso brillo final y desaparecían. La galaxia
de Luna se convertía poco a poco en un agujero negro y lo devoraría todo.
“El
final de todo”
“El
final de todo”
“El
final de todo”
“El
final de todo”
Los
maestros retrocedían, pero la galaxia de Luna era demasiado grande, demasiado
negra para escapar.
“Elegimos
la vida antes que la eternidad”, dijo Luna.
La
oscuridad crecía. Los viajeros mantenían su fortaleza. Mar no podía escuchar a
Luna, pero sabía que había dicho algo, que estaba luchando y no la dejaría
sola. Si en verdad tenía algún poder producto de su vínculo, era momento de que
surgiera. Y sucedió. No fue un destello, ni su cabello se tornó blanco. Era un
retorno. Retorno a ella misma, a querer permanecer en ese mundo, contemplarlo, admirarlo y vivirlo. Mar pensó
en todo en un instante, recordó los peces de colores cuando tenía tres años,
recordó juegos con su hermana, recordó paseos con su padre, dibujos con su
madre, tardes con Sara, días de trabajo, días de ocio, días en el museo, besos
con muchas mujeres, el día en que conoció a su marciana, los besos de Luna. Y
entendió. Era su voluntad, no otra cosa, lo que la había mantenido cuerda; esa
maniática necesidad de intentar entenderlo todo, sorprendiéndose, admirándolo.
Su cuerpo no daba para más, no escuchaba, el dolor la cegaba y no sería capaz
de ponerse de pie, pero tenía voz y expandiendo sus pulmones al máximo de sus
fuerzas gritó: “¡Vuelvan!”
No
pasó nada durante unos momentos. Pero entonces, los vínculos humanos comenzaron
a recobrar consciencia. Algunos se sentaron, otros abrían los ojos contemplando
con reconocimiento dónde se encontraban (algunos quizá habían conocido la
dimensión de sus viajeros).
“Aquí
no tienen más poder”, dijo Mar a los
maestros, suavemente, pues estaba agotada, tan agotada. “Nos perdemos todos en
el vertedero o se marchan de una vez”, sentenció.
Uno
de los cuatro se adelantó.
“Nuestro
final es el final de todos”
“Que
así sea”, respondió Tomás.
Solo
quedaban unas pocas estrellas revoloteando y se agotaban. Si la oscuridad lo
llenaba todo, lo consumiría.
“¡Basta!”
“¡Basta!”
“¡Basta!”
Hablaron
los otros tres.
“Basta”,
dijo el cuarto maestro. “Terminen con esto. El universo no puede perdernos. Ni
a los viajeros. Somos quienes tejen el conocimiento, somos quienes ordenan los
momentos… Los vínculos humanos serán libres. Los aquí reunidos, olvidarán.
Serán los humanos de otros tiempos quienes brindarán nueva información”
“Ningún
humano será anulado”, exigió Tomás.
“No
serán anulados”, concedió el cuarto. “Sin embargo, los viajeros renuncian al
vínculo humano. Su unión es peligrosa, los convierte en ellos. Ustedes volverán
y viajarán de nuevo y buscarán nuevos vínculos en otros mundos”
Tomás
asintió. Todos los viajeros asintieron.
Mar
podía escucharlo todo en su mente. Lo habían logrado.
La
galaxia de Luna desapareció.
Los
maestros se acercaron a Tomás y a Luna. Los viajeros estaban visiblemente agotados.
Mar pensó que si los maestros volvían a intentar algo, probablemente esta vez
no tendrían ni la mínima oportunidad de evitarlo, tan malo era el estado físico
de los viajeros.
El
cuarto maestro volvió a hablar, pero esta vez Mar no pudo escuchar.
Tomás
y Luna bajaron los brazos. Mar sintió como si un líquido tibio se derramara
dentro de su pecho cuando su mirada se encontró con la de Luna.
Los
cuatro maestros desaparecieron súbitamente. Y volvió todo lo demás. El césped,
los lagos y una lluvia ligera.
Mar
se tendió de espaldas. “Ahora sí, ya me voy a morir”, pensó, porque seguía
perdiendo sangre, porque ya no sentía dolor, porque tampoco sentía las piernas,
y porque el alivio era tan grande, que
en verdad pensó que por lo menos moriría tranquila.
“No
vas a morir”
Luna
estaba junto a ella y la levantaba en sus brazos.
“¿Has
visto mi futuro, marciana?”, preguntó Mar pegándose al cuerpo de Luna. Sentir
el vínculo aminoraba un poco el sufrimiento, hasta podía escuchar la voz de
Luna, como un murmullo lejano.
“Es
correcto”, dijo Luna, “he visto tu futuro y salvo unas cicatrices, no quedará
nada”
“Muy
feo eso de las cicatrices. Olvidas el dolor, olvidas cómo te heriste, pero la
marca se queda”
“Lo
logramos, Mar”, dijo Luna en su tono humano.
“Por
lo menos hasta que otra parejita de vinculados vuelva a cagarlo todo”, Mar
quiso reírse pero una ola de náuseas se lo impidió. “Todos se despiden”. Dijo
Mar, viendo que los viajeros y vínculos hablaban entre ellos.
“Es
correcto”
“No
entiendo por qué debemos olvidar”
“Los
viajeros no deben ser humanos. No es
nuestra función en el orden del todo. Estos 198 han descubierto el poder de su
vínculo. Ese tipo de conocimiento no debe ser expuesto. Galaxias como la mía
pueden desatarse sin control y absorber mundos enteros”
“¿A
quién le importa?”
“A
todo el universo, aunque no lo sepa”
Mar
entendió que había cosas que nunca comprendería.
“¿No
más experimentos con humanos?”
“Tomás
y yo hemos sido llamados para vigilar las futuras aproximaciones”
“¿Entonces
estarás siempre viendo hacia acá?”
“Mar,
siempre estaré viendo hacia ti”
“Luna,
no te vayas”
Luna
guardó silencio.
Mar
no quería perderla. No había estado consciente de lo imposible que le resultaba
apartarse de su Luna, decirle adiós. Quizá estar lejos de ella sería peor que
la locura.
“Tu
padre volverá”, dijo Luna. “Poco a poco, volverá a tu madre y a ti. Ten
paciencia”
Mar
sintió un gran alivio. Luego se sintió mal porque el alivio no era suficiente
para sentirse satisfecha. La idea de perder a Luna la rebasaba.
“¿Ya
sabes cómo usar tus lavado de cerebro conmigo, marciana? ¿Ya sabes cómo hacerme
olvidar?”, preguntó Mar, derrotada.
“Lo
haremos entre todos. La fuerza deberá ser suficiente. Todos olvidarán”
“Es
que yo no quiero”
“Mar…”
“Luna…”,
Mar quería decirle que la amaba, que su vínculo sería infinito, que no
olvidaría, pero las palabras no alcanzaban a formarse. “Ella lo sabe”, pensó
Mar, segura de aquello como de nada antes había estado tan segura.
“Mar…
duerme”, ordenó Luna, depositando un beso en la frente de la terrícola.
Y
el cuerpo de Mar obedeció.
26
Los
bocetos fueron aceptados sin cambios, pero todavía tenía que revisar el
currículum de veinte personas para seleccionar a su nuevo asistente. Mar estaba
descartando de tajo aquellos resúmenes de vida profesional desordenados o con
muy mala presentación. Teniendo tantas posibilidades de ordenar sus datos,
información y referencias (unas trescientas formas o más), le parecía
inaceptable que los aspirantes a trabajar en la empresa, no se tomaran la
molestia de pensar en el orden y la buena y creativa presentación.
Suspiró
y después se llevó las manos al cabello para alborotarlo un poco y luego
alisarlo, porque aún estaba en horario de oficina. Sin embargo, no sería por
mucho. Mar ansiaba que dieran las cuatro de la tarde para salir disparada a
repasar una vez más (y eso que ya lo había hecho por la mañana), el orden de la
exposición de sus dibujos, collages y diseños.
La
inauguración sería a las seis. Ana, la dueña de la galería de artistas urbanos
independientes, era muy puntual y no admitiría retrasos. Se lo había recordado
a Sara y a su mamá muchas veces, “seis en punto”, les dijo. Era un buen
horario, Matilde tendría tiempo suficiente para dejar a su papá descansando de
la terapia que tomaba ya únicamente dos veces por semana. Desde aquel accidente
cerebro-vascular habían tenido que pasar por casi dos años de altibajos, sin
embargo, ahora todo parecía favorable, su papá hablaba con fluidez, recordaba
todo, tenía buen humor y hasta volvía a hablar sobre patos mientras abrazaba a
su esposa. Sólo quedaba trabajar los lapsos en los que parecía perderse en una
nube de fantasía llena de luces blancas. Pero si seguía como hasta ahora, su
papá se recobraría totalmente durante los próximos meses.
Por
otro lado, Sara terminaba su jornada a las cinco de la tarde. Realmente había
sido un acierto que buscara otro trabajo, bueno, quizá un poco tardío porque
finalmente había tenido que dejar el departamento que antes rentaba con Iván, sin
embargo, unas horas más de trabajo y un departamento más modesto, bien valían
la libertad que le ofrecía la soltería.
Mar
estiró la espalda. Aquella noche en el bar, hacía un par de semanas, Sara le había declarado sus intenciones
lesbianas con ella después de casi diez años de anhelarlo. Sin embargo,
mientras escuchaba a su mejor amiga declarar su devoción, Mar se dio cuenta de
que probablemente a esas alturas de su vida ya no deseaba estar con Sara de esa
manera. No se inventó una excusa, aunque fue su primer impulso; no quiso
decirle que un romance entre ellas terminaría con su amistad, porque no era
cierto, nada terminaría con su amistad. Optó entonces por decir la verdad, que
había esperado tanto, que no supo en qué momento la espera y no sus
sentimientos, se había convertido en lo más importante. “Ya estamos juntas,
Sara. Ya somos compañeras”, le había dicho. Sara se había puesto roja de la
cara y balbuceado algo como, “yo no hablaba en serio, ni siquiera me gustan las
mujeres”, y Mar comprendió con eso, serenamente, que había tomado la mejor
decisión.
Aclaradas
las cosas con su mejor amiga todo pareció más fácil, ya no sentía ese incómodo
cosquilleo al pasar la noche en su casa, ni volvió a dejarse atraer por sus
labios en un jugueteo tonto durante la juerga. La atracción por la
imposibilidad que representaba Sara, había desaparecido. El amor, pensaba Mar,
para ella, tenía que ser un poco más que anhelar platónicamente durante diez
años. A veces pensaba en los sentimientos de Sara y se sentía culpable, pero si
ella había podido superar su enamoramiento, Sara también sería capaz.
¿Mujeres?,
nunca le habían faltado propuestas, pensó Mar, sonriendo, vanidosa. De hecho
justamente había pensado en algunas insinuaciones fugaces de Ana. Habían pasado
mucho tiempo juntas el último mes. Ana era una crítica de arte filosa, no tenía
recato a la hora de puntualizar que sus trazos parecían sucios, desarticulados
y entonces se sentaban a discutir y luego hablar durante horas sobre el arte,
sobre la vida, sobre elefantes, sobre todo. Mar apreciaba esa nueva complicidad
igualitaria, era algo nuevo.
Con
la idea de invitar a salir a Ana, Mar llegó a la galería y sonrió al ver que la
dueña del lugar ordenaba enérgicamente al electricista/iluminador que los spots
estuvieran perfectamente dirigidos.
“¿Sí
sabes que solo es una inauguración local? Creo que ni siquiera vendrán los de
la televisión... no tienes por qué torturar a los trabajadores", dijo Mar,
a modo de saludo.
“Debo
cuidar mi reputación. Si tus trabajos fallan, por lo menos que fallen bien
iluminados”, dijo Ana, acercándose a saludar, luego se apresuró a decir: “…no
es que crea que puedan fallar, tú eres una maldita estrella”
Mar
sonrió, primero tímida y luego con un poco de orgullo.
“¿Qué
te parece?”, preguntó Ana, abriendo los brazos teatralmente para referirse al
montaje de la sala.
Mar
lanzó una mirada crítica. Aunque sencillo, el lugar parecía todo profesional,
como un verdadero museo. Ana no esperó una respuesta para continuar.
“Desde
que vi todos los trabajos que querías exponer, supe que tenían que ser
ordenados de esta manera, es como si al observarlos rodeando la sala fueran…”
“Pequeñas
galaxias…de muchos colores”, Mar pensó que no había sido consciente del efecto
que sus trabajos podrían tener vistos de manera.
“Sí,
es como ver el universo de muchas maneras. No son mapas espaciales, ni
hiperrealismo de fotografías de la NASA, pero tienen ese efecto como de hacerte
sentir que puedes moverte entre uno y otro”. Ana se había quedado viendo un
cuadro en particular. “Ese es mi favorito”
También
el mío, pensó Mar, pero no lo dijo porque, por extraño que parezca, no podía
recordar todo sobre ese trabajo. Es decir, recordaba haber hecho el boceto,
luego pintado, luego adherido otros trozos de sus diseños… pero no recordaba
cómo había nacido la idea. Al centro del lienzo, oscuro casi en su totalidad,
una esfera pequeña parecía brillar por la enorme cantidad de colores que había
aplicado.
“¿Quiénes
vienen?”, dijo Ana, arrancándola de sus pensamientos.
“Un
montón de la gente del trabajo. Mi mamá, Sara, algunos compañeros de la
universidad…”
“Bien.
Yo invité a muchas personas. Repartí volantes. Publiqué en redes. Espero que el
vino alcance… ¿Lograste reconciliarte con ese tío tuyo que te está evitando?”
“El
otro día hablamos un poco, lo invité, pero Hugo todavía no quiere verme. Creo
que no se perdona lo del accidente. Hace
mal, no fue su culpa, esas cosas pasan. Ni siquiera fue tan grave, solo pasé un
día en el hospital. Desde entonces tampoco toca su motocicleta, no sé si la
vendió. Antes nos llevábamos muy bien, ahora, todo es incómodo”
“Algunas
situaciones cambian a las personas”
“Supongo”,
dijo Mar, pero no estaba tan convencida.
El
recuerdo del accidente y los nervios de su exposición le provocaron a Mar
comezón en la cicatriz del vientre. Comenzó a rascarse suavemente por encima de
la blusa. También tenía una cicatriz similar en la pierna y otra en el hombro.
No había alcanzado a explicarse cómo se había herido de esa manera por una
caída de la moto. Una esperaría un golpe en la cabeza, en el cuello… quizá una
pierna rota, pero no, a ella se le habían incrustado algunos trozos de metal
(metales muy bien afilados, seguramente), en partes específicas de su anatomía.
Mar y su suerte extraña.
Ana
fue a inspeccionar que los bocadillos y el vino estuvieran ordenados a su gusto
y se alejó de Mar, manoteando.
Mar
volvió a contemplar su cuadro favorito. Dieron las seis y Matilde y Sara llegaron
primeras, saludaron a Mar, emocionadas, cada una con un beso. Luego llegaron
sus compañeros del trabajo y un puñado de desconocidos. Ana parecía una cabra
saltarina recibiendo y hablando con los invitados hasta que una llamada
insistente en su pantalla del celular, retuvo su atención.
“Oye,
Mar. ¿Qué te parecería ilustrar una novela gráfica basada en ese libro que
acaba de salir de esa escritora rara…?”, le dijo Ana medio gritando, después de
colgar. Mar logró distinguir algunos murmullos de admiración, Ana y sus
estrategias de mercadotecnia…
Mar
asintió, pero no había puesto verdadera atención. De pronto había sentido que
el lugar se volvía ajeno a ella y las personas ahí reunidas eran absorbidas por
ese ambiente. La poca luz de la sala y la iluminación de sus cuadros provocaban
un efecto envolvente, los visitantes parecían ser parte del universo que no
sabía Mar había creado. Se movían desordenadamente. O quizá guiados por un
orden diferente, como cometas, como polvo cósmico.
Mar
se alejó de la sala. Salió de la galería y buscó un sitio oscuro y tranquilo.
Encendió un cigarro y volteó hacia arriba. Tuvo una idea. Entrecerró los ojos y
los rayos de luz de la luna se descompusieron en vetas de muchas tonalidades,
ya recordaba un poco más sobre su cuadro. Así se mantuvo unos quince minutos.
Era como si el brillo que inundaba sus ojos la mantuviera hechizada, quisiera
vivir en ese brillo, pensó. Entonces escuchó un trueno lejano. La noche parecía
clara, no había señales de tormenta. Un relámpago destelló, obligándola
instintivamente a cerrar los ojos. Al abrirlos, recordó que la esperaban, si se
demoraba más empezarían a preguntarse por su ausencia. Mar se encaminó de regreso
y de vuelta en la sala, en ese universo-artificio en el que todos se movían,
Mar se movió también; después de todo, al final del movimiento, se encontraría
con ella.
Fin.