11
Nora estaba sentada frente al pequeño escritorio del
cuarto de hotel. En la pantalla de su computadora portátil, el cursor
parpadeaba al inicio de un nuevo documento. Podía sentir que estaba cerca de
ella y entonces aquella era su gran oportunidad. Iba a intentar reconectar con
ella de la misma manera en que todo había comenzado. El poemario conseguido en
la tarde le había recordado que tenía que dejarse desbordar, que sus emociones
debían estallar en pensamientos, letras y palabras para llamarla. Escribió sin
pensar demasiado. Casi tenía los ojos entrecerrados mientras presionaba cada
letra, cada espacio. Se había abandonado al vértigo de escribir en prosa un
llamado. Aquella era su última esperanza y tenía que aprovecharla porque de
otra forma estaba resignándose a una vida incompleta.
Escribió sobre el vacío; sobre el color de los ojos
de un gato; escribió sobre ausencias; sobre el torbellino de verse rodeada de
gente y tener que esforzarse porque incluso lo bueno tuviera sentido. Escribió
sobre pájaros que solo pueden volar en el silencio, sobre jaulas hechas de
tiempo y de olvido. Escribió sobre noches despejadas y calurosas en las que se
resistía a ver la luna.
Cuando terminó, estaba agitada y tenía hambre. No
había probado bocado desde hacía horas. Eran las tres de la mañana así que
consideró imprudente salir a comprar comida. Tomó agua, que era lo único que
tenía a la mano y se metió a la cama. Mientras se quedaba dormida pensó de
nuevo en todas esas cosas sobre las que había escrito. “Ven, por favor”, la
llamaba y así se entregó al sueño.
Se despertó temprano, obligada por su estómago. Se
había dormido con la ropa puesta. Se cambió. Se asomó a la computadora y sin
leer lo que había compuesto la noche anterior, la cerró. Necesitaba recobrar
fuerzas si es que iba a intentarlo nuevamente. Utilizó el ascensor para llegar
a la planta baja del hotel. Dejó la llave en el mostrador, para resguardo y
tenía la firme intención de ir al puesto de jugos que le había gustado. Pero
entonces, apenas saliendo del edificio, la vio.
“Eres tú”,
pudo decir una vez estuvo frente a ella.
“Esto no es correcto. Tú no debías llamarme, ni
siquiera deberías recordarme”
Ella observaba a Nora con tranquilidad.
“Pero lo hago. Te recuerdo perfectamente y he
dedicado mucho tiempo a buscarte. Por fin te encontré”. Nora sintió que un par
de lágrimas le brotaban de los ojos. Aquella sensación de alivio era
indescriptible.
“Seguramente se trata de alguna falla. Por favor
permíteme arreglar este desperfecto”
“¿Qué dices? ¿Quieres hacerme olvidarte? ¡Buena
suerte con eso!...”
Ella se acercó a pocos centímetros de Nora.
“Olvídame”, ordenó, pero no pasó nada. Sus poderes no tenían efecto sobre Nora.
“No puedes, ¿cierto? Ya me lo imaginaba”
“¿Qué tipo de ser humano eres?”
“Del mismo tipo de todos, no tengo nada especial”
“¿Por qué puedes recordarme? ¿Por qué no puedo
controlarte?”
“Tú eres el ser maravilloso, dímelo tú”
“Necesito consultarlo. Esto no debería ser posible”
“Aquí esperaré. Me hospedo en este lugar. Habitación
103”
Y en un parpadeo, Ella desapareció.
Nora compró algunos comestibles en una tienda
cercana, lo más rápido que pudo y fue a su cuarto a esperar. Nada más cerrar la
puerta detrás de ella, sintió ganas de ponerse a saltar. ¡Lo había conseguido!
La había vuelto a ver y aunque ella asegurara que todo se trataba de un error,
aquello tendría que ser el destino. Nora estaba destinada a recordar y Ella
tenía que hacerse responsable.
Pasó el tiempo escribiendo, temerosa de que Ella no
volviera. No se concentraba tanto como la noche anterior, pero esperaba que por
lo menos sirviera para que Ella no olvidara el camino de regreso.
Algunas horas después, llamaron a su puerta. Ella
entró.
“¿Conseguiste respuestas?”, preguntó Nora.
“Siéntate, humana”, ordenó. Nora obedeció pero no de
manera automática, sino interesada en lo que vendría.
“¿Qué es lo que sabes de mí?”, preguntó Ella.
“Sé muy poco, o nada en realidad. No tengo idea de
quién o qué seas. Solo sé que no eres de este mundo. Sé que no envejeces y
que nunca has sido más joven, sé que
estuviste conmigo desde que era pequeña. Sé que no eres una persona, que no
siempre has tenido un cuerpo. Sé que solo te había hablado antes en sueños, sé
que de alguna manera eres justo como te imaginé”
“Humana, es correcto, yo no pertenezco a este
mundo ni tiempo. Estoy en una misión de
reconocimiento. Quiero saber qué es lo que sienten los seres humanos, comprender cómo funcionan las
emociones y saber por qué parece que son tan importantes. Tú fuiste una fase
inicial que debió terminarse y luego ser olvidada.”
“Entonces no son seres tan perfectos y superiores,
señora sin tiempo y espacio, porque te recuerdo. Aún sin haberte visto nunca,
pude sentirte desde el primer día que te alejaste de mí”
“Eso es lo extraño. Mis bases de datos no tienen
información sobre precedentes similares. Quizá se trate de tu configuración
cerebral. Los grandes maestros, quieren examinarte, les he pedido tiempo,
conozco la fragilidad de los seres humanos”
“¿Maestros?”
“Seres similares a mí, con mayor rango”
“¿Existen más como tú?”
“Es correcto”
Nora no entendía, pero estaba fascinada.
“¿Entonces tus superiores quieren examinarme porque
puedo recordarte?”
“Es correcto”
“Realmente, hagan conmigo lo que sea. Estoy tan
feliz de tenerte frente a mí, que nada más importa”. Nora pensó en todos, pensó
más en su pequeño hermano, pero aquello era cierto, nada importaba.
“No”, dijo Ella, tajante. “Examinarte puede significar
borrar tu existencia en este mundo, no sobrevivirías y la memoria sobre ti
sería eliminada de todos los que te rodean. Yo no estoy dispuesta a sacrificar
seres humanos”
“¿Te importan los seres humanos?”
“Es probable que mi materialización humana haya
modificado en parte mi objetividad. No estoy interesada en tu vida de manera
particular pero, mientras esté en mis manos, no voy a permitir que se haga daño
a ningún ser vivo. Sin embargo, es necesario entender por qué no puedo
controlar tu mente y por qué puedes recordarme”
“Si sirve de algo, ni siquiera estoy segura de qué
es lo que recuerdo, solo he sentido que debo encontrarte. Esa sensación me
atormentaba cada día, me sentía incompleta, vacía”
“Tú eres mi creadora”
“¿Tu creadora?”
“Yo me muevo entre dimensiones, tiempos, espacios.
Por eso puedo moverme entre pensamientos. Son muy interesantes. Sobre todo cuando
duermen, entonces los humanos se liberan de las represiones sociales a las que
están sometidos todos los días. La primera vez que visité tus sueños eras muy
pequeña. Tus pensamientos eran cristalinos; a diferencia de muchos, tú
permitías que tus emociones y pensamientos se manifestaran. Nunca perdiste esa
capacidad mientras crecías. Cuando me asigné la misión de conocer los
sentimientos humanos consideré que podía usarte como mi vínculo para este
mundo.”
“¿Un vínculo?”
“Es correcto. Intenta entender. Para que mi
materialización sea posible, es necesario recordar que se pertenece a un
espacio y tiempo determinado, un recordatorio físico de que se existe y no sólo
se es un pensamiento. Por eso se elige un ser humano a cuya existencia se liga
la propia. Te elegí a ti y entonces utilicé tus sueños para materializarme. Las
virtudes y defectos que tú considerabas importantes sirvieron para configurar
mi materialización. Tú me imaginaste y con eso me creaste, es probable que
tomara demasiado de ti”
“¿Entonces por qué no permaneciste conmigo?”
“Porque no eras la indicada. Mi misión es estudiar
la complejidad de las emociones humanas. Tú no sirves a ese fin. Tú explotas en
sentimientos. Eres como una tormenta, incluso cuando sueñas. Vives en un eterno
soliloquio de emociones y pensamientos. No eras el sujeto adecuado para la
investigación. No eres el ser para mí”
“Soy como soy, ¿qué esperabas?”
“Es correcto. Es culpa de mi deficiente observación
previa. No debí usarte como primer vínculo y como creadora. Sin embargo, cuando
se dio por terminada tu participación en el experimento, debiste olvidarlo
todo”
“No puedo creer que seres superiores comentan la
estupidez de asegurar tal tontería. ¿No dices que soy una tormenta de
emociones? Las tormentas arrastran guijarros, basura, escombros y las hunden en
el mar”
A Nora le pareció que Ella se descomponía un poco
ante su declaración anterior. Quizá estaba siendo ruda con un ser de otro
mundo. Pero Ella también era demasiado directa. Quizás Ella tenía razón y se
comportaba como una tormenta.
“¿Estás bien?”
“He establecido el vínculo con otro ser humano”
“La he visto, las seguí hace unos días por el centro
de la ciudad”
“Yo necesito estar cerca de ella”
“Yo no estoy dispuesta a volver al vacío que siento
cuando no estás”
“Es necesario atender este error, pero por el
momento, necesito volver con ella”
“Yo voy contigo”
“No es posible”
“¿Por qué no?
“Sólo necesito un vínculo y ya lo tengo”
“Te dejaré en paz. Solo muéstrame dónde encontrarte”
“No es necesario, yo sabré encontrarte”
Ella comenzaba a palidecer. A Nora también le
pareció que sus ojos comenzaban a oscurecerse más, como si la pupila se
dilatara. Nora vio que Ella intentó moverse hasta la salida, pero trastabilló,
parecía mareada y desorientada.
“Me encuentro débil, no puedo transportarme sola
hasta mi vínculo. Tendrás que ayudarme”
Nora asintió, enganchó uno de sus brazos a uno de
Ella y la condujo fuera de su habitación, por el pasillo, por el elevador,
hasta fuera del edificio. Nora la condujo por el camino que Ella indicaba, cada
vez sintiendo que el brazo que tenía enlazado con el suyo, se volvía más frío.
Toda Ella despedía una sensación de frío y aunque se veía fatal, Nora se negó a
rendirse. En el umbral de la puerta de la casa desconocida, le suplicó a Ella
que no la abandonara, que podía volver a ser su vínculo si lo quería, que no
podía dejarla incompleta nuevamente, que aquello era cruel. Pero entonces la
otra chica llegó y abrazó a Ella con tanta naturalidad que entendió que su
vínculo estaba roto, que tendría que encontrar otra manera y lo haría, porque
todo siempre terminaba por salirle bien.
12
“Pobre mujer”, declaró Mar, después de escuchar la
historia entre Luna y Nora.
“¿Por qué la compadeces? Fue solo un instrumento que
resultó dañado”
Luna continuaba abrazada a su cuerpo. Mar notaba que
poco a poco la alienígena recobraba su fuerza.
“¡Oye! En primer lugar, yo también soy un
instrumento, así que por favor observa un poco más de respeto a quienes te
servimos, aunque seamos humanos inferiores”, Mar hablaba medio en serio, medio
en broma. “En segundo lugar, y si estoy
entendiendo bien esta situación, si te materializaste de acuerdo a sus
pensamientos y pensaste que ella sería tu vínculo y ella recuerda algo de eso,
seguramente se estaba volviendo medio loca al estar pensando una y otra vez si
todo en verdad sucedió”
“Tu capacidad de empatía es una de las razones por
las que te elegí como mi vínculo”
“Te agradezco mucho por notar lo empática que puedo
ser… Luna, tú quieres conocer los sentimientos humanos, pero rechazas a Nora
porque es una especie de remolino emocional. No entiendo”
“Era abrumador estar dentro de sus emociones. Nora
es capaz de sentirlo todo sin necesidad de estímulos demasiado grandes. Todo
está dentro de su cabeza”
“Eso suena interesante. Nora parece una persona
interesante.”
“Es interesante, sí, pero no para llevar un control
y generar informes. Yo no estoy aquí en un viaje diplomático, estoy aquí porque
quiero conocer, Nora no es el ser correcto”
“¿Y no has pensado que estudiarla sería provechoso
para tu investigación? Digo, quizá sí es muy intenso estar dentro de ella y
meterte a vivir su vida, pero creo que Nora es una gran oportunidad para que
descubras cómo sentimos”
“No lo había contemplado desde ese punto de vista”
Luna rompió el contacto. Mar y Luna se incorporaron
en la cama.
“¿Te sientes mejor?”
“Sí, agradezco que te hayas quedado conmigo”
“Para eso estamos los vínculos… Oye Luna, ¿puedo
hacerte una pregunta?”
“Adelante”
“¿Por qué me elegiste?”
“Porque así es como debía ser. Porque eres perfecta”
Mar se ruborizó.
“Como sujeto de vínculo, además, ofreces la ventaja
de que tus sentimientos, como te dije en otra ocasión, no esperan retribución.
A diferencia de Nora, no pasas por encima de las personas, aún a costa de lo
que más deseas. Eso me parece sumamente interesante, tienes tu arte para
desahogarte pero no te vuelcas en él sin pensar en lo que te rodea”
“Ah… vale, entonces me elegiste porque soy una
reprimida”
“Te elegí porque eres considerada, porque eres mi
ser correcto”
“No siempre es así”
“No. Pero procuras serlo. Eso te convierte en un
perfecto sujeto de estudio”
“Gracias, supongo… ¿qué vas a hacer con Nora?”
“Necesito descubrir el fallo, corregirlo y hacer que
me olvide. No puede seguir en este mundo conociendo lo que conoce”
“¿Es ilegal en tu mundo o algo así?”
“No está permitido”
“Bueno, ya encontraremos una solución para evitar
que Nora sea abducida por tus superiores”
“Asfros”
“¿Qué?”
“Es la locución correspondiente a este mundo. Los
grandes maestros se llaman Asfros”
“Asfros, suena al refunfuño de un elefante.
Asfrooooos, todo ceremonial y artificial”
“¿Los elefantes refunfuñan?”
“Todos los seres vivos refunfuñamos, es así, aunque
no lo digan tus bases de datos”
Luna sonrió. Mar se preguntó si había sido Nora
quién le había enseñado a reír. Sí, seguramente había sido Nora. Solo quedaba
una pregunta, estaba cansada, el largo día de preocupación la había dejado
agotada, ni siquiera el café de la tarde parecía obrar el efecto insomne
esperado.
“Cuando termines tu estudio, ¿te olvidaré?”
“Será como si nunca hubiera pasado”
La mezcla de alivio y decepción que inundó a Mar
como una ola, la llevó a ponerse de pie con la intención de retirarse a su
alcoba. Todavía tenía que inventar alguna explicación para Sara. Sara, que le
había dado un beso… ¡un beso!, apenas hasta ese momento cobró consciencia de lo
que había pasado.
“Pareces decepcionada”, la voz de Luna la
interrumpió.
“Supongo que será lo que tenga que ser”
Mar comenzó a salir de la habitación, pero aún
quedaba un asunto pendiente.
“Luna, ¿qué fue lo que vi anoche flotando en la
habitación?”
“Me viste a mí, viste mi mundo, viste el tiempo circulando”
“Y yo que pensé que a lo mejor te gustaba quedarte
dormida viendo caricaturas…”
“Yo no necesito dormir”
“Lo sé. Lo que vi era hermoso. Anoche y hoy aprendí
lo lejos que estamos tú y yo. Buenas noches, Luna”
“Buenas noches”
Ni siquiera tenía ganas de taparse con una sábana.
¿Para qué? Aparentemente es lo que está dentro de nosotros lo que resulta más
peligroso, a menos que tuviera una sábana dentro de ella (y la sola idea era
perturbadora), no tenía ningún caso repetir una vez más su acto infantil. La
pobre Nora, arrebatada, por andar sintiendo de más, estaba en peligro de ser
secuestrada por una horda de maestros alienígenos. Por cierto, qué guardadito
se había tenido ese pequeño detalle Luna. Considerando lo que le había contado
la galáctica, ella también podría correr algún peligro, claro que Luna no
contaba con que ella también pudiera resistirse a sus poderes de olvido. Quizá
solo Nora era la especial. ¿Y no debería alegrarse por eso? Pues sí, que sí,
que sí.
Escuchó cómo sus papás llegaban. Su madre les gritó
desde el primer piso si estaban en casa. Ella respondió con otro grito. Escuchó
cómo Luna salía de la habitación y se reportaba presente en una voz mucho más
mesurada, siempre tan perfecta. Que no, que ella era la perfecta. Sí, perfecto
ratón de laboratorio intergaláctico. Pataleó sobre la cama y se sintió aliviada
de que nadie la estuviera viendo. “Y todavía falta hablar con Sara y mañana
empezar a arreglar lo de Nora, ¿y es que ni las mujeres intergalácticas vienen
sin conflictos?”
Por fin tomó el celular y pulsó el tercer número de
marcado rápido. Sara tendría que estar impaciente. Y lo estaba, la línea dio tono una sola vez y entonces Mar pudo
escuchar a su amiga del otro lado de la línea.
“¿Cómo estás?”, fue lo primero que escuchó Mar.
“Bien”
“¿Ya sabes qué fue lo que ocurrió?”
“Sí, hablé un poco con Luna, quien por cierto ya se
encuentra mejor”, si es que le interesaba saberlo.
“Me alegro. ¿Qué dijo?”
“Pues… ¿recuerdas que me contaste sobre el examor de
Luna que no pudo ser?”
“¿Era esa mujer?”
Mar se estaba obligando a mentirle a Sara, pero no
tenía opción, pero no quería mentir (¿pero qué otra opción tienes?). Decir la
verdad ni hablar, por lo menos no por teléfono. Además esos grandes maestros
que deseaban abducir a Nora no parecían muy contentos por saberse conocidos.
Mejor que Sara supiera lo menos posible.
“Todo indica que ella y Luna tienen una historia”
“¿Regresó por ella? ¿Siempre son tan dramáticas las
lesbianas?”
“Siempre”, Mar no estaba segura si considerar a Nora
un ser homosexual, pero ya habría tiempo de aclarar ese punto. Estaba
obsesionada con Luna, pero eso no quería decir que quisiera recorrer toda su
piel intergaláctica. Aquello era un poco más complicado que un drama amoroso.
“¿Entonces todo el cuadro ‘me desmayo’, de tu prima
fue para espantar a la exnovia psicópata?”
“Más bien creo que fue el estrés del momento, además
ya te dije que Luna no está del todo bien físicamente”
“Lo que faltaba, la cada-vez-más-misteriosa-prima
ahora también tiene una condición física especial. ¿Te das cuenta que parece un
personaje de Goethe?”
“Sara…”
“Pero las damiselas románticas de piel pálida,
débiles y que hablan raro no existen, ni los vampiros, ni los enanos verdes, ni
los marcianos. Tu prima es una actriz muy buena, pero yo no me creo su papel y
esperaría que tú tampoco”
“Venga, Sara. Luna no está inventando cosas.
¿Podrías por favor, por lo menos darle una oportunidad?”
“Ya se la he dado y le daré todas las que sean
necesarias para mantenerme cerca de ti, pero de eso a creerle, hay un abismo”
Mar suspiró, no había modo de hacer cambiar de
opinión a Sara, no por teléfono y no esa noche.
“Mar… sobre el beso”
¡El beso! Sara estaba mencionándolo, la noche
continuaba trayendo sorpresas. Mar intentó decir algo, pero apenas salió de su
garganta una especie de pujido. Escuchó que Sara continuaba.
“Yo no estoy lista para eso, yo ni siquiera…”
Y ahí estaba, se iba a disculpar. Ya decía que era mejor
no hablar esas cosas, prefería vivir en la incógnita que verse rechazada
nuevamente.
“Sara, no me des explicaciones. Nunca te las he
pedido, ni lo voy a hacer, es más, nunca te he pedido nada. Si fue el momento o
exceso de cafeína o lo que sea, está bien, lo olvidaremos y superaremos.
Además, fue solo un roce, un momento, casi nada.”
“No”, la interrumpió Sara.
¿No?
“No quiero
que lo olvidemos. Solo no estoy lista. ¿Entiendes? Hablamos después”
Claro que no. Claro que no entendía nada. Mar estaba
estupefacta con el celular pegado al oído. Le llevaría algunos momentos
entender qué es lo que había dicho Sara y de todas formas no iba a entenderlo
del todo. Pero Sara ya había cortado la comunicación. “Reinas del drama”;
podría sin duda decir que estaba rodeada de reinas del drama y ella se sentía
en medio de todo, como si fuera el mago Merlín en la corte de Arturo, solo que
en lugar de caballeros, eran mujeres revoltosas.
Llamaron a su puerta. ¿Y ahora qué?
“¿Quién osa llamar a mi castillo?”
“Soy Luna. ¿Qué castillo?”
Mar suspiró.
“Adelante. Puedes pasar, querida Lancelot”
Luna entró a la habitación.
“Veo que te sientes ya completamente restaurada”, dijo
Mar, apenas viendo a Luna mientras se ponía de pie frente a ella.
“Me disculpo por interrumpirte. Es correcto que mi
materialización se encuentra mucho más estable, pero necesito un poco más de
fortaleza en mi cuerpo para establecer una línea de contacto con el vertedero
de espacios y tiempos”
“¿Cómo puedo ayudarte con eso? ¿Necesitas mi sangre
o algo así?”
“Tus fluidos no son necesarios en este momento. Ya
estás familiarizada con mi proceso de vinculación.”
Mar entendió.
“Ah, vale, quieres besarme la barbilla”
“Es correcto”
“¿Y ahora por qué estás pidiéndome permiso?”
Luna parecía no haber caído en cuenta de ese detalle.
“Como sea…”, continuó Mar, “hiciste bien, estamos en
casa y aunque puedas borrarle la memoria a mis papás, sería extraño que nos
descubrieran vinculándonos. Voy a cerrar esto…”, Mar cerró la puerta.
“¿Me permites entonces?”
Mar seguía sorprendida con la insistencia de Luna en
pedirle permiso,
“Dale con confianza. Ya hemos superado esa barrera”
Luna se acercó a ella y colocó sus labios sobre el
lugar habitual. Mar sintió la tibieza de
siempre, cerró los ojos. No era como que se acostumbrara, pero ya no le parecía
absolutamente raro. De pronto un recuerdo golpeó su mente. El beso de Sara se
le manifestó, como un déjà vu invertido.
Al abrir los ojos se encontró de frente con los de Luna. La alienígena tenía
posado uno de sus dedos sobre los labios de Mar.
“Ella te besó y fue diferente”
Luna había visto a través de ella. No solo el beso
de Sara, sino todo lo que había significado. El proceso de vinculación era
íntimo.
“Sí. Ella lo hizo y fue diferente. Pero dice que no
está lista, supongo que para aceptar que le atraigo de una forma no tan
amistosa y más romántica”, explicó Mar, sonrojándose, hablando trabajosamente
porque Luna no retiró el dedo de sus labios que ahora estaba empapado con el
aliento de la terrícola.
Guardaron silencio. Luna la veía fijamente y el dedo
continuaba sobre su boca. Mar se revolvió, poniéndose un poco nerviosa. Luna
bajó su mano. Sin previo aviso volvió a acercarse a Mar y entonces volvió a
besarla en la barbilla. Esta vez Mar no fue consciente de otra cosa más que de
Luna.
“¿Vínculo reestablecido?”, bromeó Mar una vez se
separaron. “Hoy tocó doble”
“Solo para estar segura”, Luna sonrió, de manera un
poco misteriosa, le pareció a Mar.
“¿Ya estás segura?”
“Es correcto, gracias”
“Buenas noches, Láncelot”
“Buenas noches, reina Ginebra”
Alcanzó decir Luna, antes de cerrar la puerta.
“Muy bien”, pensó Mar, aparentemente ella también
era una reina del drama.
13
“Tú sabes que si me gusta una manzana, estoy
dispuesta a estar con ella… pero la cosa no es tan sencilla, tío, olvídate de
que tiene novio, de que es una egocéntrica empedernida, olvídate del hecho de
que me le he declarado más de una vez y me ha rechazado… no, no solo es eso,
sino que ahora yo podría representar algo no muy conveniente para ella… ¿me
explico? antes ella era la que no me convenía
a mí, por egoísta y todo eso, pero ahora yo no le convendría a ella… No,
no tío, no estoy metida en la mafia… no… tampoco tengo alguna enfermedad
venérea… ¿son en serio tus preguntas? Sí, ya sé que he esperado mucho y ahora
sé que siente por mí lo que sea que siente, pero no es suficiente… ¿me estás
diciendo inconforme? Pues sí, la quiero solo para mí o bueno… ¿un capricho? No
empieces a analizarme… Está bien, sí… ¿cuándo vienes? perfecto, mis papás
estarán encantados… solo que esta vez dormirás en la sala porque tenemos
compañía… una prima, hija del tío Juan… no, no es alguien que conozcas, ya
sabes cómo es la familia de mi papá… sí, seguramente te simpatizará. Sí, es muy
bonita… sí, juega para mi equipo y no, no la he besuqueado… nos vemos entonces
el miércoles. Te quiero.”
Mar colgó el teléfono. Hugo llegaría en tres días y
eso era emocionante y ya empezaba a ser también divertido. Hugo tenía solo un
par de años más que ella y se habían criado juntos en la infancia. Era el hijo
menor de su abuela materna y desde muy pequeños su relación había sido cercana.
A Mar le encantaba llamarlo “tío”, porque solía confundir a las personas por la
poca diferencia de edades y a él parecía recordarle que envejecía. Mar pensó
que aquella visita lograría distraerla un poco de las cosas que últimamente
habían sucedido. El beso de Sara, la alienígena que había dado señales de ser
peligrosa, el inevitable encuentro con Nora en dos horas, su nuevo trabajo, el
golpe del rayo. En verdad empezaba a necesitar la presencia de un amigo, porque
todo aquello la rebasaba. ¿No siempre las cosas resultaban rebasándola? Sí,
pero esta vez no tenía manera de escaparse, a China, de preferencia. Hasta
había dejado de dibujar, y apenas había leído algún texto nuevo. Bueno, por lo
menos había desahogado un poco el asunto de Sara. Luna, por otra parte, era
algo de lo que no podía hablar tan fácilmente. “¡Qué curioso!” pensó, “yo creía
que no había algo más agobiante que mis penas de amor por mi mejor amiga”.
Durante el desayuno, Luna le había dicho que verían
a Nora en un par de horas. Aparentemente, la galáctica había logrado
comunicarse a lo que fuera que se comunicara y tenía que establecer nuevas
reglas para su creadora. No le dijo nada más porque sus papás empezaban a
verlas raro. No es como si hablar de creadoras en el desayuno fuera algo
convencional, así que entendió perfectamente que debían callarse y guardar la
charla para cuando estuvieran solas y no
frente a huevos revueltos.
Como vínculo terrestre, Mar tenía que enfrentar la
situación junto a Luna, quisiera o no. Así estaban las cosas.
Una hora después de colgar el teléfono, Mar y Luna
se despidieron y emprendieron el camino hacia el hotel donde la creadora de
corporalidades terrestres se encontraba.
Caminaban en silencio. Mar no sabía el rumbo, pero
Luna andaba con seguridad.
“Oye, ¿no vienes con servicio de
teletransportación?”, preguntó Mar al cabo
de cuarenta y cinco minutos de andar sin decir palabra.
“¿Estás agotada?”
“Sí, además hoy no eres la compañía más vigorosa”
“No falta mucho para llegar a nuestro destino.
Disculpa, la constitución de los seres humanos es algo que aún no domino”
“A lo mejor debería dejar de fumar…entonces, ¿ya
casi llegamos?”
“Es correcto. Aquel es el hotel”
“Y… aquella es Nora”, señaló Mar, al ver a la
creadora parada frente a las puertas principales del edificio. “¿Sabía que
vendríamos?”
“Supongo que pudo sentirme”
Entonces Nora podía sentir a Luna. Mar no podía
hacerlo. Es decir, podía dejar que se metiera en su cabeza y comunicarse
telepáticamente, pero nunca había experimentado una sensación extracorporal que
le indicara dónde estaría Luna. Es más, la había perdido más de una vez el día
de las compras y aquel día en su oficina casi la mata del susto con su proceso
de vinculación. Nora debía ser especial.
Cuando llegaron a su encuentro, Mar se demoró un
momento en observarla. La noche anterior solo pudo notar a una mujer joven
acalorada y un poco desesperada. Hoy era diferente. Nora era bonita. Alta,
bastante más que ella. Su cabello era oscuro y muy lacio, sus ojos eran
grandes, muy oscuros y muy profundos. Se parecía un poco a Luna cuando estaba
en su fase de alienígena, solo en esa fase, porque en su apariencia cien por
ciento humana, Luna estaba llena de vida, su cabello y ojos se suavizaban,
aclaraban y todo en ella era atractivo. Nora no parecía tan atractiva, incluso
era algo intimidante.
“Buenos días”, saludó Mar, porque al parecer nadie
había emitido algún sonido durante su divagación interna.
“Buenos días”, saludó Nora, quien no apartaba la
mirada de Luna. “Sabía que vendrías, pude sentirlo”
Ok. Sí podía sentirla. Se terminó de convencer Mar.
“Tengo nuevas indicaciones”, señaló Luna.
“Haré lo que sea necesario para tenerte conmigo”, declaró
Nora.
“Formarás parte de la investigación, como sujeto de
pruebas”
Mar y Nora observaron fijamente a Luna, no
comprendían nada.
“No tienes que saber nada más. No es necesario”, continuó
la galáctica, “solo te mantendrás cerca. Me ayudarás a captar información
acompañando las experiencias a las que me someta.”
Mar encontró muy molesta una mancha en su zapato,
así que procedió a intentar eliminarla utilizando el otro pie.
“Entonces, ¿podré estar cerca de ti?”, preguntó
Nora.
“Ahora es indispensable que lo estés. Logré ganar
algo de tiempo para solucionar tu memoria, pero esa es la condición. Tendrás
que trasladarte a este lugar”
“¿Entonces no vendrás conmigo?”
“Mi vínculo le pertenece a esa mujer”
Mar notó que ella era “esa mujer” y consideró
prudente levantar la mano para hacerse notar. Luego se dio cuenta de que había
sido un gesto innecesario, Nora sabía a quién se refería Luna.
“Yo tengo un proyecto aquí, Nora. Fue tu decisión
venir, la consecuencia inmediata de ese acto es que deberás permanecer aquí”
“No hay ningún problema. Yo me las arreglaré.
Gracias por dejarme estar contigo”
“Eres tú la que tendrá que reubicarse y encontrar un
refugio”
“Una ‘casa’, Luna, no un refugio. Ella no es un
mapache o algo así”. Mar decidió que era su momento de intervenir porque la
mancha del zapato ya había desaparecido y Nora parecía necesitar interacción
humana, o bueno, a Mar se lo pareció.
“¿Luna?”, preguntó Nora.
“Ese es mi nombre terrícola. Mar me nombró así, soy
su Luna”
“¡Ey! Tampoco fue de esa manera”, se apresuró a
aclarar Mar, “yo solo pensé que sus ojos brillaban como la luna y ya con eso
resultó que acepté el dichoso vínculo. Pero lo de los ojos tampoco fue
romántico o algo así, fue objetivo, sus ojos brillan a veces como bolas
planetoides.”
“Tú eres Mar y ella es tu Luna”, repitió Nora.
“Qué cliché, ¿cierto?”
“A mí me parece poético, como si escribieran una
balada entre este y otros mundos”
Sí. Nora era intensa.
“Sí, bueno.
Luna no es del tipo musical, aunque seguramente podría ir a sus bases de datos
y aprender a tocar un clavicordio o algo así, una gaita le quedaría como anillo
al dedo”. Mar aventuró una sonrisa. Nora tenía una mirada amable pero no
correspondió a su sonrisa. Mar carraspeó. “Bueno, entonces, ¿qué toca hacer
ahora?”
“Si me disculpan, empezaré ahora mismo con lo de mi
traslado”
“Puedo esperar algunos días”, señaló Luna.
“Sé que para ti yo no soy indispensable, pero yo no
puedo estar lejos por más tiempo. Ahora que sé que existes, lo único que quiero
es no volver a estar lejos de ti”
Guau, esa Nora en verdad podría ser un personaje de
Jane Austen. Pensó Mar. Después intervino.
“Oye Nora, no quiero meterme donde no me llaman,
pero ¿no tienes familia, trabajo, o algo que tengas que arreglar antes de venir
con nuestra amiga intergaláctica?”
“Mi familia está lejos. Mi trabajo puede funcionar
estando allá o aquí, da lo mismo. Solo me preocupan mis viejos caseros, pero
ellos entenderán. Siempre quieren lo mejor para mí y eso es Luna”
En verdad, en verdad, podía ser un personaje también
de May Alcott.
“Arregla entonces tu traslado. Vámonos, Mar”
“¿Te veré más tarde?”, preguntó Nora.
“Ve a casa de Mar después del anochecer. Ahí podemos
hablar”
“¿En mi casa? ¡Claro, marciana, haz lo que quieras
sin consultarme!”, pensó Mar, pero no pudo decir nada porque Luna la tomó de la
mano y comenzaron a alejarse. Solo alcanzó a agitar a Nora una seña de
despedida.
“Oye, Luna. Fuiste un poco fría con ella”
“No hay razón para portarme de manera diferente.
Nora es un contratiempo en mi misión”
“¿Entonces para qué le dijiste todo eso? La pobre
mujer va a dejar a sus caseros viejos de
1864”
“¿De 1864?”
“Olvida eso, el punto es por qué le pediste que
viniera aquí. ¿No tenías que borrarle la memoria?”
“Aún no sé cómo hacerlo, ni siquiera sé cuál fue el
error. Logré evitar que ellos se la llevaran integrándola al protocolo de la
misión. Seguí tu consejo, la capacidad emocional de Nora será una fuente
primaria de conocimiento”
“¿Estoy mal si entiendo que vas a explotarla
emocionalmente?”
“Es correcto”
“¿Y cómo lo harás?”
“Se enamorará de mí”
“Ella ya está un poco muy enamorada de ti, me
parece”
“No lo está. Ella está obsesionada con el
pensamiento de mí, no con mi ser humano”
“Entonces quieres explotar humanamente sus emociones
humanas”
“Es correcto”
“Pues será correcto, pero no lo entiendo. Eso es un
poco ruin. ¿Nora es siquiera lesbiana?”
“Mis bases de datos no la sugieren como ser
homosexual”
“¿Entonces?”
“No hay otra opción. Esto tiene que funcionar o se
la llevarán”
“¿Y tú te enamorarás de ella?”
“Ese sería el escenario más favorable para todos. Yo
recaudaría informes, conocería sentimientos y los experimentaría, Nora se
mantendría a salvo durante el tiempo que me tome encontrar la manera de
controlar su memoria y tú completarías tu papel. Pronto todo esto quedaría
olvidado”
“Ya veo. Luna, ¿existe algún riesgo en todo esto?”
“Existen muchos, pero no estoy autorizada para
decírtelos”
“Y creo que yo no estoy preparada para escucharlos.
No dejes que se la lleven, a Nora, digo”
“No lo haré”
Mar quería pedirle un par de cosas más, pero Luna
parecía bastante segura de lo que debía hacer y mejor decidió confiar en ella.
Sí, le parecía una mala jugada hacia Nora, pero bueno, al final todo sería
olvidado. Por otro lado quedaba una incógnita.
“Luna, si no puedes meterte en la cabeza de tu
intensa Nora, ¿cómo vas a enamorarla?”
“El acuerdo contigo no ha cambiado. Tú eres mi
vínculo y dependo de tus instrucciones para llevar a cabo mi exploración
emocional”
“¿Quieres que yo te ayude a enamorar a Nora?”
“Es correcto”
“¡Oh, vaya! y también te quieres enamorar de ella”
“Es correcto”
“¿Sabes que el amor no funciona así?”
“¿Cómo funciona entonces?”
“No sé, pero no decides enamorarte y ya. Por muy
atractiva que seas, para que Nora se enamore de ti debe querer no solo lo
bonita, interesante y enigmática que eres, sino debe también ver lo demás”
“Mis defectos”
“Sí”
“¿Cuáles son mis defectos?”
“Eres fría, a veces das miedo, eres demasiado
directa, tu sentido del humor a veces es retorcido, eres desconsiderada y haces
que la gente se sienta insegura al usar chaquetas como las que usas”
“¿Todo eso debe amar Nora para estar enamorada de
mí?”
“Algo así, supongo que primero debe conocerte”
“Para que como tú, descubra mis defectos”
“Así es”
“Bien, entonces, eso se soluciona pasando tiempo con
ella”
“Supongo. Pero además, suponiendo que logras que te
conozca, que quiera tus perturbadores defectos y se convenza de ser un ser
homosexual por ti, todavía queda el hecho de que tú puedas agarrar y decir: oh,
me enamoraré de ti, pequeña creadora. Luna, yo no sé cómo hacer que tú te
enamores, yo soy una mujeriega, lo admito, adoro que me adoren, pero de eso a
aprender a enamorarme a voluntad, hay un abismo.”
“Dialécticamente, el procedimiento sugiere que yo
debo conocer a Nora y querer sus defectos”
La manera en que Luna decía aquello, tan tranquila,
estaba sacando de quicio a Mar. “No, Luna. No es posible enseñarle a alguien a
enamorarse de otro alguien”, pensó Mar. “Enamorarse no puede ser tan calculado,
necesitas dejar que fluya”, dijo la terrícola en voz alta.
“¿Cómo los líquidos?”
“Ándale, pero no tan líquido, más bien como una gelatina
mal cuajada. Que se vaya derramando suavecito.”
“Tu analogía es un poco simplista”
“Sí, mis analogías son simples. Siente a Nora y ya
iremos viendo qué pasa”
“Mar”, Luna se puso seria, detuvo su caminar y
encaró a Mar. Luna veía a su vínculo con fuerza, sea lo que fuera a decir, iba
a ser importante, o eso le pareció a Mar quien a propósito contuvo la
respiración, no fuera a ser una noticia que influyera en el colapso de su
espacio-tiempo. “Tengo que enamorarme de Nora”
Mar suspiró y dijo, para después seguir el camino de
regreso a su casa.
“Y con esa urgencia, ya empezamos mal”
14
“Prometiste que no ibas a desaparecer”
“No voy a desaparecer, Mariana, te estoy avisando
que ahora estaré en esta ciudad. Es exactamente lo mismo y no estamos tan lejos.
El día de la entrega trimestral puedo viajar hasta allá y dar la cara. Mis
entregas semanales las hago por correo, así ha funcionado”
“Sé que no me necesitas para arrear tu trabajo, pero
sí me necesitas para mantenerte comunicada con el mundo…Nora, ese es mi trabajo
y estás haciéndolo muy difícil”
“Yo ya me encuentro mucho mejor. Encontré lo que
andaba buscando, así que ahora solo quiero sacar todas las cosas que traigo
dentro del corazón y de la cabeza. Te daré mucho trabajo, eso es seguro, así
que alégrate”
“El trabajo no es un problema contigo, Nora. Estoy
preocupada porque somos amigas y no quisiera que estuvieras sola”
“No estaré sola… Prometo contarte todo la próxima
vez que nos veamos”
“Supongo que ya has tomado una decisión”
“Así es… ¿visitarás a los viejos?”
“Claro. Me mandas tu nueva dirección para enviarte
tus cosas”
“Solo algunas, tengo la sensación de que todo esto
es un sueño del cual despertaré en algún momento”
“Si es así, espero que sea un buen sueño”
“El mejor de todos. Hasta pronto”
“Hasta pronto”
Nora cortó la comunicación deseando con todo su
corazón que el sueño no terminara nunca.
Cuando llamó a la puerta de Mar, después del
atardecer, tenía una sonrisa de oreja a oreja. Todo estaba arreglado, les
informó a Mar y Luna en el umbral. Mar la invitó a entrar y la presentó a sus
papás como una amiga de Luna. Después de intercambiar las cortesías, Mar, Luna
y Nora subieron hasta la habitación de la anfitriona.
Había silencio en la habitación, pero no era tan
pesado, pensó Mar, más por no sentirse obligada a iniciar un tema de
conversación, que por estar convencida.
“Tienes un cuarto bonito”, señaló Nora.
“¿Tú crees? Gracias”
“¿Puedo ver tus libros?”
“Claro, adelante.”
Nora se paseó por su gran librero, deteniéndose por
momentos para examinar alguno que otro.
“Tienes gustos variados. Tienes muy buenos libros”
“¿Te gusta leer, Nora?”
“Me fascina”
“Bueno, pues ya tenemos algo en común”
“Otra cosa en común, diría yo”, dijo Nora, viendo a
Luna de manera significativa.
“¡Ella no cuenta! No es como si fuera por gusto
tenerla aquí, tú sabes”, la broma al parecer no le había parecido tan graciosa
a Nora. Mar carraspeó, ¿por qué Luna no decía nada? “¿Cuáles son tus favoritos,
Nora?”
“Adoro la poesía, creo que admiro demasiado a quien
puede escribirla”
“Yo no sé mucho sobre poesía, casi no la acostumbro,
pero tengo dos o tres libros que me regaló una exnovia”
“¿Tienes una exnovia?”
“Unas cinco, en realidad”
“Ya veo”
Nora volvió a ver significativamente a Luna. Esa
mujer y sus miraditas eran cosa seria, pensó Mar.
“¿Te gusta la poesía, Luna?”, preguntó Nora.
“Encuentro fascinante cualquier manifestación de lo
que los humanos llaman arte”
“Pero, ¿qué opinas de la poesía en específico?”
“No tengo algún pensamiento en especial”
“Vamos, algo debes pensar, galáctica”, instó Mar,
para romper el hielo.
“Admiro lo que provoca en las personas. Cuando Mar
lee algo que la emociona, no solo deja entrar las palabras, imágenes y
sentimientos de lo que está escrito, sino algo de ella también se vierte hacia
el exterior. Lo mismo pasa cuando dibuja. Es fascinante, me dan ganas de
sentirlo, de sentirla a ella”, sentenció Luna.
Mar no sabía si sonrojarse o darle un codazo a Luna
por olvidar a Nora.
“¿Ves, Nora? Eso pasa cuándo una alienígena puede
meterse a tu cabeza tan fácilmente”
“¿Y qué pasa en mí, Luna?”, preguntó Nora, después
de dedicarle una sonrisa cortés a Mar.
“Ya te lo dije, eres un torbellino, siempre”
Nora sonrió. Mar se apresuró a ofrecer limonada y
salió de la habitación casi sin esperar respuesta.
Se demoró un poco más de la cuenta en regresar con
los vasos de líquido muy dulce y frío. Cuando entró a su habitación, Nora
descansaba la cabeza sobre el pecho de Luna, quien escuchaba atentamente lo que
fuera que Nora susurraba.
Nora y Luna se recompusieron lentamente al ver
entrar a Mar y aceptaron y bebieron la limonada, sin más conversación. Después,
Nora se despidió. Mar y Luna la acompañaron a tomar un taxi.
Mar quería saber qué había pasado durante su
ausencia, pero no encontraba la manera de preguntarlo sin sonar como que estaba
interviniendo, porque era el vínculo y pues los vínculos no deberían
intervenir.
“Nora me contaba una historia”, dijo Luna, sin leer
sus pensamientos literalmente, antes de volver a entrar a la casa.
“¿Sobre qué?”
“Sobre un ave que era fea pero luego se convierte en
un ave hermosa”
“¿Te contó ‘el patito feo’?”
“Es correcto”
“¿Me estás haciendo tonta?”
“Es correcto”
Mar sonrió. Luna también.
“Me contó la historia de lo que había hecho desde
que me perdió hasta volver a encontrarme. Me pareció tan conmovida que dejé que
se acercara”
“Ya veo”
“Mar”
“Dime”
“Es muy agotador estar tan cerca de ella…”
“Si te tienes que enamorar de ella, esa realmente es
una buena señal”
“Es muy contradictorio el amor humano”
“Bienvenida al eterno limbo… y entonces, ¿lo del
patito feo… yo leí ese cuento?”
“Sí, pero me gustó más la versión de tu padre”
“¿De mi papá?”
“Sí, me contó esa historia el primer día aquí, en el
lago”
“Mi papá tiene una extraña obsesión con los patos…”
Mientras se alejaba el coche, Nora pudo ver cómo Mar
y Luna entraban a la casa. Ojalá fuera ella la que entrara con Luna. Ojalá.
15
Sara agitaba las hojas impresas por la webcam, Mar
intentaba encontrar el artículo en internet. ¿Por qué Sara no había guardado el
enlace? Esas cosas poco consideradas eran el típico comportamiento de su amiga.
Le había insistido mediante mensajes de texto que se conectara a una
videollamada en horas de trabajo y Mar, que nunca podía negarle nada durante
mucho tiempo, se había conectado aunque tenía que hacer tres ilustraciones
antes de finalizar el día y además de perder el tiempo chateando, ahora
necesitaba encontrar el único artículo en el que aparecía una fotografía de
Nora. ¿En verdad era “esa Nora”? Todo apuntaba a que sí. La creadora de su vínculo
intergaláctico era una de sus escritoras contemporáneas favoritas, medio
famosa, muy talentosa. Mar había leído todos sus libros y esperaba con ansiedad
la publicación de los próximos volúmenes de su saga. “Pregúntale a Luna”, le
había dicho Sara y sin duda lo haría, pero ya que internet estaba más a la
mano, se había volcado a esa fuente primero, aun cuando pudo haberse comunicado
psíquicamente con la galáctica. En verdad Nora era perfecta. Si ella fuera una
visitante interplanetaria, seguramente también la habría elegido para
materializarse a través de ella, pensaba Mar y definitivamente sería una
candidata perfecta para ejercitar un proceso de enamoramiento mutuo. Mar
suspiró. Ahora ella también quería ser parte de la misión. Por muy mala que pudiera
ser la idea, para Nora, claro, el hecho de que la escritora fuera un tan
inusualmente maravilloso ser humano (por lo menos eso pensaba Mar que tendía a
idealizar a sus escritores favoritos), le agregaba valor al experimento amoroso
de Luna.
¿Cómo se amarían una visitante de otros mundos y
tiempos y una escritora humana tan intensa y brillante? El drama se anunciaba
tan interesante que Mar estaba enganchada ya.
Sara tenía una sonrisa de medio lado, medio burlona.
“¿Qué te parece tan gracioso?”, le escribió Mar.
“Que tu rival sea alguien por la que tú te vuelves
loca ficticiamente”
“¿Cómo que rival?”
“Por el corazón de tu prima, la rara. Ahora entiendo
toda la intensidad de la escena de amor no correspondido a las puertas de tu
casa”
“Yo no compito por el amor de ninguna prima mía, que
quede claro”
“Me alegro, porque contra Nora es muy probable que
pierdas”
Suficiente chat y videollamada por hoy. Decidió Mar.
“Tengo que colgar. Tengo trabajo. Hablamos luego”
Sara se desconectó y Mar se quedó viendo con rabia
el link que le había enviado su en-ese-momento-muy-muy-dudosa-mejor-amiga. Sara
la quería torturar, ¡Bah! Sara no entendía que no tenía nada que ver
amorosamente con Luna. De acuerdo, Sara estaba celosa, como lo había estado
otras veces, pero ponerse a averiguar todo sobre Nora era algo de lo que no la
hubiera considerado capaz. Se sentía amenazada, está bien, pero ¿por qué no se
había sentido amenazada de esa manera antes? De sentirse desplazada por alguien
que no fuera una alienígena, ya estarían juntas, casadas y con dos hijos… ok…
había exagerado un poco, pero por lo menos ya podrían estar viviendo juntas o
viajando juntas o por lo menos juntas. Pero no. Sara tenía que complicar más el
panorama con pensamientos lésbicos formales y conductas malintencionadas en el
momento menos propicio.
Si alguien era digna de la atención del universo,
era Nora. Por eso pudo materializar a Luna y no la olvidó y podía sentirla.
Claro. Tenía que ser alguien extraordinaria. Tanto que a lo mejor no tenía que
hacer un gran esfuerzo para que Luna se enamorara de ella y Nora, pues, no es
como si estuviera en duda que enamorarse de Luna sería fácil, considerando que
era toda una diosa sáfica en potencia, con su misterio, su apariencia de
supermodelo y claro, el hecho de que era un ser más superior que los seres
humanos. Entre seres superiores se entenderían fácilmente. ¿Entonces por qué
rayos la necesitaban a ella, tan simple mortal?
¡Qué fastidio! Ella solo estorbaría. Nora y Luna
podían hacerlo todo solas, bastaría con dejarlas estar juntas y Mar estaba
segura de que terminarían enamorándose. Entonces Mar se dio cuenta de otra
cosa: si Luna sabía todo lo que ella sabía, entonces Luna sabía que a ella le
fascinaba ficticiamente Nora la escritora y entonces eso era morboso.
“¡Luna!”, la llamó, mentalmente.
“Dime”, recibió respuesta
“Tú sabías que yo soy fanática de Nora, ¿cierto?”
“Sé que te gustan sus libros, es correcto”
“¿Tuvo eso algo que ver para que llegaras a mí?”
“Es correcto, Nora es mi puerta de entrada a este
mundo. Así te encontré para que me permitieras permanecer en él”
“Entonces técnicamente, Nora puso el camino para que el vínculo entre
tú y yo se diera”
“Es más complicado que eso. A Nora la elegí yo. A ti
te encontré porque tú me llamaste”
“Yo no te llamé”
“De alguna manera lo hiciste. Debíamos encontrarnos
y eso es anterior a mis tiempos y espacios”
“¿Cómo destino?”
“Así lo simplifican los seres humanos, sí. Pero es
algo más que eso, es como un orden del universo, único”
“Pero Nora te tuvo que mostrar el camino hacia mí,
¿acaso eso también estaba predestinado?”
“No sé qué responderte. Nora me fue útil para una
cosa, tú para otra. Eso es todo”
“Vale, y yo
queriendo ordenar los hilos de la rueca…”
“No entiendo”
“Ni yo. Te veo a la salida del trabajo.”
“¿No almorzarás?”
“No. Hasta luego”
“De acuerdo. Hasta luego”
Y entonces, hasta había que agradecerle a Nora. Y
era molesto, porque, porque, ¿por qué no se había quedado con Nora? ¿Por
intensa? ¡Todas las mujeres son intensas! Y si Nora era un poco más que la
mayoría pues ese era problema de la intergaláctica que tomó decisiones arrebatadas.
Mar estaba molesta.
Volvió a conectar el chat, pero sin videollamada.
“¿Ya viste el artículo?”
“Es ella. Luna me lo confirmó.”
“Tiene buen gusto la prima. Además de talentosa y
famosa, es bastante guapa la escritora”
“Sí”, envió Mar. “Ellas…” Mar borró el artículo
plural, “Luna quiere recuperar a Nora y voy a ayudarla con eso”
“Ya veo. No parece como si Nora fuera a poner
resistencia”
“Luna quiere amor verdadero, no solo la obsesión de
Nora”
“Creo que entiendo. ¿Nunca nos conformamos con sólo
un poco?”
“Nunca”
“Yo tampoco me conformaría. Entonces, ¿las vas
ayudar, celestina?”
“Sí y cuento contigo”
“Más que nunca en nuestra vida, es nuestro destino”
“Supongo. ¿Puedes ir a casa en la tarde? “
“Cuenta con ello. Hasta pronto Mar.”
“Hasta la tarde”
Y Offline.
Y unas horas más tarde, después del anochecer,
estaban las 4 sentadas en el piso de la habitación de Mar, con sendos vasos de
limonada fría decorados con motivos navideños (la mamá de Mar había ido a una
tienda de autoservicio en la que había baratas de la temporada pasada. Aunque
era primavera, los vasos con motivos navideños le parecieron a la señora de
buen tamaño y bien hechos, así que compró un juego de ocho, con todo y que el
pino y el oso polar no combinaban para nada con la época del año). Sara
observaba un poco descaradamente a Nora, quien parecía no poder apartar la vista
de Luna. Luna parecía intentar ver a Nora con la misma intensidad. Mar estaba
incómoda.
“Y bien, Nora”, rompió el silencio Sara. “¿Cuándo
nos contarás qué se siente ser famosa?”
Sara, siempre directa. Pensó Mar.
“Pocos me considerarían famosa”, respondió Nora
humildemente.
“Eres una de las escritoras favoritas de Mar, yo le
regalé tu último libro en su cumpleaños”
“Es un honor que Mar tenga en tan alta estima mi
trabajo”
“Eres buena. De hecho estaba considerando
preguntarte por spoilers o algo así…” Dijo, Mar. Por lo menos ya estaban
conversando.
“Sí, yo también he leído tus libros”, continuó Sara.
“¿Valentina logrará escapar de sus fantasmas personales?”
Valentina era la heroína de la saga de Nora. Mar y
Sara adoraban el personaje con pasión. Mar hasta había dibujado unas viñetas
basadas en la obra de la escritora.
“Aún no lo sé. Por el momento solo estoy segura de
que Valentina debe continuar su viaje y conocer a más personajes. Existen
todavía algunas cosas que debe aprender antes de saber si puede o no deshacerse
de sus fantasmas”
“Supongo que nadie realmente puede deshacerse de sus
fantasmas; aprendes a vivir con ellos… solo supongo”, reflexionó, Mar.
“Estoy de acuerdo contigo”, confirmó Nora y de nuevo
reinó el silencio.
“¿Te gustan mis
textos, Luna?”
“Siempre me ha asombrado lo que eres capaz de
comunicar. Tus escritos son maravillosos, tú lo eres”, dijo Luna, de nuevo
viendo a Nora de manera intensa.
Sara dirigió a Mar una sonrisa pícara. Si Nora
sonreía con más ganas la mandíbula se le desencajaría, pensó Mar. Sobre todo si
Nora insistía en no mostrar sus dientes.
“Tú inspiraste a Valentina y sus sombras. Tú eres mi
musa, Luna”, declaró Nora, como olvidando por un momento que Sara y Mar también
estaban ahí. “Disculpen si no era el momento de decir semejante cosa, pero no
pude evitarlo”
“Yo lo suponía”, dijo Luna. “Mucho de lo que
escribes me lo contabas a mí. Muchas veces hablamos de lo difícil que resulta
sentir que no tienes un lugar en este mundo, ni en otros”
“Creí que no lo recordarías”
“Soy capaz de recordar cada conversación que
tuvimos, Nora”
Sara leyó el mensaje de texto que parpadeaba en su
celular. Era de Mar. Decía: “Debemos sacarlas de aquí. Es incómodo”
Sara se apresuró a responder con poco disimulo: “Yo
estoy muy bien viendo la tragicomedia”
Mar la volteó a ver con ojos de fastidio. Sara
volvió a sonreír.
“¿No se les antoja hacer algo? ¿Vamos por unos
tragos?”, intentó Sara.
Mar giró los ojos. “Es lunes”
“Somos jóvenes y yo entro a trabajar hasta las diez
de la mañana”, respondió Sara.
“Yo no trabajo”, dijo Luna.
“Yo no tengo horario”, dijo Nora.
“Todo está cerrado”, dijo Mar.
“Yo sé de un lugar. Si no quieres ir, yo puedo
llevarlas. Eres la única con horario riguroso”
¿Y dejarlas a merced de Sara? No. Además el vínculo,
el vínculo.
“Vamos”, consintió Mar, desvelarse sería mucho mejor
que intentar borrar momentos empalagosos ajenos en su habitación.
Dos horas después, una Sara chispeante por el whisky
bailaba como niña con una Nora también chispeante, pero poco menos entusiasta.
Mar suponía que Nora preferiría estar bailando con Luna, pero la galáctica
estaba lejos de parecer dispuesta. Estaban en el mismo bar que donde conocieron
a la rockera, a Sara le gustaba demasiado ese local.
“¿No deberías ser tú la que pone sus manos en la
cadera de Nora?”, preguntó Mar a la alienígena que apuraba su octavo vaso de
licor.
“Quizá es correcta tu apreciación, pero por el
momento estoy interesada en los efectos fisiológicos de la bebida”
“¿Estás embriagándote? No pareces afectada”
“Tengo un cosquilleo general y la visión ligeramente
distorsionada”
“Muy bien, intergaláctica, ese fue tu último trago.
No sé cómo lidiar con una extraterrestre ebria”
“Haré lo que me indiques”
Sí, Mar, que aparentemente sería la única sobria de
la noche, notó el brillo del alcohol en la mirada de su amiga de otro mundo.
Supuso que mañana se enfrentarían a la consecuente deshidratación.
“Todo va muy bien con Nora, ¿no?”
“He ejercitado vigorosamente algunos puntos de
cortejo que mis bases de datos me han facilitado”
“Sí. Eso de que es maravillosa fue un buen
movimiento. Pareces toda una experta”
“También te he observado en el pasado. Ver a los
ojos sin desviar la mirada y enfatizar las virtudes de la interlocutora, son
cosas que aprendí de ti. Las bases de datos tienen poco contenido audiovisual
útil para el cortejo, suelen focalizarse en el coito.”
“Pues lo haces bien. Ella no deja de verte y eso que
Sara se está esforzando en entretenerla con su baile de tortuga ninja”
“No sé qué es una tortuga ninja. No sabía que los
reptiles pudieran ser mercenarios japoneses del siglo VI”
“No es así, luego te explico. Nora no deja de verte,
parece fascinada con todo lo que dices o haces”
“Ese es un buen avance en mi proceso de
enamoramiento. Sin embargo, tengo mis reservas. Nora me considera indispensable
en su vida pero no estoy segura de que lo haga de manera romántica”
“Sí. Eso pensaba, pero ya lo iremos averiguando. ¿Y
tú? ¿Te agrada? ¿Te resulta atractiva?”
“Hace unos momentos, al ir por tu cerveza a la
barra, me descubrí considerando muy agradable la simetría de su rostro”
“Eres una oda a la galantería”
“Agradezco tu consideración”
Mar suspiró. Luego continuó.
“La consideras bonita. No es una pregunta. Así se
dice eso de la simetría, que la consideras bonita”
“¿Tú no?”
“Sí, claro. Pero no importa lo que yo piense, eres
tú la que se tiene que enamorar. Que te parezca bella es un buen paso”
“¿Crees que ella me considere bonita?”
Mar sonrió.
“No lo dudo. El problema es si Nora antes ha sido un
ser homosexual. ¿Lo ha sido?”
“No. Sólo ha estado enamorada una vez, de un hombre
joven con el que estuvo hace tiempo”
“¿Antes de sus libros?”
“Es correcto. ¿Eso es importante?”
“Sí. Digo, ella dice que tú se los inspiraste. A mí eso
me parece algo muy homosexual”
“Espero estés en lo correcto. Confío en tu lectura
de tus símiles. Para mí es complicado entender ese tipo de comportamiento
humano”
Mar no dijo más. ¡Qué interesantes solían ponerse
las etiquetas de las botellas de cerveza en aquel bar!
“Mar”
Mar volteó a ver a Luna.
“¿No deberías ser tú la persona sobre la que Sara
posa sus manos?”
“Bien jugado, marciana. No tengo ganas de bailar con
ella. Las cosas se han puesto confusas”
“¿Por el beso? Este fue diferente, lo pude sentir a
través de ti”
“Sara se puso toda rara con lo que siente por mí, o
eso me dio a entender. Creo que solo está celosa…de ti… de la situación
contigo.”
“Es una humana posesiva”
“Es Sara”
“Si gustas podría transmitirte mis descubrimientos
sobre procesos infalibles de cortejo”
“No es necesario, Luna. Pero gracias. Es bonito
tener a una consejera sin tiempo ni espacio”
Pensar seriamente en Sara la puso triste. Pero
bueno, no estaba ahí por ella, sino en su papel de vínculo y entonces debía
resistir un poco más para ver en qué terminaba la noche.
Nora y Sara regresaron a la mesa. Nora había perdido
el aliento; Sara solo tenía el rostro enrojecido.
“¡Quién podría imaginarse que la famosa bailaba tan
bien!”, exclamó Sara apurando un vaso se bebida.
Nora se ruborizó.
“Es cierto, Nora. En mi imaginación solo bailabas
entre olas o algo así”. Puntualizó Mar, claro que primero se imaginó un pez
espada, luego una sirena, luego un manatí, una nutria y ya después de eso una
especie de bailarina-buzo de ballet.
“Bueno, es un día feliz. Debemos festejar”, dijo
Nora y todas asintieron de acuerdo. “Luna, ¿no bailas?”
“Está ebria”, se adelantó Mar.
“Así es mucho mejor. ¿Bailas conmigo?”, solicitó
Nora, valiente.
“Sí, bailemos”, concedió Luna sonriendo abiertamente
“¿Ustedes no
vienen?”, preguntó Nora a Mar y Sara, con educación.
“Creo que voy a tomar un poco más”, respondió Sara.
Luna y Nora se fueron a dar saltitos por la pista de baile.
“Mi instinto dice que tu prima volverá a revivir su
historia de amor”
“Me parece bien”. Entre más rápido, mejor para todos.
“Son una pareja sexy”
“Lo son”
“Nora parece rígida, pero cuando la empiezas a
conocer es muy agradable”
“Sí”
“¿Sería buena idea dejarlas solas?”
“No”
“¿Por qué no?”
“No puedo dejar a Luna. Además están ebrias”
“Mucho mejor”
“Tú también estás ebria… Sara, en un rato más nos
iremos. Tengo trabajo”
“Puedes dejarlas conmigo, te prometo que vigilaré
que no hagan algo demasiado impúdico”
“Luna es mi responsabilidad, no voy a dejarla”
“No estarás celosa, ¿o sí?”
“No empieces con eso. Te he dicho mil veces que no
hay motivos para que pienses semejante cosa”
“Vale, no te molestes. Es solo que te conozco muy
bien”
“¿Y qué si no es así? ¿Y qué si no me conoces en
absoluto?”
Había dicho aquello demasiado desafiante. Mar pudo
ver cómo Sara se ponía seria y la miraba fijamente.
“Lo siento”, dijo la diseñadora. “Estoy cansada, no
quise hablarte así”
“Es mi culpa. En verdad me pone nerviosa que te
pongas en actitud sobreprotectora con Luna. ¿Es tan especial para ti?”
“Lo es. Pero no en la forma en que quieres verlo.”
“Está bien. Prometo no volver a insinuar nada del
tema.”
Mar suspiró. Sara suspiró. Y ambas apuraron sus
bebidas.
“Terminé con Iván”
Mar se quedó petrificada. Quiso decir cualquier cosa
pero no alcanzó a saber qué.
“Sucedió esa noche en que apareció Nora, después de
que colgamos. Simplemente no podía dormir con él otra noche. No después de
darme cuenta de que lo único que hago todo el tiempo es pensar en ti”
“Sara, estás ebria”
“Sí. Pero el sábado no lo estaba y con toda la
sobriedad del mundo le dije a Iván que dormiría en el sofá y que buscara otro
lugar para vivir”
“¿Y lo hizo, se fue?”
“Se fue”
“¿Y qué vas a hacer? ¿Cómo pagarás tú sola la renta?
Es un departamento muy costoso y además están los servicios. Tu trabajo apenas
es de medio tiempo, ¿estás segura de que fue una buena decisión?”
Sara rio por lo bajo; luego continuó.
“No te estás fijando en lo más importante… acabo de
decirte que lo único que hago es pensar en ti. Terminé con mi novio porque
quiero volver a besarte cuantas veces quiera”
Y aquello era mucho para procesar. No había bebido
la gran cosa, pero Mar sentía que todo en su mente se revolvía. Pensaba en las
cuentas de luz, gas y agua con claridad (podía ver los recibos bailoteándole
alrededor de una Sara en quiebra), pero no alcanzaba a entender que lo que
tanto había esperado estaba por fin sucediendo.
“Yo… ¿no que no estás lista?”, Mar estaba confundida,
mucho, muy confundida.
“Nunca voy a estar lista para sentir lo que tú me
provocas. Pero sería una tonta al rechazarte otra vez”
Espera. Espera. Espera. ¿Rechazarla? ¿Acaso era Mar
la que estaba declarándose? No. Esta vez no había nada que rechazar. Habían
problemas intergalácticos que habían pasado a ser prioridad en las últimas
semanas y entonces Sara salía con tremendas declaraciones que complicaban más
las cosas. Su razón peligraba. Afortunadamente nunca había sido tan racional,
porque si lo fuera probablemente sería la causante de un accidente
espacio-temporal.
“¿No me dices nada?”
Mar notó cómo Sara se ponía tímida. Pocas veces la
había visto así, totalmente alejada de su máscara de autosuficiencia. Mar
recordó que así se había enamorado de ella, cuando por primera vez la vio
despojada de su arrogancia.
Tenían unos
quince años. La abuela de Sara había muerto. Sus papás, que habían viajado para
visitar la anciana, le dijeron a su hija por teléfono que llegarían por ella en
cuatro horas. Sara llamó a Mar quien a toda prisa fue a su casa. Esperaron
cuatro horas en silencio. Para la tercera hora, Mar ya estaba totalmente segura
de que haría lo imposible para evitarle a su amiga cualquier dolor.
“Mar, di cualquier cosa, por favor”
Mar supo que si no era en ese momento, quizá no
tendría otra oportunidad. No respondió. Cortó la distancia que las separaba en
la mesa de aquel bar, se acercó a Sara y la besó en los labios, con calma.
“Desde hace mucho tiempo puedes besarme cuando se te
dé la gana”, dijo Mar, susurrando sobre los labios húmedos de Sara.
Sara no
contestó y atrajo a Mar de nuevo hasta su boca.
Desde la pista de baile, Luna pudo ver cómo el par
te terrícolas se amoldaban la una con la otra. Nora siguió su mirada.
“¿Entonces están juntas?”, preguntó la escritora.
“No. Hasta el momento, no”
“Creo que ya lo están”
“Mar ha estado enamorada de Sara desde hace una
década”
“Eso es mucho tiempo de espera. Me alegro que haya
terminado para Mar. La espera puede consumirte por dentro. El mundo sigue su
curso pero todo el tiempo sientes que algo te hace falta”
“¿Eso es lo que tú sientes?”
“Lo sentía antes de tenerte de nuevo conmigo”
“¿Podrías besarme?”
“¿Qué?”
Nora se sobresaltó. No había esperado esa extraña
petición. Oh bueno, no es como si nunca le hubiera pasado por la cabeza, pero
no era precisamente su objetivo. Nunca había pensado en su musa como en alguien
a quien pudiera banalizar de tal manera. ¿Podría besarla?
“Es para recopilar datos”, dijo Luna con total
naturalidad.
“Entonces
supongo que podría hacerlo. Haría lo que me pidieras”
“Bien. Hazlo”
Nora se inclinó hacia Luna. Luna se inclinó hacia
Nora.
“No. Esto no se siente natural”, se detuvo la
alienígena.
“Eso estaba sintiendo exactamente”, dijo Nora
suspirando con alivio. “Pero, podríamos intentarlo después… es decir, si
quieres en verdad recopilar datos conmigo. Si quieres besarme… en otro momento
podría besarte, sin duda”
Luna sonrió.
“Eres bella”
Nora se sobresaltó de nuevo.
“Gracias. Tú también lo eres. Luna, ¿puedo
abrazarte?”
En respuesta, Luna rodeo a Nora entre sus brazos.
Nora respiró el aroma de Luna, no lo sabía antes, pero ahora estaba segura de
que sí podría besarla.
Música tranquila comenzó a sonar. Era momento de
marcharse. Luna y Nora habían pasado la última media hora bailando abrazadas.
Mar y Sara saciaron parte de su sed por la otra también durante ese tiempo (y
es que algo raro pasaba con ese lugar).
Pagaron la cuenta. Salieron del bar y ahí mismo
tomaron un taxi. Primero dejaron a Nora en su hotel, después continuaron hasta
el departamento de Sara.
Como quedaba cerca de casa de Mar, las tres pagaron
al chofer y se bajaron. Mar y Sara no habían perdido tiempo y durante todo el
trayecto habían continuado con la sesión de besos, sin pena por la presencia de
Luna, a quien además le parecía dar lo mismo (al taxista también,
curiosamente). Mar no quería separarse de Sara; de no ser por Luna, se habría
quedado con ella, pero algo en la diseñadora no había sucumbido totalmente a la
locura por su pasión recién liberada. Liberada, mas no culminada y aquello pues
tendría que esperar, porque la galáctica no podía quedarse con ellas, sería
raro y pues no.
Mar y Sara, tomadas de la mano, caminaron hasta la
puerta del pequeño edificio de Sara y luego subieron al tercer piso, luego
caminaron por el pasillo y llegaron hasta su puerta. Luna seguía
silenciosamente sus pasos.
Al llegar al umbral, Mar luchó nuevamente contra la
tentación de quedarse (¿cómo le explicaría a Sara que Luna también tendría que
pasar ahí la noche?). Sara parecía muy desilusionada cuando entendió que
tendrían que esperar. Pero entonces, mientras ponían deseos y despedidas en su
lugar e insertaba la llave en la manija, escucharon que la puerta se abría.
Iván apareció debajo del marco de la puerta. Fresco,
recién bañado y en pijamas.
“Hola, amor. Llegué un día antes porque el bobo de
mi primo se rompió una pierna y ya no pudimos visitar las grutas”
Sara se puso la máscara mientras Iván la abrazaba.
Mar entendió todo, sin divagaciones, porque ni para
eso tuvo fuerzas.
Y Luna dio dos pasos, se colocó detrás de Mar y la
rodeó con sus brazos por la cintura, recargando su barbilla en uno de los
hombros de la terrícola.
“¡Woa! ¿Esa es tu nueva novia, Mar? Siempre has tenido
buen gusto, pero ella, dios… es muy guapa”, dijo Iván, muy impresionado con la
galáctica.
Mar no
escuchó. Estaba a muchos años luz de ese lugar. Afortunadamente no estaba
cayendo porque algo calientito y fuerte la sostenía.
Sara sólo observaba todo, sin decir palabra.
“Nosotras nos retiramos. Pasen buenas noches”, dijo
Luna. Besó suavemente la mejilla de Mar, con lo que ésta pareció reaccionar.
Tomó a su vínculo del brazo y se alejaron por el pasillo, mientras escuchaban
cómo la puerta se cerraba a sus espaldas.
Mar no fue consciente del corto trayecto hasta su
casa. Algo de ella se había quedado clavado en el umbral de Sara y estaba
gritándole.
Sara podría haberla besuqueado sin necesidad de que
se inventara todo el cuento. O quizá él no había entendido que Sara terminó su
relación. Sí, a lo mejor era todo un malentendido y debía regresar a aclarar
las cosas. Pero Sara parecía culpable. Pero le dijo “amor” y sus pijamas
todavía estaban en el departamento. Claro que él mismo pudo haber llevado el
pijama.
“A lo mejor debería regresar…”
“No”, la detuvo Luna.
Mar vio a Luna con agradecimiento, notando que si no
fuera por la galáctica quizá estaría gritando en el pasillo o llorando en la
calle o armando un alboroto para llegar a casa. Bueno, igual y no era del tipo
dramático, pero seguro hubiera tenido que caminar sola, perdida en lo que
pensaba y sentía y era tarde, eso era peligroso.
“Ya casi llegamos”, dijo Luna, con actitud bastante
normal, nada condescendiente, pensó Mar, lo que era un alivio.
Llegaron hasta la casa de Mar, entraron a
hurtadillas y como la terrícola no soltaba el brazo de Luna, la galáctica
condujo a Mar hasta su habitación.
“Quédate”, pidió Mar.
Luna entró a la habitación. Esperó pacientemente que
Mar se quitara los zapatos y se acostara en su cama y luego la siguió.
Instintivamente, Mar se abrazó al cuerpo de la
alienígena. La tibieza del contacto era reconfortante y de alguna manera se
sentía mejor estando cerca de la mujer sin espacio ni tiempo.
Luna se dejó hacer en silencio. Mar no sabía si
porque no le interesaba la situación o porque no tenía idea de lo que estaba
pasando.
“Luna…”, comenzó
a decir con la cabeza pegada al pecho de la galáctica, “…hoy me volvieron a
romper el corazón”
“Lo sé”
“No sé por qué volví a creerle, no sé por qué tiene
la capacidad de tirar de mí a donde quiera y yo siempre termino igual, con
nada”
“Tú le das ese poder. Eres así. Amas así”
“Cierto, por eso me elegiste, porque soy muy
considerada…”
“Ese no es un pretexto racional. Sara actuó mal esta
noche. Tú no tuviste nada que ver en eso, tú no tienes por qué sentirte mal”
“Es que duele”
“A ella debería dolerle, no a ti”
“Quizás a ella también le duela”
“Pero solo debería dolerle a ella. Sara actuó mal y
ella debería ser la única que enfrentara las consecuencias, no tú. Este mundo
es injusto”
“Nunca había escuchado decir esa frase con tanta
certeza. ¿En serio en mundos más justos solo le dolería a quien obró mal?”
“No lo sé. El amor está resultando ser… los seres
humanos son…”
“¿Te quedas sin palabras, marciana?”
“No soy capaz de controlar mi línea de pensamiento
del todo”
“Es el whisky”
“Es algo más, no solo es una incompetencia
fisiológica. Estoy aturdida. Solo pienso en la injusticia de los actos que
presencié esta noche; la deslealtad de alguien en quien confías… es…los seres
humanos son…”
“Estás enojada”
Mar se incorporó un poco para ver el rostro de Luna.
“Efectivamente, estás molesta. Tienes el ceño
fruncido y haces puchero. No sabía que los marcianos hacían pucheros”
Luna volteó a verse en el espejo que quedaba frente
a donde ellas se encontraban. Con su mano recorrió su frente y palpó sus
labios.
“Estoy enojada”
Mar volvió a su posición sobre el pecho de su amiga
interestelar.
“Felicidades, una nueva emoción humana.”
“¿Qué fue lo que me puso de esta manera?”
“Tu indignación. Sara en verdad es capaz de sulfurar
a cualquiera”
“Mar”
“Dime”
“Guarda silencio. Necesito recopilar esta
información”
“¿Vas a irte de tu cuerpo? ¿Podrías hacerlo aquí? Sé
que es una petición extraña”, y sí lo sería, en otro contexto, claro. “Pero no
quiero que te vayas. Tengo el corazón roto pero tu cercanía se siente bien.
Como un efecto cobija pero interna, ¿sabes?’”
“Es el vínculo”
“Vale, lo que sea… ¿podrías descargar tu disco duro
integrado aquí?”
“Es correcto. Procura no tocar el centro de la
galaxia, podrías interferir en algo”
“¿La bola que aparece en medio de las partículas de
luz?”
“Es correcto”
Luna levantó
sus manos y las apuntó hacia el centro de la habitación de Mar. Poco a
poco fue surgiendo un haz de luz y después la pequeña galaxia fue tomando forma
con las estrellas del tamaño de polvo pero luminoso. La terrícola estaba
maravillada con las estrellas fugaces que pasaban de vez en cuando y el hermoso
centro brillando como un sol. Levantó de nuevo la vista para ver que Luna ya no
estaba, solo quedaba su cuerpo cálido y se abrazó a éste, viendo el espectáculo
cósmico que se desarrollaba entre su ropa sucia y su escritorio de trabajo.
Aclararía las cosas con Sara. Iván de seguro estaba confundido.
Lo deseó una vez, dos y tres y cuantas veces
alcanzaba a ver una estrella moviéndose muy rápido entre las otras. Deseaba que
todo fuera un sueño, que no le doliera tanto.
Toc…toc…toc…
Toc…toc…toc…
Toc…toc…toc…
“Mar”
Mar abrió los ojos. Estaba demasiado cómoda y no se
quería despertar, pero ya habían llamado varias veces a la puerta.
“Mar”
Pero no la llamaban desde fuera de su habitación, la
llamaban por encima de su cabeza, muy cerca.
Mar abrió los ojos.
“Buenos días, marciana”, saludó Mar desperezándose
sobre Luna. “Parece que te usé de colchón”
“Es correcto”
“¿Volviste muy tarde?”
“En realidad no tardé mucho en la descarga de datos
y organización de la información, pero ya estabas dormida”
“¿Pasaste toda la noche despierta viéndome dormir?”
“Es correcto. De todas maneras no realizo muchas
actividades en la noche”
Toc…toc…toc…
“Tu padre lleva un rato llamando a la puerta”
Mar se puso de pie casi de un salto y fue a
entreabrir la puerta.
“Buenos días, papi”
“Mar, ¿no tenías que ir a trabajar? Son casi las
diez de la mañana”
Sí, sí tenía que ir a trabajar, pero llegaría tarde
y no era tan urgente en ese momento.
“Hoy entro tarde”. Mintió la terrícola.
“¿Luna está contigo?”
“Sí, llegamos después de las doce y nos quedamos
charlando un rato”
“¿Todo bien, mi amor?”
“Hoy parece menos malo que ayer. Estaré bien, papá,
no te preocupes”
El papá de Mar se retiró de la puerta, no sin antes
forzarse a no inmiscuirse, Mar ya lo buscaría cuando estuviera lista. Mar
regresó hasta Luna.
“¿Qué tan mal me veo?”
“Te veo normal”
“Eso pensaba. ¿No es espantoso cuando te sientes muy
mal por dentro pero por fuera parece que todo está como si nada?”
“No puedo identificarme con esa sensación”
“Es cierto, eres una extraterrestre deshabilitada
para casi todos los sentimientos”
“Excepto para la alegría y el enojo”
“Y estamos muy orgullosas de eso”
Mar aventuró una sonrisa pequeña que Luna
correspondió.
“Ve a bañarte, galáctica, tenemos que ir a la
oficina”
“En realidad esta mañana veré a Nora. Pasearemos por
el parque”
“¿Por el parque?, ¿el de los patos?”
“Sí, le hablé de los patos y me parece una buena
forma de comunicarnos el día de hoy”
“Yo no puedo
acompañarlas, en verdad debo ir a la oficina un rato”
“No es necesario que nos acompañes”
“¿Y el vínculo?”
“Iré a tu oficina antes de tu hora de salida. El
vínculo debería soportar unas horas”
Ah, vale. Pues sí, a Luna le había ido todo bien la
noche anterior, así que era bastante normal y hasta muy bueno que continuara
conociéndose con Nora. Pero es que Mar no quería estar sola. De acuerdo, Luna
por lo regular era una molestia en su trabajo pero precisamente ese día podría
haber sido un alivio. Pero quién era ella para intervenir en el proceso de
enamoramiento intergaláctico. Pues que se fuera con Nora, sí, eso estaba bien.
“Muy bien. Si necesitas algo, llámame”, dijo Mar
apuntando a su cabeza. “Iré a bañarme. Luna, gracias por todo lo que hiciste
anoche por mí, sin ti quién sabe cómo habría acabado aquello”
“Todo iría bien de cualquier manera. Pero me siento
complacida por haber estado presente”
“Y eso, marciana amiga, se llama orgullo. Del bueno,
no de ese pecaminoso. Disfruta los estanques y a Nora”
Mar salió del cuarto. Ese sería un largo día para
pensar.
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